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ABC LUNES 23- -7- -2007 ESPAÑA 27 Guillermo Luca de Tena EUROPA PRESS TV El presidente de Vocento, Santiago de Ybarra, con el ex ministro Carlos Solchaga Alberto Ruiz- Gallardón, Manuel Chaves, Ignacio Sánchez Galán y Belarmino García Ignacio González conversa con Javier de Godó en presencia de Daniel Gavela reinterpretación de la historia. Había, es cierto, dos conductores en El País de los primeros tiempos, pero no siempre pedaleaban en el mismo sentido, o a la misma velocidad, aunque hubiera en todo momento un entendimiento instintivo de lo que cada uno se traía entre manos. Dos personalidades fuertes a quienes, además, se atribuía por separado el éxito del periódico. Y eso era un campo minado para los resquemores y los celos. Las líneas paralelas terminaron por encontrarse cuando Cebrián dejó la dirección del periódico para convertirse en consejero delegado de Prisa. Para entonces, la preeminencia entre ambos, que nunca se había discutido de puertas adentro, dejó de constituir una especulación malintencionada. Uno de aquellos momentos difíciles fue la fugaz experiencia de El Globo. Me tocó vivirla en primera línea, y me supuso un enorme desgarro. Perdí la virginidad profesional en aquel episodio triste. Y supongo que también se dejó parte de su inocencia una empresa que hasta entonces había vivido en la nube del éxito incesante. Con el paso del tiempo, uno tiende a relativizar las causas más directas de una separación. Y llega a pensar que, simplemente, se produjo el final de un ciclo. En mi caso, desde luego. Y me imagino también que en el de la empresa. Porque muchos otros pilotos del equipo fundacional, de la redacción y de la gerencia, se fueron de Prisa por aquellos años. Las cosas ya nunca volverían a ser igual. Cada cual juzgará si mejores o peores, pero sí muy diferentes. Siempre he considerado, sin embargo, que es una solemne estupidez escupir sobre la biografía de uno mismo. Y, por lo tanto, seguí, y seguiré, pensando que muchos de los mejores años de mi vida profesional transcurrieron a la sombra de Jesús Polanco. Eduardo San Martín, director adjunto de ABC, fue subdirector de El País en los años 80 A LA SOMBRA DE JESÚS En Miguel Yuste todo era mucho más familiar, artesanal y vulnerable de lo que se suponía desde fuera. Y Polanco se insertaba en esa atmósfera próxima y entrañable EDUARDO SAN MARTÍN onocí a Jesús Polanco cuando los dioses aún eran terrenales. Cuando a su apellido no le precedía todavía el de aristocrático. Y me quedaré siempre con esa imagen, entre otras razones porque la leyenda negra que le fueron fabricando- -entre otros algún antoniolópez que había compartido admiración por él con quienes estuvimos en su entorno en un momento crucial de nuestras vidas- -comenzó a prosperar cuando mi camino ya se había separado del mundo prodigioso que fue El País de los tres primeros lustros de democracia restaurada. En la edad adulta, las enormes distancias de nuestros escenarios infantiles empequeñecen. Todo resulta después mucho más cercano de cómo lo fijamos en la memoria. El recuerdo que conservo del Polanco de aquellos tiempos es el opuesto: entonces todo era mucho más próximo. El mito en el que pronto se convirtió el periódico que él impulso de manera decisiva, aunque no desde luego única, se desvanecía intramuros de Miguel Yuste. Todo era mucho más familiar, artesanal y vulnerable de lo que se suponía desde fuera. Y Jesús se insertaba en esa atmósfera próxima y entrañable. Accesible como sólo puede serlo el patrón de una empresa familiar, compartía con toda naturalidad confidencias y copas de Johny Walker etiqueta negra, en la oscuridad del pub en que la que concluían muchos de los fiestuchos de la época, hasta con quienes ocupábamos en esos días un puesto de segundo rango en la jerarquía del periódico. No mucho más tarde, es verdad, las distancias interiores crecieron en la misma proporción que las dimensiomedidanes externas de la empresa. Pero con Jesús siempre se podía hablar. No todo fue un camino de rosas en aquellos días. Hubo momentos muy tensos, casi de zozobra. El entendimiento entre un empresario de comunicación y la redacción de un periódico era entonces de naturaleza muy dialéctica. La lealtad no equivalía a sumisión. Debería seguir siéndolo hoy. Por desgracia, lo es cada vez con menos frecuencia. El tándem supuestamente inmemorial Polanco- Cebrián responde a una C