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ABC MARTES 24- -7- -2007 40 Dos voces españolas para una nueva producción rossiniana 73 Plácido Domingo triunfa en el Real Obras- -Gluck, Händel, Wagner Verdi Intérpretes- -Orquesta Titular (Dir. J. López Cobos) Plácido Domingo (tenor) Ana M. Martínez (soprano) Lugar- -Teatro Real Fecha- -21- VII ANTONIO IGLESIAS Entre otras frases de encomio, se destacó un ¡Te quiero! que sobresalió entre la lluvia de flores caída en el escenario, destacó la ovación con la que nuestro gran tenor fue acogido a su salida ante el público que abarrotó la espaciosa sala. La jornada, dada su categoría artística, partiendo de la figura así festejada sin preparación alguna, hubo de ser compartida en posiciones casi iguales entre el admirado tenor madrileño, la excelente soprano portorriqueña, Ana María Martínez, y la batuta llena de responsabilidades del zamorano Jesús López Cobos, porque sobre los profesores que forman la Sinfónica y Titular hoy del Teatro Real, diré tan solo que se merecieron los claveles rojos que recogió del suelo Plácido Domingo para repartirlos entre ellos. Cinco propinas alargaron en una tercera parte las dos ofrecidas en programa. Quede así consignado que el triunfo, merecidísimo, de todos sus protagonistas prevalece en un imborrable recuerdo. Y parto del primer fragmento escuchado- -el conocido Che farò senza Euridice de Christoph Willibad Gluck- -en la sesión, por soberana lección, severa dicción, nobilísima expresión ofrecida por Plácido Domingo, curiosamente seguida en su insuperable nivel por la naturalidad extrema de la soprano Ana María Martínez en el segundo de los fragmentos operísticos programados, el V adoro pupille deGeorg Friedrich Händel. Todo lo demás he de resumirlo en cotas de rara perfección de los dos eximios cantantes, que, claro está, se produjeron en dúo inmarcesible, tanto en la primera parte operística, como en la segunda, dedicada a nuestra zarzuela. La Sinfónica de Madrid, entregada al mando siempre magistral de López Cobos, digamos que se sumó a tantos merecimientos en todo momento subrayados por la ovación, con los cuatro Preludios de Wagner, Verdi y Chapí. Siempre recordaremos esta espléndida jornada artística. Plácido Domingo y Ana M. Martínez, durante su actuación EFE Juntos pero poco revueltos Intérpretes- -George Benson (guitarra y voz) Al Jarreau (voz) Michael O Neill (guitarra y voz) Tom Hall (teclados) Joe Turano (teclados y saxo) David Witham (piano y director musical de G. Benson) Chris Walter (teclado, bajo y director musical de Jarreau) Stanley Banks (bajo) y Mark Simmons (batería) Lugar- -Patio de Conde Duque, Madrid Fecha- -Fecha: 23- VII. PABLO MARTÍNEZ PITA Se trata de dos artistas que se dedican a hacer malabarismos en esa fina cuerda que separa el jazz del pop. Un hilo por el que también deambulan Michael Franks- -también presente en los Veranos de la Villa- -o Norah Jones- -reciente triunfadora en Vitoria- Es decir, mantienen una reputación de artistas refinados para el público general, pero no convencen a los puristas. En cualquier caso, los que acudieron ayer al Patio de Conde Duque, dentro del festival los Veranos de la Villa, pertenecían, sin duda, a la primera categoría, por- George Benson, a la guitarra, y Al Jarreau, anoche en Madrid que recibieron y despidieron a los dos artistas con grandes muestras de alborozo. George Benson y Al Jarreau se juntaron el pasado año para grabar el disco Givin it up en esa política tan extendida ahora de aunar esfuerzos para afrontar los ma- EPA los tiempos discográficos. El resultado ha sido un disco que no puede defraudar a los seguidores de ninguno de ellos. Música suave, recomendable para engatusar al objeto de nuestros afanes amorosos. Sobre todo si se navega en un crucero. Tras una pequeña introduc- ción de su banda ambos músicos aparecieron en el escenario, pero pronto se volvieron a separar. Fue, más que nada, un concierto de cada uno por su cuenta, y apenas coincidieron para interpretar Tutu -el tema de Marcus Miller interpretado en su día por Miles Davis- y Summer Breeze Al final repitieron melodías juntos, pero mientras Al Jarreau ofreció un recital con sus características subidas y bajadas de voz, como un ascensor alocado, y sus onomatopéyicos alardes. George Benson se esmeró en demostrar sus virtudes vocales con temas como su famoso Give me the night o Turn you love around El sonido, demasiado alto, no dejaba oír los matices y refinamientos que una música de este tipo reclama. Una pena, porque se perdían, sobre todo, los malabarismos que realizaba Al Jarreau con su instrumento natural. George Benson, en algunos momentos, nos recordaba que es un gran guitarrista introducido en los senderos de la comercialidad, pero ya se sabe que el que tuvo retuvo. JUAN ANTONIO LLORENTE MÚNICH. Si algo distingue al Festival de Ópera de Múnich, uno de los más antiguos del mundo, es el modo de estructurar su oferta pensando en los diversos públicos. Para los operófilos que se dan cita en la capital bávara en julio, sirviéndoles durante los treinta días largos menús con las producciones más apetecibles de la temporada; para los nostálgicos, recuperando joyas y, para los que buscan novedades, incluyendo los propios muniqueses, sorprendiéndoles con el estreno de alguna nueva producción. A este último supuesto pertenece El Turco en Italia que el sábado llegaba al Teatro del Príncipe Regente, que ha posibilitado la vuelta del bajo barítono español Carlos Chausson, de fausto recuerdo en La italiana en Argel un título rossiniano como éste. De ahí el fervor con el que el día de la premiére, el público se volcó a la hora de los reconocimientos a este cantante que celebra tres décadas de su debut internacional, en el terreno canoro y actoral, en una medida sólo comparable a la que premió la actuación de Alexandrina Pendatchanska. La soprano búlgara hizo vibrar a la audiencia como Fiorilla. Con una voz impactante, rica en coloraturas y sabias ornamentaciones, capaz de defenderse por igual en los pianísimos o en las alturas más escalofriantes. Muy bien los bajos Simone Alaimo y Roberto de Candia en sus respectivos Selim y Don Narciso, y nota alta para Valentina Kutzarova, sustituyendo como Zaida a la anunciada mezzo chilena Mariselle Martínez. Una de las sorpresa de la noche vino con la vocalidad del tenor catalán David Alegret, perfecta para las exigencias rossinianas. Alegret levantó el primer aplauso de la noche. Luego vinieron muchos más para todos. El apartado escénico, firmado por Christof Loy, gozó del reconocimiento general por su imaginación, enlazando golpes de efecto mágicos al servicio de la disparatada farsa. Todo, al servicio drama bufo del libreto de Felice Romani, del mismo modo que Mauricio Barbacini supo convencer a la orquesta para olvidar su densidad germánica, aligerándose para sacar a flote la alegre música del cisne de Pesaro.