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44 MADRID LUNES 23 s 7 s 2007 ABC AL DÍA Pedro Montoliú Fútbol integrador Más de 3.000 personas se congregaron ayer en el antiguo Canódromo de Carabanchel para presenciar la final del V Mundialito de la Inmigración y la Solidaridad entre Paraguay y Uruguay. El encuentro se saldó con la victoria de los primeros con un resultado de 8- 2. POR L. TOSCANO FOTOS DE SAN BERNARDO MADRID. Dar una alegría a los compatriotas era el objetivo de la mayoría de los jugadores de fútbol que disputaron ayer la final del V Mundialito de la Inmigración y la Solidaridad. El partido, entre Paraguay y Uruguay, se saldó con una abultada victoria de los primeros, que revalidaron el título de campeones conseguido el pasado año. Pero más allá de los trofeos y las medallas, jugadores y aficionados se aferraban a la ilusión de sentir los colores tan lejos de casa. En el antiguo Canódromo de Carabanchel, unas 3.500 personas, hinchas de ambos conjuntos, animaban los colores de su selección con la misma fuerza que lo harían en un Mundial de Fútbol. Desde las 10.30, los aficionados de Paraguay comenzaron a concentrarse en las instalaciones del Canódromo, equipados con camisetas, banderas y los tradicionales mates y tererés paraguayos. Tanto ellos, como los uruguayos, no dejaron de animar en ningún momento a sus equipos al ritmo de tambores, timbales y cánticos folclóricos de ambos países. Formados por inmigrantes nacidos en sus países correspondientes y residentes en Madrid, la calidad de algunas de las jugadas evidencia que no todos los equipos están compuestos por simples aficionados al deporte rey. Muchos de los deportistas más aclamados entre el público participaron en la Primera división de sus países de origen. Algunos fueron auténticos ídolos que por circunstancias de la vida cambiaron las equipaciones por trabajos mejor remunerados en España. Ahora, los que antes fueron futbolistas son albañiles, conserjes, jardineros o promotores inmobiliarios. Es el caso de Juan Francisco Morel, uno de los componentes del conjunto paraguayo que ha jugado durante casi 20 años en diferentes clubes de la primera división de su país. Debutó en 1984 en el Sportivo Luqueño, un modesto equipo que el año pasado consiguió ganar la liga de Paraguay. De ahí, pasó al River Plate donde militó tres temporadas y de ahí pasó al Doce de Octubre de Itauguá, equipo en el que desarrolló la mayor parte de su carrera deportiva. Sin embargo, en Paraguay, el sueldo de un profesional del fútbol no es suficiente para mantener a una familia con hijos indicaba ayer Morel, quien hace tres años y medio vino a España con toda su familia. Ahora, trabajando en la construcción gana tres veces más que en el país iberoamericano y reconoce que su mujer y sus tres hijos se han adaptado perfectamente a la nueva situación. Gracias al fútbol ha conocido a mucha gente en España y hace poco le han ofrecido dar un curso como director técnico deportivo a un modesto club que no piensa desaprovechar. Otros, dejaron en sus países de origen unas carreras prometedoras que apenas habían despuntado y utilizan el Mundialito como una plataforma para ser vistos por ojeadores. Miembros de las dos selecciones esperan recibir pronto ofertas de equipos regionales o de Segunda división que estén interesados en su forma de jugar, aunque no saben si podrán dejar los trabajos que tienen actualmente. No sólo los jugadores tienen una historia vital de superación e integración en su biografía. El entrenador de Paraguay, Cándido Díaz, jugó como futbolista profesional en España hace ya treinta años. Díaz recuerda con nostalgia cómo formó parte de la plantilla de equipos como el Carabanchel y el Oviedo, y compartió colores con ju- VUELVEN LAS COLAS L a cola, contra lo que podría pensarse, no es ni un invento español ni se remonta a un pasado tan remoto. La cola, patrimonio inicialmente del mundo de los espectáculos y de la alimentación, cobró su apogeo en el siglo XX. Hasta el desarrollo industrial sólo podían adquirir un producto artesanalmente realizado quienes pudieran pagarlo. Con el desarrollo de la industria los productos comenzaron a salir en serie, se abarató su coste y pudieron ser adquiridos por una mayor cantidad de personas. El deseo de obtener algo antes que el vecino hizo que la aparición de cualquier novedad llevara aparejada la realización de una lista de pedidos o la aparición de una cola. Y del mundo industrial, la cola pasó al sector servicios. En 1909, el matemático, estadístico e ingeniero danés Agner Krarup Erlang publicó una teoría de colas con la que intentó gestionar mejor el tráfico telefónico de Copenhague. Desde entonces hasta ahora la cola ha pasado a formar parte de nuestros paisajes urbanos. En Madrid, por ejemplo, las colas ante los establecimientos de alimentación tras la guerra civil fueron habituales, a pesar de los fracasados intentos de las autoridades de eliminar algo tan deplorable como una cola. Porque, una cola es, sin duda, la muestra más evidente de que las cosas se han programado mal. Bancos y algunos departamentos de la Administración consiguieron casi eliminar ese espectáculo mediante tableros electrónicos desde los que llaman en función del número recogido a la entrada, pero en los últimos años la cola ha vuelto a resurgir con fuerza. Da igual que sea ante las oficinas del DNI que ante la Delegación del Gobierno, da igual que sea para renovar el carné de conducir, pagar en un supermercado o solicitar un certificado de penales ante una embajada. La cola ha vuelto y, o exigimos a empresas privadas e instituciones públicas que se doten de medios y de personal suficiente, o, en plena era de internet, volveremos a ver acampadas nocturnas para cumplir cualquier trámite. Futbolistas profesionales Algunos jugadores fueron deportistas profesionales en sus países de origen y otros esperan ofertas de clubes modestos Las hinchadas animaron al ritmo de tambores, timbales y cantos folclóricos Entrenadores con trayectoria Niños de diferentes nacionalidades sueltan palomas al comienzo del partido gadores de la talla de Chato González. Ahora, es jardinero en Madrid y se mantiene unido al fútbol entrenando a la selección paraguaya en el Mundialito. Por segundo año consecutivo Díaz ha llevado al equipo rojiblanco a la victoria. En esta ocasión, han sido ocho los goles marcados por el conjunto paraguayo y sólo dos los encajados, gracias, en gran parte, a la actuación de una de las estrellas del equipo: Alfredo Enciso, un joven portero de 24 años que actualmente trabaja de chófer de una familia madrileña. El míster de Uruguay, Américo López, también cuenta con una larga trayectoria como profesional en el mundo del fútbol. Con 38 años, ha jugado durante 15 temporadas en diferentes equipos de la primera división uruguaya, como el Progreso, el Rampla Junior o el San José. Ahora trabaja como promotor inmobiliario en Pozuelo y no descarta la posibilidad de volver a entrenar a algún equipo de tercera división. La profesionalidad de los deportistas se reflejaba también en los vestuarios. Minutos antes del inicio del encuentro la concentración de los jugadores era total. Las palabras de ánimo de los técnicos de Paraguay precedieron a las oraciones que todos rezaron juntos y en voz alta. Los gritos de Fuerza Paraguay y Somos celestes inyectaron la adrenalina nece-