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Plácido Arango El Patronato del Prado aprobó ayer por unanimidad su nombramiento como nuevo presidente. En una entrevista con ABC, Arango afirma: El Prado no me necesita Los Simpson llegan al cine Se estrena en España la película más esperada y comentada de la famosa familia. Tras 20 años de éxito televisivo, la fiebre amarilla conquista la pantalla grande La joven, a pesar del acoso de los fotógrafos ingleses, ha decidido continuar con su vida acudientdo a un glamouroso local de la noche madrileña Kate Middleton, reina de la fiesta 65 -Hay muy buenos directores: Neuenfels, Baumgarten... -De él puede pensarse lo que venga en gana, bueno o pésimo. Pero quien ha visto una producción suya seguro que lo primero que piensa no es que tiene que hacer la declaración de la renta. Para mí lo fundamental es generar discusión, sea por considerarlo bueno o malo. ¿Schlingensief? -Observando trabajar a Schlingensief se percibe que el arte es una compulsión, no una aptitud, al margen de toda regla. Él ve simplemente algo y comienza a trabajar. Esta actitud suya me inspiró la configuración del personaje de Stolzing de Los Maestros -Ésa es la cuestión, yo soy una persona planificadora. Y por eso él me fascina tanto. -Creo que sé lo que quiero. Busque usted un adjetivo para eso. ¿Ha tomado prestados de él elementos escénicos? ¿Pero en su caso habrá sido algo planificado, no espontáneo? ¿Cómo se autodefiniría personalmente? Una de las escenas de la ópera Los maestros cantores de Nuremberg AFP ¿Cómo explica la fascinación que irradia la obra de Wagner, ese fervor casi religioso? -Sí, pero también dispuesta al diálogo. Conmigo se puede discutir de todo. Argumentativamente y de igual a igual. Si alguien me dice que lo que yo hago es una mierda, pues no veo la argumentación. ¿Autoconsciente, confiada en sí misma, resoluta? La bisnieta de Wagner, abucheada Katharina Wagner desmitifica la ópera nacional alemana con un polémico nuevo montaje de Los maestros cantores de Nuremberg O. G. P. BAYREUTH. La gran expectación suscitada por el nuevo montaje de Los maestros cantores de Nuremberg firmado por la joven debutante Katharina Wagner, hija del director del Festival y bisnieta del compositor fundador, se tradujo en una gran presencia mediática y de personajes de la vida pública. Meistersinger es una comedia vital, la única obra wagneriana con escenario real histórico, con la cual Wagner se curó a sí mismo del trauma autoaniquilante plasmado en Tristán e Isolda Es la ópera nacional alemana por antonomasia, usada y abusada en la historia del Festival por el nacionalismo germánico y, principalmente, por la perfidia nazi. ¿Qué hizo con ella Katharina Wagner? Resolvió un problema, pues ha heredado el gen dramático wagneriano, pero planteó tal vez otro mayor. Pretendió hacer un discurso sobre la relación tradición- progreso y la recepción histórica de la obra en Bayreuth. Su montaje, lastrado intelectual e iconográficamente en demasía, irrespetuoso y sin una clara línea dramática, pero con una muy aceptable dirección de actores y aspectos originales y jocosos, parecía el tratamiento escénico de un trauma familiar y personal. Katharina realiza escénicamente un sucedáneo de parricidio artístico y un ajuste de cuentas con el pasado, permitido aquí sólo a ella, la hija de quien Hitler tuvo en sus brazos y le llamaba cariñosamente tío Wolf A Katharina le obsesiona un afán compulsivo de desmarque, rayano en la insolencia frente a la obra y al legado escénico de su padre y su estética operística convencional Le expurgó de cuajo el idilio artesanal y todo atisbo de simbolismo nacional- cultural convencional. Nuremberg pierde su romántica silueta histórica para convertirse en un espacio de culto a la tradición. Altera tipologías hasta el extremo de invertir detalles aparentemente nimios en las figuras principales. Reconvierte al campechano campeón de la cultura popular, Hans Sachs, en un burócrata descalzo pasota que aporrea la máquina de escribir, para devenir luego en un carca tradicionalista redomado, adalid del triunfo reaccionario, incluso sexualmente reprimido. La música no avala esa inversión y menos aún el triunfo de la reacción. La obra es una cosa y su malversación histórica en Bayreuth, otra. Para ella, el discurso final de Sachs es sencillamente reaccionario, pero también aquí la partitura desautoriza su lectura Wagner remacha musicalmente el dictum de Sachs ¡no me despreciéis a los maestros! y culmina la línea melódica fundiendo en una síntesis ambos temas: el tradicional de los maestros y el innovador de la canción del premio. El escenario es uno en los tres actos: una especie de corral de las comedias, con ciertos cambios de detalle y de mobiliario. Hay 12 bustos emblemáticos del hipotético apostolado cultural alemán (Bach, Beethoven, Wagner, Goethe, Schiller, etc. que en el segundo acto cobran vida y, como irreverentes cabezudos en paños menores, protagonizan en el tercero una virulenta parodia cultural y la consiguiente represión de los librepensadores en la hoguera. Si la escenificación fue controvertida y polémica, la interpretación musical resultó grisácea. La parte canora, exceptuado el coro y K. F. Vogt (debutante revelación como Stolzing) y en cierto modo el contundente Beckmesser de M. Volle, no superó el nivel de sancta mediocritas instalada últimamente en Bayreuth. S. Weigle, novicio en el foso bayreuthiano, labró transparencias en una labor orquestal algo plana. Al final, clara división de opiniones con insistentes abucheos para el equipo escénico y ovaciones para el coro, Vogt y Volle. -No me lo puedo explicar. La música de Wagner posee un gran valor emotivo y mucha gente quiere ver las obras representadas como él quiso, pero ese fanatismo rayano a veces en la locura me resulta inexplicable. -La mayoría ve su montaje vinculado al tema de la sucesión en la jefatura del Festival. -Bueno, a mí me han amenazado con paraguas, achacándome infidelidad al libreto. Tiene a veces algo de fanático ese concepto de la fidelidad a la obra. ¿Es fanático el público de Bayreuth? Discurso reaccionario -Eso es un problema de la gente, no mío. Son cosas totalmente distintas. Ser un buen regista no implica ser un buen director del Festival, y viceversa. Quien vincule esas funciones, sea en beneficio o perjuicio mío, se comporta peligrosamente. ¿Usted aceptaría la jefatura si se la ofrecieran -Sí. Más información sobre el festival: www. bayreuther- festspiele. de