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LLuís Pasqual y Gerardo Vera El director Lluís Pasqual estrena La Famiglia dell antiquario esta noche en el Teatro Romea de Barcelona, y Gerardo Vera lleva a Nueva York la obra Divinas Palabras Muere Ulrich Mühe El actor alemán Ulrich Mühe, protagonista de La vida de los otros murió el pasado domingo a la edad de 54 años en la localidad de Waldbeck, víctima de un cáncer L Oréal ha sido acusada de publicidad engañosa en el Reino Unido por haber colocado pestañas falsas a la actriz en una publicidad de su máscara Telescopic Las falsas pestañas de Penélope 65 -Aunque no es una retrospectiva, el público va a entender cuáles fueron sus orígenes artísticos y su evolución. eso, mi trabajo ahora es como una mudanza: voy probando con diferentes cuadros en diferentes espacios. Utilizo los cuadros para dialogar conmigo mismo y con el mundo. dros tampoco resultó afectado. Me ayudó a limpiarlo todo mi vecino Arturo, del que también hice un cuadro que le regalé. Expondré en Tabacalera el cuadro de José Ramón, uno de mis hijas y otro de Olatz. El surf es bueno para mi cabeza La otra gran pasión de Schnabel es el surf. Empecé cuando tenía 15 años, en Texas, en donde no tenía amigos. Cogí una tabla y llegué a la playa haciendo autostop. Al principio, me iba muy mal, pero poco a poco aprendí. Es una actividad que, al igual que la pintura, uno puede practicar solo. Conocí a surfistas famosos, como Herbie Fletcher. He surfeado por todo el mundo: México, Australia, el Pacífico, Hawai, Costa Rica o California... Incluso en Nueva York hay olas, sobre todo en invierno. Cuando estoy en el agua, me gusta la sensación de ingravidez y puedo olvidar todos los problemas porque sólo te fijas en las olas. El surf es bueno para mi salud y para mi cabeza Ver ahora todas estas obras es como leer un diario en el que escribiste algunas cosas en un determinado momento afirma el artista No pienso en cómo voy vestido... Cuando era joven, yo me ponía traje y corbata cuando iba a pintar para parecer así muy formal yectando sombras encima. ¿Cuadros supervivientes? -Hay dos cuadros con platos, de 1982 y 1984. Obviamente, tengo muchos más. También expondré retratos con capas de resina que comencé a hacer en 1997. Puedo agrupar las obras por épocas y estas obras dialogan entre ellas, pero además, esos grupos también mantienen un diálogo entre sí. Me encanta ver todos los materiales que utilicé, todos los experimentos que hice y las distintas escalas a las que trabajé. Hay obras con palabras y otras mudas, las hay de madera, de 1982. Y la mayoría fueron pintadas al aire libre. -Sí. Obviamente, todos los cuadros lo son porque nos sobrevivirán. -Sí. Cuando llegué a San Sebastián conocí a José Ramón Antero, del bar Etxeberria de El Antiguo. Era muy agradable. Los vascos no son gente que se abra de forma inmediata con un extranjero, pero con el tiempo, una vez que te conocen, son los mejores amigos que se puede tener. Estuve en el bar muchas veces y quería pintar el rostro de José Ramón porque pensé que sólo podía encontrar una cara así en España. Entablé relación con él y con su mujer, que hace unos calamares de concurso. Le dije que quería hacerle un cuadro y él me miró como si yo quisiera ligar con él. Finalmente, me dijo que el lunes tenía dos horas libres y vino a mi casa. Empleé las dos horas en pintar su cabeza y en los últimos cinco minutos pinté sus pies. -Sí, ése y otros que he pintado en San Sebastián. Recuerdo que el día que se inauguró el Guggenheim, aquí hubo una inundación a las cinco de la madrugada. Un río de barro y lodo inundaba nuestro jardín. Milagros, del restaurante San Martín, estaba llorando y mirándonos con mucho miedo. Parecía el río Mississippi enloquecido. Tenía diez cuadros abajo, en el estudio, y cuando la lluvia paró, bajé y me encontré un cuadro de Cristo flotando en el agua. Fue como una experiencia religiosa. El resto de los cua- -La exposición incluye obras creadas en Nueva York, en Italia, en lugares de todo el mundo y también en San Sebastián. ¿Qué conclusión le gustaría que sacara el espectador tras visitar Summer -No tengo ni idea. Seguramen- -Alejandro Garmendia, el hermano de mi mujer, es muy bueno y me gusta su obra. ¡Menos mal! Imagina que no me gustasen las obras de mi cuñado. Tendría problemas familiares. Encontré su obra muy buena. Cuando hice la película para el espectáculo Berlín de Lou Reed, incluí imágenes de una de sus obras, en la que una rueda de madera gira dentro de una pecera en la que hay muebles pequeñitos, de juguete. Al ponerse a girar la rueda, los muebles parece que vuelan en el agua. Cuando Lou Reed canta en The Bed This is the place where she lay her head When she went to bed at night los muebles vuelan sobre su cabeza y las chicas del coro parecen fantasmas. Por otro lado, me gustan también las obras de Jorge Galindo, de Madrid, y de su mujer, Felicidad Moreno. ¿Conoce el trabajo de artistas locales o del País Vasco? -En todo caso, los responsables del CICC consideran que la exposición no se agota en una sola visita. -Sí, es verano, hay mucha luz y en muchas salas no es necesaria la luz eléctrica. En los espacios con ventanas, dejaremos la luz natural. En el resto, utilizaremos las luces de la fábrica. No me gusta cuando se colocan los focos sobre los cuadros pro- te, vendrá alguien al que las obras no le dirán nada, pero habrá otros que se quedarán enganchados. -La gente olvida a veces que una obra de arte es un acto de paz. Cuando hay guerra, como en Oriente Medio, los niños de los campos de refugiados nunca tendrán la oportunidad de ver un cuadro, ni de escuchar música. Mi padre era emigrante y nunca tuvo tiempo de pensar en el arte. Con nuestro trabajo, los artistas estamos intentando ofrecer algo de paz a la gente. Una posibilidad de aportar algo a su vida interior. Ésa es mi intención. Quiero decirlo porque a veces nos encontramos en esto del arte algunos discursos insignificantes. No sé si habrá otra vida, pero en los últimos veinticinco años ésa ha sido mi intención. ¿Qué supone para usted esta exposición? voy vestido. En Cannes fui con esmoquin como el resto de la gente. No quiero ponerme la ropa para distinguirme, lo que pasa es que estoy confortable en mis pijamas. No soy un empleado y no tengo reglas. Probablemente, es una expresión de mi libertad. De todas formas, cuando era joven, yo me ponía traje y corbata cuando iba a pintar para parecer así muy formal. ¿Qué es lo que le sedujo del edificio? ¿Quiere decir que esta exposición es un acto de amor? -Eso pienso y, sobre todo, un acto de paz. ¿Irá a la inauguración de la exposición en pareo o quizás en pijama? -No pienso mucho en cómo -La arquitectura es clásica y está bien construido. No entiendo que la idea de progreso sea hacer cosas nuevas para abandonar las viejas. Seguramente, cuando la gente viene a San Sebastián lo hace porque esta ciudad tiene una arquitectura de 1900, no para ver las innovaciones de 2007 como, por ejemplo, la nuevas farolas del Boulevard. No creo que el Kursaal sea mejor que el antiguo casino que antes había ahí. -En realidad, lo que quiero es ayudar a dar una identidad a este espacio y no que la gente del Gobierno local, la Diputación de Guipúzcoa o quien sea, piense que necesita un concurso de arquitectos para dar con ella. El arte es buena forma de poner un sitio en el mapa. -Este edificio tiene las posibilidades del Reina Sofía y lo que hace falta es que su identidad no quede diluida en una niebla burocrática. Llevo treinta años colgando mi obra en ellos y quiero ayudar a la gente de aquí a no perder esta oportunidad. Además, si los responsables de Tabacalera quisieran, podría depositar obras mías aquí cuando se abran las plantas superiores, durante algunos años. No se trata de destruir los edificios para poner torres de cristal, porque las ciudades pierden su identidad y terminan pareciendo todas iguales. -Como artista, ¿cuál es su objetivo con esta exposición? ¿Qué opina del futuro de Tabacalera? ¿Lo expone ahora? El artista neoyorquino cuida hasta el último detalle el montaje de la exposición Más información sobre la exposición: http: www. tabacalera. eu