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ABC LUNES 30- -7- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 69 ALTOS VUELOS A LA TORERA Lo de colarse en las piscinas privadas no es más que la recuperación individual del remojón que por naturaleza nos pertenece Una vez avisados y para acceder a estas últimas piscinas, lo mejor es hacerlo cuando el citado no ande cerca. Esperar a la noche y actuar con el estilo de aquel matador que decían el Machaquito y que andaba saltando tapias para torear ganado bravo. Hay que hacerse cargo, cuando la propiedad es un robo y lo público lleva el mismo camino, queda uno obligado a buscarse la maña para no rascar bolsillo. Y qué mejor para esto que hacer de lo privado una pasión colectiva. Qué mejor que vestirse con el bañador de cordoncillo durante el día y qué mejor que brincar las tapias de la propiedad privada cuando cae la noche. Pues eso. DONDE TRANSCURRE LA HISTORIA La clase media anodina presenta en España la peculiaridad de que le resulta indiferente bañarse, pero se muere por tener piscina ten interés por el agua, y lo demuestran incordiando al desavisado deportista que no logra hilar más de tres largos o lanzando la pelota sobre la vecina insociable que se tumba a solas con un libro. La clase media anodina presenta en España la peculiaridad de que le resulta indiferente bañarse, pero se muere por tener piscina. Ver la pileta bajo sus pies los galvaniza porque, aunque no vayan a aprender a nadar, saben que su verdadera conquista no es mantenerse a flote, sino ascender. Nada importa hipotecarse hasta las cejas. Da igual que tenga el tamaño de un pozo de cocodrilos, carezca de árboles, y haya que tomar el sol sobre losetas incandescentes. Por mala que sea la piscina, siempre trae el estatus de serie. De ahí que sus propietarios pasen a engrosar el grupo de riesgo de los colaboracionistas. Al menos eso pensaba Orson Welles, que advirtió de que durante el macarthysmo la izquierda estadounidense había delatado para salvar sus piscinas. No su trabajo ni el pan de sus hijos: sus piscinas. El equivalente simbólico de éxito más parecido que se me ocurre es la sauna en Finlandia, por eso supongo que cuando todos los nuevos ricos tengan piscina, empezarán a suicidarse ordenadamente. Hasta ese momento, el único sobresalto esperable es que al socorrista le dé por cabecear, lo que no le ocurriría al de una piscina pública, siempre con el silbato listo para amonestar a dos adolescentes que arden en el agua. Mientras la clase media dormita en sus piscinas privadas, la muchedumbre decide el futuro en las municipales, donde el amontonamiento de los cuerpos exacerba los prejuicios. En algunos pueblos de España ya se está debatiendo la conveniencia de establecer áreas reservadas para mantener a las mujeres musulmanas a salvo de miradas lascivas, y hay algún alcalde que ha tenido que recordar la prohibición de bañarse vestido después de que algunas se zambulleran en manga larga. Las piscinas públicas siempre han dado quebraderos de cabeza a los guardianes de las esencias. Cuando en 1910 se abrió una en el Central Park de Nueva York, un comisario del parque advirtió de que se ensuciaría pronto si se permitía el acceso a todas las clases sociales. Con los negros ocurrió algo similar décadas después, y eso que el cloro ya no permitía excusas. Las sociedades dejan el rastro de su evolución en las piscinas públicas. De hecho, me atrevo a decir que se inventaron como antídoto contra las revoluciones. ¿Qué plan hay en París un 14 de julio, en Barcelona un 19 de julio o en Norteamérica un día 4 del mismo mes? Pues como no pueda uno darse un chapuzón no le queda otra que tomar la Bastilla, colectivizar la tierra o declarar la independencia. ¿Comprenden ahora los poderes públicos que el sueldo de los socorristas municipales no es dinero? Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora omo ocurre con todo lo privado, lo de las piscinas también es delito público de fácil arreglo. Y para llegar a tal enmienda no se necesitan togas, ni martillos, ni tampoco hoces y menos aún yugos y saetas, qué va. Tan sólo es necesario un bañador que no resalte, toallita al hombro y poner cara de propietario cuando toque dar los buenos días. Con dichas maneras, los bienes que llaman privados siempre saldrán mejor al bolsillo que los llamados públicos, resultando al final que, los llamados públicos, se revelan como un robo fraguado por togas, martillos y saetas. Después de los antecedentes referidos, no queda otra que plantarse a defender la única propiedad que los humanos poseemos, o sea, la mala idea. Y como calor no le falta al infierno, ni tampoco intención a esta hoja, bendita sea toda piscina privada que aparezca a la vista ¿O es qué existe mejor ejemplo que realizar una buena acción desde una mala idea? Por tanto que el calor aprieta no queda otra respuesta que soplar, a los cuatro vientos, lo que parece olvidado y que viene a comparar propiedad con robo. Así resulta que, lo de colarse en las piscinas privadas, no es más que la recuperación individual del remojón que por naturaleza nos pertenece. Pero no perdamos comba. Conviene adoptar unas formas u otras a la hora de realizar la transgresión y siempre dependiendo de la variedad elegida en materia de piscinas privadas. Para zambullirse en la piscina dispuesta en vecindario hay que hacerlo tal y como se mostró al principio, o sea, bañador de cordoncillo y cara de buenos días tenga usté. Ya se sabe que no hay mejor carta de recomendación que la que uno mismo escribe. Y por lo que respecta a las otras piscinas, decir que son de uso personal, que suelen tener forma de riñón y se suelen localizar excavadas en el césped que verdea el jardín de los ricachones, siendo estos gente tan ocupada que nunca para en casa. Sin embargo, y aunque los propietarios falten, sus piscinas siempre conservarán ese color añil tan apetecible. Por lo común, esta labor la suele realizar uno de tantos sin papeles que vienen destinados por estos pagos. Ojito y pestaña con el citado, pues le llaman el de mantenimiento y defenderá la propiedad de su amo como si fuese suya. Ante personal así hay que andar prevenido, cuidarse de la misma manera que del esclavo cuando porta el látigo. Al igual que engrasa una puerta te agarra por las orejas y castiga tu trasero hasta el desahogo. Según le dé. C U no puede darse un chapuzón en cualquier piscina en la creencia de que la gente se ha congregado allí para lo mismo, pero no es así en las piscinas privadas. En ellas lo de menos es bañarse, lo importante es estar, organizar una barbacoa o lucir el palmito. Sólo los niños, en su inocencia, sien- Las piscinas se convierten estos calurosísimos días en objetos de deseo ABC