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ABC SÁBADO 28- -7- -2007 40 73 Blanca Marsillach, con un vestido de Devota Lomba, posa en el templo de Debod de Madrid DANIEL G. LÓPEZ Blanca Marsillach Nueva etapa como empresaria Acaba de firmar el contrato para quedarse con la gestión del teatro Fígaro, al que rebautizará como teatro Adolfo Marsillach. Mi padre- -dice con orgullo- -se merecía tener una sala en Madrid, y yo he podido conseguirlo JULIO BRAVO iene el nombre de su padre, Adolfo Marsillach, constantemente en sus labios. Le hubiera gustado que hubiera sido otro quien le hiciera justicia pero no ha encontrado, dice, más que buenas intenciones. Lo que hizo mi padre por la cultura de este país no ha recibido correspondencia por parte de las autoridades; no al menos como se merecía. Y he tenido que ser yo, su hija, quien lo ha hecho Se refiere Blanca, una de las dos hijas del dramaturgo, actor, director, gestor... hombre de teatro, al fin, a su nueva aventura empresarial: la de gestionar el teatro Fígaro de Madrid, que se convertirá próximamente en teatro Adolfo Marsillach. Quiero que esa sala sea el escaparate del teatro en el que creo; un teatro de calidad lleno de riesgo y de juventud, y también de coherencia. Queremos experimentar, darle oportunidades a gente joven que está deseando salir a la superficie, que tiene ganas y talento pero no oportunidades. Autores jóvenes, directores nuevos... confío en que encuentren su casa en nuestro teatro. Es una deuda que tengo con mi padre y conmigo misma Habla en plural Blanca Marsillach porque ella es la parte visible de una sociedad en la que otra mujer, Elise Varela, tiene un papel determinante. Es el cerebro de la compañía, T Lo que hizo mi padre por la cultura de este país no ha recibido correspondencia por parte de las autoridades; no al menos como se merecía. Y he tenido que ser yo, su hija, quien lo ha hecho dice Blanca Marsillach una mujer que siempre está en la sombra pero con una energía y unas ideas increíbles Es consciente de que la gestión del teatro le va a ocupar mucho tiempo, y que puede afectar a su carrera como actriz. No me importa descuidarla para prestarle más atención a la producción. Siempre me ha gustado hacer de todo, y si ahora tengo que centrarme en la empresa, no hay ningún problema De todos modos, la producción no es algo nuevo para Blanca Marsillach, que vio, al regresar a España tras varios años en Estados Unidos, que para poder hacer el teatro que quería debía formar su propia empresa. No quería esperar a que sonara el teléfono con una oferta que podía no gustarme. Quería hacer algo y moverme Y así surgió la idea de crear la productora. La noche al desnudo fue el primer montaje (en el que ella actuaba) al que han sucedido Con las alas cortadas El reino de la tierra (también con ella en escena) y Pareja abierta de Darío Fo.