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ABC DOMINGO 22 s 7 s 2007 ESPAÑA 27 PESAN LAS BOTAS Acebes ha puesto a su colega catalán Piqué en una situación insostenible, y lo ha hecho sin contar con la anuencia expresa de su jefe peor, es que ha sido expulsado contra la voluntad de Rajoy. Que Piqué era rival, o más vale decir, enemigo de Acebes, es un hecho notorio. Lo es igualmente su estrecha relación con el presidente popular. Ambas consideraciones, combinadas, insinúan una hipótesis muy preocupante: la de que Acebes ha puesto a su colega catalán, de intento, en una situación insostenible, y lo ha hecho sin contar con la anuencia expresa de su jefe. ¿Qué posibilidades asisten a esta hipótesis? Quizá pocas. Pero se trata de una composición de lugar que sería prematuro excluir del todo. El supuesto número dos, más realista y no tan malo, aunque en absoluto bueno, se inspira en los efectos portentosos del caos administrativo, fortalecido por dosis indeterminables de intriga política. Los populares siguen declinando en Cataluña, a despecho de la desafección creciente del electorado hacia CiU y el tripartito. Sin duda alguna, el PP tiene perdida la batalla de Álvaro Delgado Gal n equipo de fútbol puede delatar su mal estado de forma de dos maneras distintas. Si los jugadores no han entrenado ni seguido una dieta adecuada no rendirán en el campo, por clara que sea su concepción del juego. Imaginemos, además, que su concepción del juego tampoco es clara. En ese caso, les irá mal en la liga, aunque se pongan a hacer flexiones o a correr como galgos. La salida intempestiva de Piqué sugiere que el PP reúne las dos carencias que hemos atribuido a nuestro equipo ficticio. Vayamos por partes. La dimisión fulminante del ex barón popular se presta a ser analizada desde tres supuestos distintos. El primero, y U las generales si no mejora en aquella región. Es probable que la iniciativa de levantar allí una gestora haya obedecido en un principio al propósito técnico de reconducir un poco la situación. Ello no quita, sin embargo, para que el proyecto mutara sobre la marcha, y algunos puntos fuertes de Génova aprovecharan la ocasión para extremar el control sobre Piqué y propinarle, de paso, una colleja. La colleja le ha roto la nuca. Rajoy habría seguido el asunto desde lejos, acaso incierto entre derrotar a un lado, o al contrario. Y habría extendido el acta de defunción de su amigo, no porque la tuviera preparada, sino porque las cosas las enreda el demonio y a partir de cierto momento vale más colocarse al frente de la manifestación que rectificar su curso. No es descartable, por último, que Rajoy haya querido la substitución de Piqué. Pero ha elegido un mal momento, o por lo menos, un mal procedimiento. Tras la espantada indecorosa Algunos extremaron el control sobre Piqué para propinarle una colleja, pero la colleja le ha roto la nuca de Matas, la exorbitación de Piqué destruye la victoria simbólica que el PP había obtenido en las elecciones municipales y transmite una sensación de interinidad, de desorden interno, muy lesivos para la derecha. Hace un mes, el PP estaba en alza, y como disparado hacia una no inverosímil victoria en las legislativas. Constituye casi un milagro que el Gobierno, con unos resultados mediocres en las urnas, y naufragado el proceso negociador con ETA, se haya colocado de nuevo en posición de ventaja. Por descontado, puede ocurrir todavía de todo. Es más, casi todos los días ocurre de todo. Pero el PP, para continuar con la analogía balompédica, anda flojo de remos y con unas ojeras que le llegan hasta las rodillas. Y esto no es lo más grave. Lo más grave, es que no parece funcionar tampoco la estrategia. O para ser más precisos, no se constata una estrategia concreta. La orientación catalanista de Piqué era objetivamente compatible con las medias tintas que Rajoy ha elegido para afrontar esta nueva fase de la política española. El PP ha impugnado, por ejemplo, el Estatut. Ahora bien, el recurso al Constitucional le quema al tiempo como una patata caliente. ¿La razón? La razón es que cuenta con CiU para formar una mayoría parlamenta- ria y ser gobierno si los números le acompañan. Tampoco era Piqué un obstáculo desde el punto de vista doctrinal. En realidad, se desconoce el punto de vista doctrinal del PP en lo referido a la organización del territorio. Lo más que cabe decir, es que el PP cultiva cierta idea de España, enturbiada o dislocada por zafarranchos locales, y muy comprometida por la decisión de elegir el camino que conduce más por lo derecho a La Moncloa. Dicho camino pasa, naturalmente, por abrirse a los nacionalistas. Resultaría simplificador descalificar ese itinerario con solo el argumento de que no es ideológicamente coherente. Si el PP se queda a dos velas dentro de unos meses, entra dentro de lo posible que se descomponga, y este futurible no es del agrado, se comprende, de su jefe. Pero una política esencialmente finalista, una política prendida del objetivo preponderante de ser poder, no sale gratis. El PP oscila entre la oposición frontal al Gobierno, lo que está justificado, y la errabundez, lo que está menos justificado y además desvirtúa en parte su labor de oposición. Si lo que usted eminentemente hace, es oponerse, su trayectoria será la que marquen los movimientos de su rival. Esto lo saben también los aficionados al fútbol.