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60 40 FOTOBLOG LUNES 30- -7- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Fernando Ravsberg Corresponsal de la BBC Para mí España está entre el primer y el tercer mundo Una voz impostada y despierta con acento de América del Sur RAQUEL RINCÓN GÓMEZ MADRID. Como corresponsal de la BBC en La Habana, Fernando Ravsberg ha entrevistado a personajes de la relevancia de Fidel Castro o Hugo Chávez, y a pesar de ello se siente feliz en España en un ambiente menos excelente, impartiendo un curso veraniego de televisión. Además, la familia de Fernando es, sin duda, un ejemplo de internacionalidad, puesto que uno de sus hijos es sueco y el otro cubano. La primera vez que vino a nuestro país fue hace 20 años y entonces le pareció todo muy original Una de las cosas que recuerda con humor fue lo que le impresionó ver en Valencia una pintada de 20 metros en la que ponía: Te quiero Pepa Eso es muy español asegura entre risas. Pero Fernando conserva multitud de anécdotas de sus visitas: En el País Vasco estuve en una boda donde todo el mundo cantaba y voló, y voló mientras tiraba los abrigos para arriba. Era la canción de Carrero Blanco. Lo cierto es que la gente es amable en todas las regiones, aunque, mientras con un amigo catalán tardé años en conocer a su familia, con un madrileño te tomas dos copas y te lleva a su casa El cubano afirma con seguridad que este país tiene un encanto especial y es que está a medio camino entre la forma de vida popular del tercer mundo y el consumismo del primero y eso la hace un país muy vivible. Sin embargo, la vida cada vez se acelera más y se acabará perdiendo el encanto Como buen observador, al corresponsal tampoco se le olvida destacar uno de los puntos fuertes españoles: la comida. No sólo está deliciosa sino que, por ejemplo, la tortilla de papas es muy barata. Sin embargo, preparar un plato francés es carísimo AFP Una marabunta de bañistas invade las playas de Corea Con la llegada del calor extremo las playas coreanas se ven invadidas por una legión de veraneantes sedientos de agua salada. En la imagen, una marabunta de bañistas surcoreanos se afana en encontrar un hueco en las aguas de la gran playa Haeunda en Busan (sur de Seúl) para colocar su flotador. El buen tiempo ha hecho que más de dos millones de personas acudan a las playas de esta zona del sur, que es conocida como la ciudad portuaria. Sin embargo, las costas occidentales del país tampoco se han librado de estos baños multitudinarios. Benidorm, a su lado, se queda en una mera anécdota Fernando Castro Flórez Cuando todo está permitido n plena calentura, con los detalles de la ruta impidiéndome pensar en nada, se me ocurre acudir a ver en Las Naves del Español, en el antiguo Matadero de Madrid, Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Un Brecht por todo lo alto, con medio centenar de actores y cantantes, coches y motos rodando por la escena, proyecciones y discurso por un tubo. Obsesionado como estoy con la travesía americana, no me ando con rodeos y decido in- E terpretar, a la manera paranoico- crítica, lo que veo como una suerte de mapeado de lo que me espera. Esa sórdida ciudad fundada por delincuentes es uno de los espejismos de mis desiertos. Las rameras histéricas, dispuestas a satisfacer, a la carrera, a los buscadores de oro regresados de siete horrendos inviernos en Alaska son, en mi pseudo- erudición clásica, el descarriado linaje de las Sirenas. En vez de atarse al palo, como Ulises, al profanador de la ley le da- rán matarile tras un juicio sumarísimo en una silla eléctrica. Brecht es, con la que está cayendo, una especie de antigualla, un maestro de la obviedad y, lo peor de todo, un mitinero cutre. Cuando he visto a los actores, pancarta en mano encaminándose frontalmente hacia el público para convencernos de lo malo que es el capital y de que si no pagas las copas que te bebes te masacran sin piedad, casi me da la risa. Menos mal que Costantino Romero sale, montado en patinete, con el triángulo que simboliza a la divinidad como un luminoso y grotesco gorro: me he dado cuenta de que todo era un juego de provocaciones pactadas. El tifón que arrasa la ciudad es, en realidad, el recuerdo de aquella idea sádica y nietzscheana de que si Dios ha muerto, todo está permitido. Sólo que en vez de la sociedad de amigos del crimen tenemos, en tiempos malayos a la misma progresía de siempre deleitándose con su nihilismo antirrevolucionario. La planitud dramática brechtiana me anima más, si eso fuera posible, a emprender la huida hacia el desierto. Contra la corrupción se leía en una de las pancartas, destensadas, casi flácida, en la última fila, de la parodia de huelga en esas naves recicladas para barnizar culturalmente al que esté dispuesto a pagarlo. Ya no hay que sacrificar a las reses, basta con lobotomizar a los que aún pretendan tener pensamiento crítico. Junto a la M- 30, en ese enterramiento faraónico, cantan, bastante desafinadamente por cierto, para que aprendamos que nadie ayuda a nadie Para ese camino, más corto que la ruta de mis sueños, si que no hacen falta alforjas. Menos mal que nos tomamos unas cervezas heladas que apoquinamos ipso facto por si las moscas.