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ABC MARTES 24 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA F. E. N. DEL ZAPATERISMO los futuros profesores de Educación para la Ciudadanía, esa milonga de adoctrinamiento progre que se ha inventado el Gobierno para mantener prietas las filas de su parroquia, les auguro el mismo triste destino que corrieron los de la Formación del Espíritu Nacional con que el franquismo pretendió evangelizar a mi generación en la buena nueva del Movimiento inmóvil. Rechifla guasona, displicencia despectiva y falta de respeto generalizada; es decir, el tratamiento que reserva la educación logsiana a todo educador, pero elevado al cubo por el tufillo de adiesIGNACIO tramiento oficialista y secCAMACHO tario que conlleva una asignatura que, por mucho que el zapaterismo la venda como panacea de civismo democrático, no dejará de ser una maría entre un alumnado acostumbrado a pasarse por el forroinclusolas materias teóricamente más severas de su supuesto aprendizaje. Más que de la polémica objeción de conciencia que preconizan algunos obispos- -no todos, comodejóclaroayerelprudentemonseñor Dorado- -y numerosos educadores cristianos, el verdadero rechazo a este intento de amaestrar a la chiquillería en los valores del republicanismo cívico va a venir de la mano de la indiferencia, sin duda la actitud más juiciosaanteesta impuestacatequesislaica. Respetando el activismo indignado de quienes encuentran en el inventillo doctrinal de ZP una imposiciónmoralinaceptable, queobjetivamente existe, y una injerencia del Estado en el ámbito de las creencias personales, confío más en la deriva natural de nuestro actual sistema educativo, que acabará arrinconando tan estelar ocurrencia en el desván de las inutilidades y supercherías con que la Administracióninvadeladocenciamientras la despoja de su auténtico sentido de enseñanza de conocimiento, rigor, esfuerzo y disciplina. La verdadera batalla que hay que dar en la educación española no es la de esteseñuelo diseñado para revestir al régimen de laicismo igualitarista, sino la de los valores que se transmiten en el resto de una programación docente vacía de contenidos, ausente de luces, deshabitada de ciencia e impregnada de éticas indoloras, énfasis localistas y tópicos tardosesentayochistas del pensamiento débil. No es en la Educación para la Progresía donde le van a comer el coco a unos chavales prevenidos desde quevean entrar por la puerta alprofesor, sinoen laHistoria, las Humanidades o la Filosofía, aliñadas al gusto de la mentalidad dominante, y hasta en las Matemáticas o la Física, desleídas en el principio de la ausencia de dificultad. Es en la erradicación del mérito, en la abolición de la jerarquía intelectual y en el desprecio al método y al esfuerzo donde se la están metiendo doblada a unas nuevas generaciones desinstruidas de cualquiernoción desuperación, virtud, sacrificio o valía. Del mismo modo que la F. E. N. de mis tiempos no consiguió sumar un solo nuevo falangista, es dudoso que esta monserga demagógica valga para clonar ciudadanos uniformados según el patrónéticodeladanismo zapaterista. Si lo lograse sería justo felicitar a sus inventores: habrían conseguido que la Logse sirviese para que alguien aprendiera al fin algo. A LIBERTADES DEL OTRO JUEVES Y A dicen que el mayor exceso de la libertad de expresión consiste en entrar en un teatro lleno de público y gritar: ¡Fuego! También hay otros límites a la libertad de expresión, y ahí las argumentaciones suelen ser sustanciales y muy significativas. No ha sido el caso de la caricatura de los Príncipes de Asturias expuesta en la portada del semanario El Jueves cuya confiscación fue dictada por el juez Del Olmo. En una primera fase, para el PP lo que primó fue abalanzarse sobre el fiscal general para proseguir achacándole servidumbres múltiples a La Moncloa. En segunda fase, el PP optó por seguir en su defensa de la libertad de expresión, pero matizando que la caricatura era ciertamente ofensiva. Desde el Gobierno, la primera fase consistió en decir que lo que haga la Fiscalía General estará bien en relación a su autonomía del gobierno, para luego entrar en una segunda fase, más desapegada, poniéndose en defensa atolondrada de la libertad de expresión. Osadía y temblor de piernas en sucesión acelerada: honda deficiencia de ambas partes en su explicación a la ciudadanía de lo que está en juego y de VALENTÍ cuáles son las lindes de la libertad de PUIG expresión. Habrá sido grande el susto al ver cómo lo que inicialmente era un rifirrafe próximo se trasladaba a la infinita platea de internet. Ahí se diría que lo que menos ha importado es el perímetro jurídico que merece la Corona- -como toda otra institución y como la vida privada- -frente a la agresión, lo zafio y la irresponsabilidad exacerbada. Plantearlo como el derecho de un caricaturista a dibujar lo que le venga en gana traspasa los términos de lo que sería debatir el derecho a injuriar a la Corona hasta el punto de anular la consideración de que ninguna libertad que implica a otros puede ser absoluta. En general, la opinión emitida estos días secunda peligrosamente esa anulación hasta el punto de deteriorar toscamente la misma noción de libertad de expresión, un elemento nuclear de toda sociedad abierta. No está de más recordar a Karl Popper: Debiéramos en consecuencia reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia Por eso la libertad, en toda sociedad libre, es algo circunscrito y no infinito. Para esto existen las leyes. La libertad de expresión implica el deber de respetar la dignidad de los demás. Del mismo modo, toda sociedad se dota legítimamente de sus propias instituciones, asumiéndolas del pasado o creándolas en novo Por eso vivimos en una monarquía parlamentaria. Tales instituciones requieren de unas normas de respeto, de un código de formas compartidas, precisamente porque son de todos, sin que eso dé patente para hurtarle el cuerpo a la crítica y a la transparencia. En el caso de la caricatura de El Jueves en realidad cualquier matrimonio representado en los mismos términos ofensivos tendría el derecho a defender su dignidad. Es por su naturaleza de orden simbólico que damos a la Corona un trato específico, como si fuese el trato que merecemos todos en conjunto como comunidad libre e histórica. Eso corresponde a que la libertad se concreta en el contenido de nuestras elecciones. Tan extendido como falaz, el argumento de que el secuestro de la publicación sólo ha logrado incentivar de forma fulminante la curiosidad del público- -tan característica del ser humano como el aburrimiento- -es como decir que hay que eliminar los semáforos porque algunos gustan de saltárselos en rojo. De hecho, la curiosidad también requiere de límites porque colinda con el derecho a una digna intimidad. Cada sociedad tiene derecho a sus propios tabúes, del mismo modo que puede irse a los quioscos o internet y fisgar en la caricatura de la que todo el mundo habla. No hay contradicción entre el respeto general a la monarquía y la curiosidad chismosa por la portada de El Jueves Entre ambas realidades existen la ley, la Fiscalía General del Estado, los jueces. Pocos desacatan tal régimen de cosas a sabiendas de que una caricatura como la de El Jueves vulnera derechos. No se vea como una paradoja: aquí la intolerancia está en la caricatura y la libertad está en la ley. vpuig abc. es