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ABC DOMINGO 29- -7- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 101 ALTOS VUELOS OPERACIÓN RETROCESO Sobre los efectos perniciosos que causan los veraneantes, cabe señalar el subidón o incremento de los precios Y por seguir en ese mismo plan, lo del día se traslada a la noche con una suave rotación de la tierra sobre su eje. Y vuelve la fulana del Esquilo a extender mantequilla sobre el pan de la cena mientras su perrito retoza en un suelo alfombrado con cáscaras de gamba, todo muy poético. Y también vuelve el casero con música para las orejas. Y así ocurre, llegando el día siguiente, que los restos de la noche amanecen envueltos en tripa de goma. Por todo lo dicho, y más aún por todo lo callado, aquí toca plantarse a la espera de que la venida se vaya pronto de vuelta. A CAZAR GAMUSINOS El 31 de agosto a las 15 horas un país de libertos estará a la fuga, libres de grilletes y como si nunca más los fueran a llevar neméritas parejas avistaron lo que se le escapó a Nietzsche: si había un eterno retorno, por fuerza debía de haber una eterna salida. Era de cajón, pero hasta que la Guardia Civil no aplicó su lógica on the road, nadie había encajado todas las piezas del puzle. Para que luego digan que no hay pensamiento español. Lo demás vino rodado, sensu stricto, y ahora cada operación retorno se explica como consecuencia de la operación salida. Gracias a ese orden la operación salida no se llama operación huida: el que huye no regresa a menos que lo aten con un dogal, y aquí vuelve hasta el último pichichi. Pero fingiendo que agosto no acabará nunca, a despecho de los cálculos beneméritos, el día 31 a las 15 horas un país de libertos estará en fuga, libres de grilletes y como si nunca más los fueran a llevar. Los planes se pusieron en marcha hace semanas: conspirar contra la propia vida requiere una minuciosa planificación, lentitud, y mucha paciencia, como hacer un butrón con una cucharilla. Todo ello en la clandestinidad de la imaginación, que es donde tienen lugar los mejores viajes, donde todo es perfecto y no hay huelga de pilotos. Los compañeros de fuga comparten el secreto de la trama; pero sólo intercambian alguna mirada cómplice, una contraseña que nunca es plaga de medusas ni pisé un erizo Al acercarse el día hay que enfardelar con discreción lo que de ningún modo puede quedar olvidado: en mi caso, la linterna para salir a cazar gamusinos, un trauma infantil como otro cualquiera. La víspera, cuando ya la tierra de promisión se otea en el horizonte, los cuchicheos cómplices resultan incontenibles, aunque nadie bisbisea overbooking ni alquitrán De pronto algún imprevisto nos recuerda la posibilidad de que la realidad no sepa estar a la altura: que nadie se haya acordado de comprar repelente de mosquitos para un viaje a Centroamérica, por ejemplo. Por momentos se teme que la fuga cuidadosamente planificada resulte una chapuza, pero el más arrojado encuentra una farmacia de guardia y devuelve la confianza al grupo. Finalmente se concilia el último sueño: el fardo con la linterna aguarda a los pies de la cama y el butrón está listo. Al día siguiente, a las 15 horas, arranca la operación. Reptar por el tabique horadado resulta más fácil de lo previsto. Los libertos brincan hasta el suelo y sienten el sol en sus rostros; se despojan del uniforme, se ajustan las bermudas y se calzan las chanclas. En ese preciso instante, justo cuando la marabunta alcanza el cenit de la euforia, empieza a avanzar el desierto de lo real, donde no se cría el gamusino. A lo lejos se presienten sus rumores: plaga de medusas, overbooking, pisé un erizo... pero la expedición prosigue adelante. No han sonado las sirenas de alarma: la sabiduría de la Guardia Civil espera confiada la operación retorno. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora or ser la operación salida cosa que no merece aguante, aquí me planto a defender lo contrario, o sea, cuando cada cual vuelve a su corral y cada quien se va por donde ha venido. Entonces las playas resucitan y las gentes del campo recuperan la afición por beber leche a pie de vaca. Y como que hasta en los mocos hay linajes por ser unos sorbidos y otros ocultos en buen paño, la verdad es que todos los mocos incordian y lo mejor es no tenerlos. Por lo mismo los veranos son como catarros para todo aquél que viva lejos de los cogollos de secreción, ya sea por cima de montaña o ya sea a pie de playa, como le ocurre al que así se planta. Arrojando sobre el papel una pequeña muestra de los efectos perniciosos que causan los veraneantes, cabe señalar, como principal, el subidón o incremento de los precios. Se empieza con el añadido en el alquiler por parte de un propietario que se te pone en la puerta. Y cuando abres, pumba, va y te calza la ley de la oferta y la demanda. De este modo, con las orejas abiertas y el sobaco prieto, llega la hora de la manduca y resulta que, por cada sardina, cobran hasta la raspa. Pero ahí no acaba todo, qué va, pues semejante abuso alcanza tan lejos que también hay que pagar por la digestión si se antoja dormirla en tumbona. Llegados aquí no queda otra que afilar colmillo y cortar pluma. Siendo así la mitad del día, no es de extrañar que la actividad crediticia sea considerada primordial en nuestra bendita tierra. Llegar a fin de mes por estos pagos, supone milagros mayores que los contados por San Juan en su Evangelio. No hay que olvidar tampoco, en este inventario de ofensas, las relativas a la vista, como ejemplo sirva la fulana operada de los pechos, ya se sabe, a barca vieja, bordingas nuevas. Puede usted tocar, son naturales Y uno, siempre deseoso de pronunciar cortesías, avisa a la fulana de lo que le puede suceder si no se tapa pronto. Lo mismo que a Esquilo, señora, al que desde las alturas una gaviota confundió su calva, creyéndola peñasco, y sobre ella dejó caer la tortuga que lo mató Y como es de suponer, la fulana, que no conoce a Esquilo, se siente ofendida y te arrima un guantazo de esos que te descuelgan la oreja. Suele ocurrir también, para mayor escándalo, que la fulana cargue perrito pilonero y que lo achuche contra tus tobillos. En cualquier caso, no queda otra que zambullirse en un agua que escalda como pucherito. Hay que insistir en este detalle por si alguien no sabe aún donde van a desembocar las aguas sucias que atoran los retretes. P o me cabe en la cabeza que algo tan meridiano no estuviera teorizado hasta que se puso a investigarlo la Guardia Civil. Cabezas ilustres se habían percatado hace tiempo de que todo es un eterno retorno, pero sólo nuestras be- N La operación salida, una constante estos días en las carreteras españolas EFE