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100 40 RICOS SOLEMNES DOMINGO 29- -7- -2007 ABC Bill Gates ISABEL GUTIÉRREZ El millonario más listo C uando William Henry Gates III era un escolar, debía recibir de sus padres 25 centavos de dólar por cada A estampada en su boletín de calificaciones (algo así como un sobresaliente) Al parecer, era el método que el abogado William Henry Gates II y la profesora Mary Gates aplicaban para estimular la dedicación al estudio de su hijo. Quién sabe cuántas monedas se colaron por la rendija de su hucha en pago por sus buenas notas. Hoy, 56.000 millones de dólares certifican que, con permiso del magnate mexicano Carlos Slim y según la lista Forbes Bill Gates es la persona más adinerada del planeta. ¿Qué media, pues, entre un bolsillo con calderilla y un patrimonio desorbitado? En 1997, un profesor del Instituto de Ingeniería de Massachusetts llamado Philip Greenspun planteó, en su Career Guide for Engineers and Computer Scientists la siguiente pregunta: ¿Por qué Bill Gates es más rico que usted? Intentaba en- contrar razones que satisfacieran la errónea convicción popular de que ese tipo con cara de buen chico era la perfecta encarnación del sueño americano. Si él pudo, cualquiera podrá. En una breve respuesta, Mike Maples, ex vicepresidente ejecutivo de Microsoft, la empresa que Gates cofundó y que le hizo célebre, apuntaba que Bill, simplemente, es el más listo ¿Ser tan hábil y sagaz de verdad resulta tan sencillo? El más listo nació en Seattle (Washington) el 28 de octubre de 1955, en el seno de una familia de notables, poblada de banqueros, políticos, abogados y financieros. Las habilidades del pequeño Bill en las matemáticas y las ciencias le llevaron de la escuela pública a un prestigioso colegio privado llamado Lakeside. En 1968, cuando los ordenadores en los centros escolares eran una rareza, la dirección de Lakeside incorporó al suyo una red de computadoras intercomunicadas por una línea telefónica. Fue su primer encuentro con la informática. En cuanto los alumnos mayores, hartos de intentar com- prenderlas, se apartaban de aquellas máquinas, él las acaparaba durante horas para desentrañar, junto a su amigo Kent Evans, sus secretos. El instinto le permitió asimilar la complejidad de unos cacharros formidables. Con el tiempo, a la pareja GatesEvans se sumaron Paul Allen y Ric Weiland, dos chavales de cursos superiores que no tardaron en pasar de rivales a colegas. Los cuatro se hacían llamar el Grupo de Programadores de Lakeside Eran listos e inquietos y se lo pasaban en grande; pero algo distinguía a Bill Gates: a su pasión por la informática se sumaba una irresistible fascinación por las finanzas. Ya quería crear su propia compañía cuando apenas empezaba a ganar su primer dólar como programador. Los siguientes años estuvieron marcados por las separaciones, y la de Evans fue para siempre: falleció en un accidente. Sin embargo, el reencuentro en 1973 de Bill Gates y Paul Allen resultó definitivo y el 4 de abril de 1975, ambos fundaron Microsoft bajo la convic- ción de que, en un futuro no muy lejano, el ordenador sería una herramienta imprescindible. Más tarde, Gates abandonó Harvard, donde cursaba estudios de Derecho, para instalarse en Alburquerque (Nuevo México) sede de Altair, con la intención de pactar con esa empresa la cesión de un lenguaje para computadoras, el Basic. A partir de entonces, lo que sigue es la historia de una sensacional trayectoria en el emergente mercado de la informática, cuajada de luces y salpicada de algunas sombras (sobre todo, acusaciones de monopolio) también, el ascenso de Bill Gates como paradigma de otra manera de crear industria, de hacer negocios y de convertirse en alguien omnipresente en los medios de comunicación. Existen un par de imágenes esclarecedoras, fechadas el 29 de abril de 1975. Muestran a un joven Bill Gates que posa de perfil y de frente con un cartel, colgado al cuello, del departamento de policía de Albuquerque en el que figura el número de arresto 105519. Se le acusaba de conducir sin carné y a más velocidad de la permitida. Fue la primera de una serie de tres detenciones. Lo que llama la atención, más allá del descacharrante retrato de un delincuente ocasional, es la espléndida sonrisa. Ese sempiterno rictus en el rostro de Bill Gates tiene algo enigmático. Quienes le conocen, y le estiman, aseguran que la tenacidad y el entusiasmo conforman su carácter; que asume riesgos y que su alma está en paz. Quienes no le quieren tanto se lamentan de su personalidad obsesiva, controladora y déspota. Hace unas semanas, Steve Jobs, creador de Apple y rival de Bill Gates durante tres décadas, le reprochaba en público un pensamiento estrecho que hubiera ensanchado convenientemente si en su momento hubiera tomado un poco de ácido. Hoy, a punto de abandonar la dirección de Microsoft para pulir su perfil de filántropo junto a su esposa Melinda y a través de su fundación, y cuando ha conseguido su licenciatura en la universidad que abandonó hace treinta años, la figura de Gates parece tomar las hechuras de un multimillonario de otros tiempos. Como hizo John Davison Rockefeller, cuando ya estaba de vuelta de tantas cosas, comienza a disfrutar de los beneficios de su fortuna puliendo las bondades de su espíritu. Acaso una buena reputación es la mejor inversión. Más información en: http: www. forbes. com Puntos negros El multimillonario creador de Microsoft, Bill Gates, número uno en la lista Forbes de los más ricos del mundo AP