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ABC DOMINGO 29 s 7 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 59 Carlos Murciano Escritor EN TORNO A UN POEMA DE MARTÍNEZ DE LA ROSA OCOS meses atrás, publiqué en estas páginas una memoria del conde de las Navas (1855- 1935) malagueño de pro, que fuera Bibliotecario Mayor del Rey Alfonso XIII y miembro de número de la Real Academia Española. Vino a facilitarme la información necesaria su biznieto, el doctor José María Aguilar, miembro a su vez de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas, y poseedor de los archivos del conde, ricos en epistolarios y documentos valiosos, De tales archivos, y de su generosidad, ha surgido el poema autógrafo de Francisco Martínez de la Rosa que hoy me mueve a escribir. El original en cuestión, que el doctor Aguilar ha entregado a Jorge de Arco- -director de la revista poética Piedra del Molino en cuyo próximo número será insertado- carece de título y fecha, pero está escrito de puño y letra del autor y por él firmado y rubricado. Son cinco airosas redondillas, muy propias del quehacer decimonónico. Pero, de cara a su publicación, brotó la duda; ¿estamos ante un poema inédito? Tras una minuciosa investigación, puedo afirmar que sí. de la Rosa (1787- 1862) político polémico, ministro, embajador y escritor abundoso, cuajó en cambio una obra poética de corta extensión, a caballo de dos siglos y dos corrientes enfrentadas, recogida en sus Poesías que editara Tomás Jordán en 1833 y Este poema inédito debió de llegar a poder del conde de las Navas no de manera directa, sino a través de su padre, don Norberto María López- Valdemoro (1826- 1878) conde (consorte) del Donadío de Casasola y académico de la Real de Jurisprudencia, o de manos de su abuela materna, doña Carmen, hija del exaltado liberal don Luis Antonio Pizarro y Ramírez, a quien Galdós haría sitio en sus Episodios Nacionales P reeditadas en 1847, es decir, en vida del autor; posteriormente, al cumplirse un siglo de su muerte (1962) lo fueron en la B. A. E. con las mismas composiciones- -sesenta y nueve- -y en el mismo orden. El poema de que hablo no aparece en esta compilación, y ello no debe sorprender. de 1831- -continúa- al verme en mi hogar, en el seno de mi familia, y alentado hasta por el hermoso cielo de Andalucía, sacudí la pereza, reuní antiguos borradores, condené unos, corregí otros, añadí algunas composiciones nuevas (las postreras tal vez de mi vida) y con las que me han parecido mejores he formado la colección que ahora presento al público Ellas son las que- -entonces y después- -le representan como poeta. Pero, antes de esas líneas, había escrito; Habiendo cultivado la poesía casi desde mi infancia, y sin haber perdido esta afición en todo el curso de mi vida, he hallado en ella tanto esparcimiento y consuelo que debiera ser bastante crecido el número de mis composiciones si las hubiese guardado con esmero. Pero... descuidando a veces el copiarlas por escaso aprecio o por desidia, y habiendo perdido no pocas en circunstancias azarosas, trastornos y viajes Esa condena y ese descuido pueden ser, a mi juicio, la razón de que el poema al que aludo haya permanecido inédito hasta ahora. apunta con buen criterio que en versificación el único juez es el oído y aboga por la sencillez expresiva: La expresión que no es clara, nunca es bella Pero, como ocurriría más tarde (1883) con Campoamor y su Poética el granadino fue más sabio y certero en su teoría que en la práctica. Esas virtudes que Pacheco le atribuye, están en el poema del que escribo, cuya estrofa inicial (su versión completa, que naturalmente respeto, aparecerá en Piedra del Molino me permito reproducir: Llévame a la hermosa vega donde, ceñido de lauro, al pie de la Alhambra, el Dauro los fértiles campos riega estrofa que nos recuerda el arranque de La luna poema que Martínez de la Rosa recogiera en el volumen entes citado; Ven al vergel delicioso que baña el Dauro tranquilo... poema inédito, valga anotarlo finalmente, debió de llegar a poder del conde de las Navas no de manera directa, sino a través de su padre, don Norberto María López- Valdemoro (1826- 1878) conde (consorte) del Donadío de Casasola y académico de la Real de Jurisprudencia, o de manos de su abuela materna, doña Carmen, hija del exaltado liberal don Luis Antonio Pizarro y Ramírez, a quien Galdós haría sitio en sus Episodios Nacionales y que fue amigo entrañable de Espronceda; porque cuando Martínez de la Rosa muere, el conde de las Navas contaba sólo siete años y vivía aún en su tierra natal. Padre y bisabuelo, pues, coetáneos del poeta, e inmersos como él en los agitados ámbitos sociales, políticos y literarios que les tocó vivir. Este Martínez mo lo revela en el prólogo que escribiera para la edición de 1833- -no pareció apreciar demasiado sus versos. Cuando dio a la luz en París sus Obras literarias hallé- -dice- -que no eran bastantes los que tenía a mano para hacerles sitio en ellas. Vuelto a España a fines Porqueelgranadino- -élmis- tudia la poesía de Martínez de la Rosa, le niega inspiración y emoción, pero le reconoce agilidad, fluidez, hábil virtuosismo, ponderación y equilibrio, capaces de otorgarle un lugar decoroso entre los poetas de su tiempo. Su Poética -a lo Boileau- en seis cantos y en verso, aparecida en 1828, dice de una gran clarividencia, CuandoArsenioPachecoes- Lola Santiago Escritora DE REBAJAS T Su sonrisa se verá coronada por el vestido de noche con el que sueña, todo de raso bordado con finas piedras, en un color azul cobalto para un infinito de estrellas ENGO un corazón de rebajas. Lo he notado hoy, en plena canícula, con las rebajas de finales de julio, que son más rebajadas si cabe. Sí, y no hay tristeza en mi voz, tampoco afán comercial, sólo una realidad que se alza orgullosa exhibiendo su verdad. De rebajas. Tengo un corazón de rebajas. Y sin embargo está sano y marca perfectamente los minutos de mi acontecer pasado o futuro, al menos el de hoy, el más inmediato. ¿Cuándo me di cuenta de esta realidad? Fue ayer al mirar en la plaza de Callao un enorme cartel en blanco y rojo anunciando las rebajas del Corte Inglés, al observarlo a esa hora cetrina de las 8 y media de la tarde, mientras ensayaba una foto con mi flamante Nikon digital. ¡Lo que me ha costado aceptar una Cámara digital en mi vida! casi tanto como reconocer que tengo un corazón de rebajas. Pero sí, allí, en los contraluces de aquel hermoso edificio y mientras miraba como había quedado la imagen lo supe, al mismo tiempo que me reconciliaba con estas cámaras formadas por puntitos llamados píxeles. Ah, su resolución. Ah, su pretendida calidad, pues sí, la tiene, nada menos que 10 megapíxeles de resolución. Mi corazón también tiene calidad, más cuatro cavidades: dos aurículas y dos ventrículos, donde se regenera la sangre, oxigenándose en los pulmones, para volver ya oxigenada al resto del cuerpo, es decir se ha convertido de san- gre venosa en arterial. Pero aunque este proceso es complejo está automatizado, como es lógico, y hasta ahora funciona como un reloj pero es la complejidad de los sentimientos que encierra este órgano, lo que me lleva a vestirlo con un traje de saldo, hoy, a finales de julio del 2007. Lola Santiago: mediana edad, corazón de saldo, mejor, de subasta, ¿Quién da más? ¿Quién? Ahora, en este día raro de verano, tan raro como el sincopado rítmico de mi corazón, tan indiferente a los sentimientos que suscita, el traje rojo y blanco con que se viste un corazón de rebajas queda bien, la coquetería acompaña su soledad, la hace sentirse menos sola. La ven tan puestecita... que el escaparatista de turno, la coge con mimo y le da un sitio en uno de los mejores lugares del escaparate. Huele a venta. Ella sonríe pálida, agradecida, si vende su traje rojo y blanco, pronto pasará a una categoría mayor y nadie apreciará la distancia de su edad frontera a la madurez, sólo verán la gracia que despliega su ser y su sonrisa se verá coronada por el vestido de noche con el que sueña, todo de raso bordado con finas piedras, en un color azul cobalto para un infinito de estrellas. Y al mirarla algún loco enamorado volverá mañana y tarde a doblar la esquina por verla. Como en la canción: De cartón piedra... de Serrat. Todo es tan sencillo y, a la vez, tan complicado, así la circulación arterial o la venosa, o sacar una foto magistral con una cámara Nikon, compacta, que no pesa, de 10 Megapíxeles de resolución, o una mujer que mira su futuro en un espejo cristalino e irreverente como las engañosas rebajas.