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ABC SÁBADO 28- -7- -2007 40 Biblioteca de Oro 69 Aparece con un elegante traje visitando la Virgen de los Dolores, o con el batín y el pijama en su casa Como recuerdo queda la imagen del coche, el legendario Buick azul, conducido por el torero hasta Linares la madrugada del 28 de agosto de 1947 El torero y el fotógrafo Ricardo se habían conocido en 1939 y entre ambos creció una buena amistad Un siglo de perdón Consiga mañana, con ABC, la sexta entrega de la colección Biblioteca de Oro, Siete tabernas en Marsella de Edward Phillips, por sólo un euro y el cupón del día LUIS CONDE- SALAZAR El novelista inglés Edward Phillips Oppenheim (1866- 1946) autor de más de 150 obras entre novelas y relatos cortos, aprovechó durante años su condición de hombre de negocios planetarios y su vida de economía desahogada para recorrer tabernas, cafés, clubes y casinos de todo el mundo buscando tipos que copiar y con los que llenar de realidad fisionómica y antropomórfica sus historias de ficción. La gama de personajes que fueron tomando vida en sus textos es de proporciones descomunales. Duros machotes patibularios se entremezclan con rácanos aristócratas con la misma facilidad que ladrones de guante blanco y monóculo lo hacen con estupendas señoritas de alto standing burgués y moralidad más que dudosa. Su extenso conocimiento de los tejemanejes de la Riviera francesa (tenía allí propiedades que fueron confiscadas tras la invasión nazi) le llevó a escribir varias novelas ambientadas en esos exclusivos destinos veraniegos con el Mediterráneo al fondo. Una de ellas es esta, Siete tabernas en Marsella publicada por primera vez en 1932 y que alcanzó un notable éxito de ventas. Realmente el título corresponde a uno de sus capítulos, siendo el real Crooks in the sunshine algo así como ladrones al sol Ned Lloyd, apodado Lord Ned un aspirante a entrar en el sofisticado mundillo ribereño, es asesinado mientras practica esquí acuático. Su ejecutor es el Comodoro Jasen, un integrante de la cuadrilla de los Lebworthy grupo de delincuentes que quiere extender sus tentáculos desde Chicago y Nueva York hacia Europa y que para pasar desapercibido le alquila a Lord Wyndham un castillo en Antibes. A su lado, siempre, Jake Arnor, ave de rapiña debutante en la vida so- ro y el fotógrafo se habían conocido en 1939 y entre ambos creció una amistad que permitió a Ricardo acceder a la cara menos conocida del diestro. Por eso el espectador puede ver ahora a Manolete desayunando junto a su apoderado, Rafael Flores Camará en un hotel de San Sebastián, o vistiéndose para una corrida con la ayuda de su mozo de espadas, Guillermo González. Hay instantáneas suyas vestido con chaqueta blanca y junto a sus amigos en la casa de la avenida de Cervantes o en actos sociales como un almuerzo de homenaje. También se le ve compartiendo tertulia en una taberna, después de haber sufrido un puntazo en la cara que le dejó una cicatriz de por vida en la mejilla izquierda. Manolete puede aparecer en elegante traje visitando a la Virgen de los Dolores o con el batín y el pijama después de volver a casa tras la temporada americana y abrazar a su madre, doña Angustias. Florencio Rodríguez explicó que las imágenes tienen además el valor de dejar testimonio del pasado de la ciudad y de lugares como el Coso de los Tejares. No faltan fotografías de Manolete en la plaza de toros, sea con el traje de luces de las corridas o con el corto de los festivales, en distintos lances de la lidia o recogiendo el premio a una faena sobresaliente. Por su actuación en la Feria de Nuestra Señora de la Salud de 1942 sus seguidores le llevaron en hombros desde el Coso de los Tejares hasta su casa en la plaza de La Lagunilla. Pero salir a hombros era algo que no gustaba a Manuel Rodríguez Sánchez, aunque se lo hubiese ganado. Fue lo que sucedió el 26 de mayo de 1944, después de matar al toro Presidiario Para evitar que los aficionados le sacaran a hombros, pidió la escolta de la Policía Armada, lo que se recoge en la muestra en un extenso reportaje de la que No le gustaba salir a hombros Arriba: el diestro a hombros tras una gran corrida; amortajado, y desayunando en un hotel. Abajo: en una visita a los Dolores; en su casa de la avenida de Cervantes, y de tertulia en una taberna sería la última vez que pisó el albero de la plaza cordobesa vestido de luces. Todavía torearía en el Festival de Artillería, el 3 de diciembre de ese año, su prematura despedida de la afición cordobesa. Ricardo captó además, y en la exposición puede verse, a Manolete en una tienta de becerras en la finca Cuevas de Artaza de Conchita Gómez de Barzanalla, en mayo de 1944. El recorrido de la exposición culmina igual que la vida de Manolete: en la plaza de Linares. Un gigantesco panel con la imagen del diestro amortajado en la capilla ardiente despide a quienes han recorrido la muestra junto con instantáneas del velatorio y el entierro. Pero no es la última. Como recuerdo queda la imagen del coche, el legendario Buick azul, tan lujoso y exclusivo en su época. Manolete condujo aquel vehículo hasta Linares en la madrugada del 28 de agosto de 1947. Una fotografía recuerda cómo estaba estacionado en la plaza de Capuchinos el 18 de septiembre de 1947, mientras sus amigos le ofrecían una misa en los Dolores. Un boceto del busto que hizo Juan de Ávalos, la máscara mortuoria de Ruiz Olmos y varios cuadros completan la muestra, compuesta por más de cien fotografías en blanco y negro. La exposición permanecerá hasta el próximo 9 de septiembre en la sala Vimcorsa de Córdoba, sita en la calle Ángel de Saavedra, 9. cial. Ambos poseen un talento especial para ir sembrando el camino de cadáveres. La hermana del fiambre, Caroline, una hermosa y elegante rubiaza de maneras sibilinas, lejos de amilanarse ante los peligros del crimen organizado, planea una venganza consistente básicamente en robar al ladrón utilizando sólo armas de mujer de la talla 40. A partir de ahí se van sucediendo los asesinatos, unos más parecidos a accidentes que otros. Y entre medias, el jefe de la Policía de Marsella, monsieur Drouplaine- -perplejo ante tal epidemia- -y un marqués rancio y arruinado que se convertirá en la marioneta cuyos hilos vaya manejando la habilidosa señorita Lloyd. Cien años de perdón tiene, según el dichoso refrán, el que roba a un ladrón. Si esto fuera cierto, los dramatis personae que aparecen en esta novela estarían condenados al perdón eterno. A pesar de que las obras que componen la producción literaria de Oppenheim no se parecen entre sí, tienen una característica que las personaliza: en ellas la sorpresa es una constante lineal. Nada es lo que parece. Todo es lo que no parece. Más información en: http: www. vimcorsa. com Colección Biblioteca de oro. N 6 SIETE TABERNAS EN MARSELLA Título original: Crooks in the sunshine. Edward Philips. 1932