Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
80 DEPORTES Fórmula 1 s Gran Premio de Europa LUNES 23 s 7 s 2007 ABC Agua bendita para Alonso El español hace pleno en Nürburgring al unir su victoria al abandono de Raikkonen y el noveno de Hamilton J. M. CORTIZAS ENVIADO ESPECIAL NÜRBURGRING. Agua bendita. Bendita agua. Era el único elemento que podía ayudar a Fernando Alonso a paliar la prolongada superioridad de Ferrari. Acudió en auxilio del campeón en Nürburgring en el momento preciso, a siete vueltas del final de una carrera que Felipe Massa- -brazalete negro en ristre- -quería dedicar a su dolida ciudad. El brasileño se veía ya en lo más alto del cajón. Pero la lluvia despertó la furia del español. Desentrañó su carácter depredador, casi salvaje. Condujo al ovetense a una desaforada ambición. Pese a tener claro que el segundo puesto era valiosísimo al no puntuar Raikkonen y Hamilton, buscaba más, el pleno, un regalo anticipado en la semana de su 26 cumpleaños. Despertó a la bicha que el asturiano malencierra en sus adentros y la F- 1 volvió a saborear su vena más bélica. Furibundo, tras dejar en un suspiro su desventaja ante Masa en el cambio de gomas en la vuelta 53, después de ocupar el centro del pit- lane mandando a Fisichella casi al muro para ganar la posición franca en el regreso a la pista, puso el contador a cero e inició una carrera concentrada. Tenía seis vueltas para demostrar lo que confirmó posteriormente ante los medios. La lluvia me gusta Le encanta, sería más exacto puntualizar. Situó en su visor imaginario el Ferrari de Massa y a por él. A tumba abierta, fuera de trincheras, alardeando de valor en el cuerpo a cuerpo. jugársela en horquillas de las que puede salir trasquilado. Prefiere el campo abierto, el de poder a poder. Los dos coches comienzan a rodar en paralelo. Sorpresa a la vista. Como en los guiones que firma Quentin Tarantino junto a la cuadrilla de secuaces que ejercen para él de guionistas. El cineasta de Knoxville, presente en el trazado alemán como fetiche- talismán de Red Bull, se echaba las manos a la cabeza al percibir que algo grande iba a pasar. El firmante de Pulp Fiction lo habría elevado a la categoría de carnicería. El asturiano lo dejó en una ejecución sumarísima. Ni Alonso ni Massa dan su brazo a torcer y se produce el contacto previo al adelantamiento del campeón en vigor. Los siguientes segundos discurren a cámara lenta. El toque, lateral contra lateral, fue muy perceptible. Posibilidad de daños. Alerta máxima. Los siguientes segundos discurrieron a cámara lenta hasta que la galopada del español fue el bálsamo esperado por los suyos. Dos meses y cuatro carreras después de ser laureado en Mónaco, se recuperaba la imagen ganadora del Alonso en estado puro. Como un gladiador, con la ambición por montera. No refrenó su espíritu indomable el abandono de Raikkonen cuando el finés ya le mordía las posaderas. Tampoco la constatación de que no era el fin de semana de Hamilton. Podía haber optado por sacar la calculadora, conformarse con los ocho puntos del segundo puesto y cederle una porción de gloria a Felipe Massa. Sin amagos de irse del asfalto ni golpes con el brasileño. Pero del ábaco del ovetense sólo salen sumas, nunca restas. Cuando el cielo se cubrió, para él se hizo de día. Es, realmente, un tipo atípico. También en las carreras. Buscó el premio gordo y ya ha pasado por ventanilla para cobrarlo. Se queda a dos puntos de Hamilton en el campeonato y saca ya 16 a Raikkonen. No es como para cantar victoria cuando quedan siete circuitos por visitar, pero es a lo máximo que podía aspirar en una jornada en Nurburgring que durante largo tiempo despidió un tufillo ferrarista que tiraba para atrás. Cantó para que lloviera en Silverstone y las nubes han tardado dos semanas en descargar su agua. Bendita. La necesitaba y la devoró como si se tratara de maná. Volvió a ser el de siempre, emergió el espíritu del campeón. Llamó al cámara de la FIA para que recogiera a pie Ninguno cede Ni Alonso ni Massa dieron su brazo a torcer en el tramo final y hubo un contacto entre sus dos monoplazas previo al adelantamiento del campeón El asturiano se queda en la general del Mundial a dos puntos de Hamilton y aleja a Raikkonen a dieciséis Alonso, dominando su bólido en pleno diluvio sobre el trazado alemán del podio la huella dejada por el Ferrari de Massa, mientras señalaba al bólido rojo negando con la mano. Eso no se hace venía a decir. Después, discusión con el brasileño junto a la báscula, gesto despectivo del ferrarista y retorno a la calma, no sin antes celebrar el éxito en el cajón con más vehemencia que en otras ocasiones. Normal. Acababa de salvar un match ball y se metía de nuevo en el partido. Sin Hamilton al lado. Sin sombras. Como un Miura desbocado Las dos primeras andanadas no dieron en el blanco, pero hicieron palidecer al brasileño. Por dentro y fuera, saliéndose del rebufo y llegando desde más lejos para buscar un hueco al frenar más tarde. Era Alonso un Miura desbocado que no atendía a capotes y sólo buscaba el cuerpo. Quería cornear al Ferrari y lo logró un giro después. Fue una dentellada, un enorme bocado con el que el español apresó a su víctima y la engulló de inmediato. En el punto más famoso del fin de semana en Nurburgring, donde Hamilton se estrellaba el sábado. El que Michael Schumacher bautizaba ayer oficialmente como su ese Era el lugar. Alonso describe un largo interior. No quiere Monumental desaguisado, incluido el servicio de grúa que rescató a Hamilton de un mar de grava Una locura. Un ejercicio de supervivencia. Entre el agua, las trampas de Nurburgring y los golpes de efecto, a los aficionados se les pasaron dos horas como si nada. En el arranque, Massa tomó la posición a Alonso y se colocó tras Raikkonen. El español, tercero, intentó la machada en la primera apurada, pero casi consigue irse al prado junto a los dos Ferrari. Tras él se vislumbró fugazmente la imagen de Hamilton. Que nadie pregunte cómo, pero el inglés llegó a escalar del décimo al cuarto puesto en el giro inicial. Comenzó a llover y tras el primer paso por meta llegó la coreografía más celebrada. En la curva 1, comenzó el desfile hacia la grava. Button abre el baile. Le imitaron Sutil, Hamilton, Rosberg, Speed y Liuzzi. El italiano casi se come un tractor- pluma que había ido antes al rescate. Rosario de abandonos. Quienes seguían en carrera entraron a montar gomas de agua. En los viajes de ida y vuelta al pit- lane Raikkonen se olvidó el ticket, entró pasado y por temor a sufrir un toque volvió a la pista atravesando todas las franjas pintadas imaginables. Castigado por torpe, perdió en la absurda maniobra seis puestos. El director de carrera, para evitar males mayores, ordenó bandera roja. Nueva salida lanzada con 56 vueltas por delante y cambios en la cabeza. Antes de que el safety desapareciera, Hamilton, con vuelta perdida, debía superar a todo el pelotón para colocarse en el último lugar. Sí, el británico seguía en liza. Fue sacado de la tierra por una grúa y colocado en el asfalto para reincorporarse a la carrera. La peregrina excusa que avala el reglamento es que al no calar el coche puede ser ayudado. Los demás involucrados no fueron objeto de tanta consideración. Inverosímil, aunque sea legal, que un monoplaza pueda ser rescatado. Si no deja de funcionar el motor, que intente el involucrado desandar el mar de gravilla y si se queda varado, ah, se siente De ahí a que contrate al gruísta del seguro, media un abismo. No tuvo repercusión en la carrera, pero desde luego la instantánea fue tan insólita que forma parte ya de la otra historia de la F- 1.