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46 MADRID LUNES 23 s 7 s 2007 ABC La magia del arte efímero La plaza de San Ildefonso acoge un retrato de once metros de un joven del barrio realizado por el artista Jorge Rodríguez Gerada. Dentro de poco más de un año, un bloque de pisos tapará la obra del pintor LETICIA TOSCANO MADRID. Desaparecerá. Dentro de unos meses, como mucho un año, el fruto de tres semanas de trabajo del artista cubano- neoyorquino, Jorge Rodríguez Gerada, se borrará de la pared de la plaza de San Ildefonso donde está pintada. Sólo en la memoria de los que alguna vez pasaron por allí continuará viva una obra tan particular como su autor. Desde la mediana de un edificio derruido se abre paso entre las típicas tiendas, bares y restaurantes de la zona de Tribunal el retrato a carboncillo de Daniel González, un joven de estética gótica que fue seleccionado por el autor como modelo para su obra. Sus rasgos andróginos y su representatividad en el barrio fueron determinantes para ser seleccionado por el artista. De hecho, muchos de los vecinos que pasan por allí no dejan de sorprenderse ante lo inesperado de la imagen. ¿Es una chica o un chico? se cuestionan algunos, pero la pregunta fundamental, la duda que asoma entre los curiosos es ¿por qué? Durante los días que Jorge Rodríguez Gerada ha estado en Madrid ha intentado explicar la filosofía de su obra a más de 200 personas, que le han planteado al autor sus dudas. Su arte, que se inscribe dentro del movimiento denominado culture jamming trata de crear nuevos iconos, diferentes de los que nos impone la publicidad diariamente. Por eso, Rodríguez Gerada utiliza un soporte de grandes dimensiones, similar al publicitario y realiza un dibujo de gran formato, de unos once metros de altura. Según explica el pintor, es un intento de construir la identidad de nuevo, desde el interior, al margen de modas e imposiciones del mercado. Por ese motivo ha elegido un edificio en construcción, metáfora de como Madrid renace y se reinventa explicó Rodríguez Gerada. Sin embargo, no todos le entienden. Son muchas horas de trabajo duro, al aire libre, sobre una grúa que maneja él mismo, para que al final todo desaparezca. En esta ocasión, ha gastado más de 400 lápices de carboncillo porque su particular lienzo, la medianera del edificio, presentaba superficies especialmente complicadas. Pero esto no es una novedad, siempre elige paredes que van a ser derruidas o sobre las que se va a construir de nuevo. No le interesan las superficies lisas, y sin imperfecciones, son demasiado simples. Sus preferidas son las medianeras de los edificios, porque demuestran que allí, antes de un dibujo, hubo vida. Así, el retrato de Daniel comparte espacio con restos de azulejos, papel pintado y hasta fotografías que estaban colgadas en un antiguo y famoso bar del edificio, El Malandrón muy conocido en la movida ochentera madrileña. Da mucha pena que se acabe perdiendo el retrato le suelen decir los viandantes al autor. Lo que ocurre- -reconoce Rodríguez Gerada- es que nos choca porque no estamos acostumbrados a hacer algo porque nos hace sentir bien, porque es humano y no por dinero o por permanecer en el tiempo. Para este artista, la obra no es sólo el dibujo, es un concepto más global que comienza con la búsqueda del modelo, continúa con conversaciones con la persona elegida y se complementa con las reacciones de los que contemplan el dibujo. El diálogo es fundamental para este pintor efímero que inmortaliza su proceso de creación en documentales que realiza su esposa, la fotógrafa Ana Álvarez- Errecalde. Mi trabajo me permite dialogar con la gente, compartir, y esto no ocurre con los mensajes publicitarios, que imponen las ideas El diálogo en la obra El artista Jorge Rodríguez Gerada, junto a su obra explicó el autor, crítico con la tiranía del mercado actual. En esta ocasión, el público madrileño le ha mostrado su apoyo en su lucha por crear nuevos iconos sociales que consigan los quince minutos de fama de los que hablaba Warhol Muchos se pasaban a me- DANIEL G. LÓPEZ El objetivo es crear iconos reales, al margen de las modas que impone el mercado publicitario Cuatro años dibujando en las paredes españolas Nacido en Cuba, con abuelos gallegos, Jorge Rodríguez Gerada ha vivido en Nueva York desde que sus padres huyeron de la isla por no sentirse a gusto con el régimen castrista, cuando él tenía sólo tres años. Curiosamente, en otras circunstancias muy distintas, el artista se despidió de la ciudad de los rascacielos, entre otros muchos motivos, por su disconformidad con la política del presidente George W. Bush. Desde que llegó a España en 2002, ha realizado retratos en Barcelona, donde vive, y en Madrid, donde Fuencarral y Embajadores fueron las zonas elegidas para sus murales, despertando el interés de un público que aún recuerda las obras del artista. El próximo objetivo de Rodríguez Gerada es la ciudad de Vitoria, aunque no descarta volver a la capital donde aún le quedan muchos barrios y caras por descubrir. nudo por la zona para comprobar como evolucionaba la obra. Otros, poco sensibilizados con el arte contemporáneo, no dudaron en expresar libremente sus reparos con la filosofía del pintor: La de tonterías que hay que ver en la Comunidad de Madrid le dijo una vez un ciudadano, ante la sorpresa de los todos los presentes. Dentro de un año, allí donde ahora hay una obra de arte, más de 50 viviendas ocuparán su espacio, pero su autor espera que continúe viva en la memoria de los que pasaron por allí y supieron ver algo más que un dibujo en un edificio ruinoso. El arte efímero de Jorge Rodríguez Gerada sigue latiendo entre los que involuntariamente, con sus gestos, sus preguntas y su interés pasaron a formar parte de su obra.