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ABC LUNES 23 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA TODOS B CAMAREROS UENA parte de las autonomías españolas- -casi todas las que se asoman a la costa- no casualmente las de mayor pujanza y dinamismo económico, deben gran parte de su reciente prosperidad al binomio construcción- turismo, que constituye lo más parecido que tenemos por aquí a una industria con liderazgo. Pero ese arriesgado modelo de crecimiento, que compromete el agotamiento del territorio como recurso, empieza a observar una declinación de los ingresos turísticos, que siembra de pesimismo a un sector especialmente sensible, por no IGNACIO decir quejoso; junto a los CAMACHO de la agricultura, los profesionales turísticos parecen siempre afectados de una recurrente insatisfacción con el curso de los acontecimientos. El horizonte turístico español, dependiente de factores azarosos relacionados con el bienestar de los demás y el nuestro propio- -más de la mitad de los compatriotas ha confesado al CIS que no veraneará este año- se estrecha por culpa de la barata competencia de otras zonas y por un cierto colapso de su mismo desarrollo. El crecimiento disminuye y empieza a cundir, si no la alarma, sí una cierta preocupación razonable. Pero casi nadie se pregunta en estas circunstancias si la calidad del servicio que ofrecemos corresponde a la altura de la oferta y, sobre todo, a las condiciones cada vez más exigentes de la demanda. Hablamos de atraer a un turismo de calidad sin reflexionar sobre la calidad de lo que estamos vendiendo. España tiene quizá las mejores instalaciones hoteleras y hosteleras de Europa, pero sus servicios distan mucho de la profesionalidad y el rigor que requiere el liderazgo. Se gastan cientos de millones de euros en cursos oficiales de formación profesional cuyos frutos no brillan en el ejercicio cotidiano, y con demasiada frecuencia se ofrecen servicios descuidados, desatentos, insuficientes y a menudo chapuceros. Esto, en el propio sector; sin contar la negligencia con que las administraciones se toman la necesidad deconstruir sistemas generales, infraestructuras de transporte o asistencia sanitaria a la medida de los impactos masivos que soportan las zonas más sensibles en la época más activa. Dicho como se dice en Andalucía: si hemos de ser casi todos camareros, tenemos que ser los mejores, entre otras cosas porque no existen muchas más posibilidades de especialización. Si vamos a vivir del turismo- -y no son pocos los territorios donde es literalmente así- hay que ofrecer el mejor servicio posible. No basta con llenar: los clientes tienen que quedar satisfechos para que sientan ganas de volver. Y ahí fallamos; las estadísticas de visitantes rara vez destacan el factor de la recurrencia. Éste es un compromiso en el que nadie puede aflojar, y del que sin embargo todo el mundo señala responsabilidades ajenas; los empresarios, a la administración, ésta a los profesionales, los sindicatos a la patronal, y ésta de nuevo a las empresas. Un círculo poco virtuoso en el que se quedan fuera los que pagan sin disfrutar de un nivel adecuado a los precios que a menudo se les cobran. LA UTOPÍA CIVIL DE ZAPATERO N una arenga a las Juventudes Socialistas el presidente Zapatero ha proclamado que la defensa de la asignatura llamada Educación para la Ciudadanía constituye una utopía civil a la que determinados sectores resistentes a las ideas de igualdad y pluralidad se niegan Siempre me ha fascinado (y amedrentado) la desfachatez con que los demagogos manipulan y tergiversan los conceptos políticos, hasta obligarlos a significar lo contrario de lo que realmente significan. Quienes mostramos reticencias o franca oposición a esta asignatura sustentamos nuestros argumentos sobre la defensa de la libertad de conciencia, que es tanto como sustentarlos sobre los conceptos de igualdad y pluralidad. Es la libertad de conciencia la que garantiza que los individuos puedan profesar en igualdad jurídica ideas, convicciones y valores diversos, siempre que tales ideas, convicciones o valores no sean delictivos. Los detractores de Educación para la Ciudadanía no pretendemos imponer a nadie nuestros valores (ni siquiera creo que todos los detractores de tal asignatura profesemos los mismos valores) simplemente reclamamos la liJUAN MANUEL bertad para poder profesarlos, sin injeDE PRADA rencias del Estado. Miente Zapatero cuando sostiene que esta asignatura pretende que se conozca y se respete la Constitución y sus valores Los valores que preconiza la Constitución son de índole político y social; en modo alguno la Constitución aspira a invadir el ámbito de la moral privada ni a establecer una suerte de monopolio ético, como postula esta asignatura. Por usar la expresión calderoniana, diremos que esta asignatura no se retrae ante lo que es patrimonio del alma podemos discutir que ese patrimonio pertenezca a Dios, según las creencias de cada cual, pero desde luego a quien no pertenece es a Zapatero, ni a la facción que representa, ni a quienes puedan sucederles en el futuro. Pero resulta de gran interés saber en qué consiste exactamente esa utopía civil que vindica Zapatero ante las Juventudes Socialistas. Él mismo nos lo aclara en E su arenga cuando sentencia: Los valores de la ciudadanía son los que deciden libre y responsablemente quienes representan a los ciudadanos ¡Acabáramos! A la postre, la utopía civil de Zapatero no se distingue demasiado de las utopías que defendieron los regímenes comunistas. Cambian las formas- -los valores que rigen en tal utopía ya no los impone la Komintern, sino la matemática parlamentaria- pero subsiste la misma argumentación de fondo: como cualquier totalitario que se precie, Zapatero considera que es obligación del poder establecido fijar los valores por los que deben guiarse los ciudadanos; considera que es obligación del poder crear un hombre nuevo que se amolde a los postulados oficiales y establecer una sociedad nueva en donde el valor intrínseco de cada persona (que sólo es valiosa mientras adopta decisiones morales) quede anulado en pro de la comunidad. Zapatero propone, en definitiva, una reeducación social que convierta a los ciudadanos en autómatas que asimilan los valores que el poder establecido decide libre y responsablemente La apelación a la libertad y a la responsabilidad de los ingenieros sociales adquiere los contornos del sarcasmo: también la Komintern actuaba libre y responsablemente cuando imponía las directrices que debían guiar el comportamiento de quienes estaban oprimidos bajo su férula. Sostenía Jean- François Revel que la tentación totalitaria, bajo la máscara del demonio del Bien, es una constante del espíritu humano Lo ha sido, desde luego, de la izquierda, que siempre ha encontrado la manera de exponer sus pavorosas monstruosidades bajo la fachada risueña de una filantrópica utopía civil Zapatero, después de proclamar sin empacho que los valores de una sociedad democrática son los que aleatoriamente determine en cada momento la matemática parlamentaria, execra a quienes nos atrevemos a disentir de esta delirante concepción y sostiene que pretendemos imponer nuestra doctrina, siempre intolerante, siempre cerrada Pero aquí el único que pretende imponer su doctrina, aunque la disfrace beatíficamente de utopía es él. Bajo la máscara del demonio del Bien, la izquierda sigue fiel a sus designios.