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4 OPINIÓN LUNES 30 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UN EMBAJADOR PARA UNA GRAN EFEMÉRIDE UN EJÉRCITO BAJO EL FUEGO OMO en años anteriores, la pesadilla de los incendios forestales no ha tardado en repetirse en nuestros bosques: más de 2.500 hectáreas de pinos han ardido en lo que representa ya el más grave desastre ecológico de la historia de Gran Canaria, que ha perdido buena parte de su masa arbolada en un siniestro provocado voluntariamente por un vigilanteforestal. Con estemotivo, lareciéncreadaUnidad Militar de Emergencias (UME) ha actuado por primera vez en el territorio nacional. Aunque todos los esfuerzos son pocos para la lucha contra el fuego, es notorio que esta unidad ha despertado recelos en muy diversos ámbitos. Ante todo, las comunidades autónomas muestran serias reticencias por una posible invasión de sus competencias. El País Vasco ha anunciado ya un recurso al respecto, Cataluña estudia también una respuesta en términos jurídicos y- -como recoge hoy ABC- -otras comunidades expresan sus dudas sobre la eventual vulneración de sus competencias en materia de protección civil. No es sólo un problema de legalidad. Sería extraño y paradójicoquelos soldados delEjército españolactuaran bajolacoordinación- -y en definitiva a las órdenes- -de autoridades de nivel territorial limitado, cuando la misión de las Fuerzas Armadas se caracteriza por su condición intrínsecamentenacional. Crear posibles conflictos entre mandos militares y autoridades autonómicas y locales sería una consecuencia indeseabledelestablecimientodeuna unidad quesuscita tambiénopiniones contradictorias en el seno del propio Ejército. En efecto, los complementos salariales y el destino de efectivos a una tarea que tiene carácter intermitente son algunas de las críticas que no han obtenido respuesta adecuada por parte del Ministerio de Defensa. La cuestión tiene, en todo caso, un evidente significado político. El problema reside en el peculiar enfoque que Rodríguez Zapatero pretende dar a las Fuerzas Armadas. El pacifismo fundamentalista que se trasluce en sus declaraciones públicas le obliga a concebir a la milicia como una especie de ONG cualificada, que distribuye alimentos en las misiones C internacionales de paz y auxilia a los afectados en situaciones de crisis. Por supuesto que el Ejército coopera mucho y bien siempre que hace falta, como lo demuestra esta pasada semana el traslado de generadores eléctricos a Barcelona con motivo del reciente apagón. Sin embargo, no es razonable institucionalizar una función que es ajena en esencia a los militares, cuyos fines y objetivos no pueden equipararse con otras organizaciones de diferente naturaleza. Las Fuerzas Armadas sirven para cumplir las funciones que establece el artículo 8 de la Constitución y su presencia en el exterior, ya sea en el marco de la OTAN o bajo el mandato de la ONU, es fiel reflejo de que tenemos un Ejército profesional y eficaz que deja en muy buen lugar el nombre de nuestro país. Por eso mismo, crear una unidad para emergencias civiles supone dedicar recursos que nunca sobran a tareas que competen a otras administraciones y a otras unidades técnicas. La ideología presidencial no puede justificar esta perspectiva insólita del soldado apagafuegos ajena a la naturaleza de la institución militar. El incendio en Tejeda y otros municipios de Gran Canaria ha sido provocado por un vigilante forestal, que ha confesado su culpa. Es evidente que la excepción no puede convertirse en regla y que este acto individual, que habrá de ser castigado como merece, no afecta a la imagen positiva que tienen los ciudadanos delos encargados devigilarlos montes. Ahora bien, si el Ejecutivo quierecontribuir aluchar contra la plaga quenos alcanza todos los veranos, tal vez debiera reforzar, de acuerdo con las comunidades autónomas, los serviciosforestales, mejorando la formación de los agentes, atendiendo a su precaria situación laboral y facilitando la colaboración entre los distintos entes territoriales. No hace falta crear un nuevo Ejército, la polémica UME, a cumplir funciones que pueden y deben desarrollar profesionales con distinta preparación y cualificación, cuyalabor podría mejorar notablemente si se utilizan como es debido los recursos humanos y materiales de la Administración estatal. DOS IMPUESTOS SIN FUTURO ARIANO Rajoy ha avanzado que los populares van a plantear en la campaña electoral una reforma a fondo del actual modelo fiscal, con rebaja de tarifas y eliminación de algunos impuestos. Los socialistas, como hicieron ya en la anterior campaña, tratarán de no regatear en este campo y prometerán alguna rebaja, pero mucho más matizada. Los ocho años de Gobierno de Aznar concluyeron con una moderada reducción de la presión fiscal efectiva tras dos reformas- -una por legislatura- -y un cambio de signo en la tendencia del déficit público. Los cuatro años de Zapatero se saldan con una modestísima reforma de los dos impuestos directos esenciales, IRPF y sociedades, que no se ha traducido en menor presión fiscal. El debate entre los dos partidos se refiere ahora a dos impuestos menores, pero muy significativos: patrimonio y sucesiones y donaciones, ambos de competencia autonómica. La recaudación que proporcionan ambos impuestos no pasa del 3,5 por ciento de los ingresos regionales (poco más del 1 por ciento por patrimonio, y algo más del 2 por ciento por sucesiones y donaciones) No es una recaudación significativa y, en el caso del patrimonio, ya no cumple la función censal y de transparencia para el IRPF con la que se justificó su creación en 1977. En la Unión Europea sólo tres países tienen en su estructura fiscal un impuesto, como el del patrimonio, que grave rentas que ya fueron fiscaliza- M das en origen. El ministro Solbes ha apuntado la posibilidad de mantener un impuesto censal de ámbito estatal, dejando a las autonomías competencia para fijar los tipos impositivos que estimen conveniente, fórmula intermedia que mantiene el impuesto, aunque sin impacto recaudatorio. El argumento censal, sin embargo, resulta pobre e insuficiente: fue un impuesto provisional, transitorio, que ni ha recaudado ni servido para la eficacia del impuesto mayor, el IRPF. Este impuesto sobre el patrimonio merece hoy un digno entierro, un punto final a su poco brillante trayectoria. La fiscalidad moderna debe centrarse en pocas figuras tributarias, sencillas, generales, de baja litigiosidad y fácil entendimiento. En el caso de sucesiones y donaciones, impuestos con más tradición y fundamento doctrinal, el camino emprendido por algunas autonomías, como Madrid, de práctica eliminación mediante exenciones del 99 por ciento en el ámbito familiar, es el correcto. En cualquier caso, la reforma de ambas cargas debe plantearse en el ámbito de la nueva financiación autonómica, condicionada por la reforma de los estatutos autonómicos y que requiere un amplio consenso parlamentario para abrir un período de estabilidad y de corresponsabilidad fiscal en el complejo modelo de organización territorial que padece España y con el que parece condenado a tropezar cualquier plan estatal. L regreso de una personalidad como Felipe González a la vida pública, aunque sea como embajador extraordinario para una conmemoración histórica, representa toda una novedad, una experiencia poco corriente en los usos políticos de España. Siempre ha de ser bueno que los antiguos dirigentes políticos puedan seguir poniendo a disposición del interés público sus conocimientos y experiencia, más allá del mandato de Gobierno, en grandes actividades institucionales, como en este caso es la conmemoración del bicentenario de la independencia de las repúblicas americanas. Por buena que pueda ser la elección de Felipe González, ésta se ha hecho siguiendo los usos del Gobierno de Zapatero: casi por sorpresa, sin mucho consenso- -ni en España, ni en América- -y dando la impresión de que en realidad puede haber otras razones, mas domésticas, para darle una ocupación institucional al ex presidente. Puesto que lo verdaderamente útil de esta efeméride es que la conmemoremos juntos, iberoamericanos y españoles, es preciso que un máximo de actividades y de celebraciones sean preparadas conjuntamente, a ser posible en el marco de las cumbres iberoamericanas. Prácticamente todos los países de la América hispana acogieron a lo largo de este último siglo a millones de emigrantes españoles, que buscaban allí horizontes que no encontraron en España. Hoy son los hijos de aquellas naciones los que, por miles, vienen a vivir entre nosotros, de manera que contribuyen al desarrollo económico de su nuevo país de adopción y, de paso, al alivio de las carencias de las repúblicas del otro lado del Atlántico. La España de hoy es un socio fraternal y constructivo de las pronto bicentenarias repúblicas, que en muchos casos han abandonado el infierno de la crisis económica con la ayuda y las apuestas, a menudo arriesgadas, de las empresas españolas. Es ese pasado común el que nos permite ahora tejer esas nuevas relaciones, más sanas, de igual a igual y en libertad. La principal labor de Felipe González tendrá que ser, así, promover el realce de aquello que nos une, que es mucho más importante que lo que nos pudo haber separado en el pasado. La conmemoración de las independencias americanas no tiene por qué ser ocasión de hablar de las batallas: los aspectos traumáticos de la efemérides se dieron ya por saldados hace cien años, en las conmemoraciones del primer centenario, y no tendría sentido que un siglo después todavía primasen las actitudes rijosas que insisten en la mitología indigenista. Pero es un hecho que esas tendencias existen y que hay quienes las alientan con perseverancia. No hay para Felipe González misión más necesaria- -y más difícil- -que la de impedir que sean estos sectores los que monopolicen una conmemoración que ha de ser un momento de reencuentro feliz entre ramas que brotan de un mismo árbol. E