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68 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS JUEVES 26- -7- -2007 ABC Ulrich Mühe, protagonista de La vida de los otros ganadora del Oscar a la película en lengua no inglesa ABC Ulrich Mühe La muerte de los otros POR FEDERICO MARÍN BELLÓN lrich Mühe era un alemán de los otros, de los que nacieron en el lado malo del muro. El director de la película que popularizó su rostro en todo el mundo no había superado la adolescencia cuando las dos Alemanias contrajeron matrimonio, pero Mühe había sufrido en sus carnes el drama de un Estado totalitario empeñado en atenazar a sus ciudadanos, con cerca de 100.000 funcionarios, que prestaban sus ojos y sus oídos al aparato represor. El actor no sólo vivió de cerca aquel atroz mundo orwelliano, sino que se acostó con él. Una mala mañana descubriría que su primera mujer, también actriz de teatro, colaboró con la Stasi. Ayer, las agencias informaron de la muerte de Ul- U El actor, muerto a los cincuenta y cuatro años, siempre será recordado con los auriculares puestos, junto a su aparato radiofónico, atento a la vida de los otros mientras la suya se consumía poco a poco rich Mühe, a los 54 años, víctima de un cáncer que le diagnosticaron el pasado mes de febrero, en plena apoteosis de éxito, cuando los premios empezaban a estorbarle en el salón. El protagonista de La vida de los otros no es el dramaturgo al que vigilan, ni su novia, ni mucho menos el ministro enfermo de deseo y prepotencia. El personaje central de esta enorme película es el capitán Gerd Wiesler, que actúa como peón del sistema hasta que su conciencia se despereza para convertirlo en pieza capital de la resistencia, en un pequeño capítulo, apenas una nota a pie de página, de la historia de la opresión, cuya trascendencia el cine ha multiplicado. Ulrich Mühe también era un actor de los otros, de los que no cobran millones de dólares por película ni cuyo único problema en las vacaciones es que son reconocidos hasta en el último rincón del planeta. De sólida formación teatral, voz habitual de los audiolibros alemanes, la muerte le llega justo cuando la fotografía de arriba se ha convertido en un icono del nuevo cine alemán, aunque en su país su cara ya era popular gracias a la televisión, donde era una especie de Grissom local gracias a la serie Der letze Zeuge Pero lo cierto es que si no fuera por La vida de los otros ni su muerte merecería apenas espacio en la prensa mundial ni la canciller Angela Merkel o el presidente alemán, Horst Köhler, se habrían apresurado a expresar su pesar por el prematuro deceso. El efecto del filme en un país que apenas se atrevía a mirarse las costuras (la Costura) ha sido casi medicinal. Después de la terapia liberadora que supuso la comedia Good bye, Lenin la inteligencia con la que Florian Henckel von Donnersmarck afrontaba un capítulo tan doloroso de la historia del país despertó a muchos de la pesadilla. Aunque la posibilidad ya existía antes, la cinta espoleó a decenas de miles de personas a revisar los archivos de la policía secreta de la RDA, que mantenía 17 millones de fichas, en las que se detallan las actividades de cinco millones de alemanes, uno de cada tres. Hollywood, como hace siempre, se apresuró a comprar los derechos de la cinta. Y no es difícil que rueden una buena réplica, trepidante, con actores fabulosos y un envoltorio mucho más lujoso, pero la emoción que transmite Mühe con su mirada sin tirar de los tics propios del oficio, el modo en que permite que la sonata de Beethoven fluya en su interior y toque su alma, aunque él todavía no lo sepa, no podrán ser igualados. No sólo haría falta un actor de su talla, que hay unos pocos, sino alguien que sienta como propio el drama de un país tantos años secuestrado. La despedida cinematográfica de Mühe fue la sátira sobre Hitler Mein Führer pero el actor siempre será recordado con los auriculares puestos, junto a su aparato rediofónico, atento a la vida de los otros mientras la suya se consumía en silencio.