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ABC DOMINGO 22- -7- -2007 Trigésimo aniversario de la apertura de las Cortes constituyentes ESPAÑA 25 UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE ESPAÑA El discurso del Rey Juan Carlos que abrió la legislatura fue recibido con una calurosa ovación s Aquí se reproduce buena parte de su excepcional intervención Señores diputados, señores senadores: Les saludo como representante del pueblo español, con la misma esperanza que ese pueblo tiene depositada en ustedes: la esperanza de que el voto que les ha otorgado sea el punto de partida para la consolidación de un sistema político libre y justo dentro del cual puedan vivir en paz todos los españoles. Se abre hoy solemnemente la primera Legislatura de las Cortes de la Monarquía. Al presidir esta histórica sesión, veo cumplido un compromiso al que siempre me he sentido obligado como Rey: el establecimiento pacífico de la convivencia democrática sobre la base del respeto a la Ley, manifestación de la soberanía del pueblo. Hace poco más de un año y medio, en mi primer mensaje como Rey de España, afirmé que asumía la Corona con pleno sentido de mi responsabilidad y consciente de la honrosa obligación que supone el cumplimiento de las leyes y el respeto de la tradición. Se iniciaba una nueva etapa en la Historia de España que había de basarse, ante todo, en una sincera voluntad de concordia nacional y que debía recoger las demandas de evolución que el desarrollo de la cultura, el cambio generacional y el crecimiento material de los tiempos actuales exigían de forma ineludible, como garantía del ejercicio de todas las libertades. Para conseguirlo, propuse como empresa comunitaria la participación de todos en nuestra vida política, pues creo firmemente que la grandeza y la fortaleza de la Patria tiene que asentarse en la voluntad manifiesta de cuantos la integramos. Su presencia en este salón de sesiones; la representación que cada uno ostenta; la realidad visible de que las nuevas Cortes recogen una pluralidad de ideologías, son la mejor muestra de que, por una parte, se ha traducido a la práctica aquella voluntad de concordia nacional y, por otra, que este solemne acto de hoy tiene una significación histórica muy concreta: el reconocimiento de la soberanía del pueblo español. El camino recorrido hasta el día de hoy no ha sido fácil ni sencillo. Pero ha resultado posible por la sensata madurez del pueblo español, por sus deseos de armonía, por el realismo y la capacidad de evolución de los líderes que hoy están sentados en este Pleno y por la favorable actitud de los altos órganos del Estado para asumir las exigencias sociales. Hemos conseguido que las instituciones den cabida en su seno a todas aquellas opciones que cuentan con respaldo en la sociedad española. No voy, por supuesto, a exaltar ahora el esfuerzo que nos permitió llegar a esta meta. Pero sí quiero decirles que entre todos hemos construido los cimientos de una estructura sólida para la convivencia en libertad, justicia y paz. Esos cimientos constituyen nuestro punto de partida para construir la España a la que todos aspiramos. Una España que queremos armónica en lo político, justa en lo social, dinámica en lo cultural y progresiva en todos los aspectos, basada en la concordia y con capacidad de protagonismo en el mundo. Hemos conseguido entre todos que haya un lugar para cada opción política en estas Cortes. Ahora queremos que lo haya asimismo para cada ciudadano en el mundo del trabajo, de la cultura, de la economía, de la información y de las demás esferas de nuestra sociedad. Como Rey de España, al tener la soberanía popular su superior personificación en la Corona, quiero convocarles a una colaboración plena y decidida para conseguir esos fines. La democracia ha comenzado. Ello es innegable. Pero saben perfectamente que falta mucho por hacer, aunque se hayan conseguido en corto plazo metas que muchos se resitían a imaginar. Ahora hemos de tratar de consolidarla. En estos momentos cruciales de nuestra Historia hemos de procurar eliminar para siempre las causas históricas de nuestros enfrentamientos. Creo que poseemos las condiciones de altura de miras y de afán de trabajo en común para encararnos con un porvenir de paz y progreso. La Corona desea una Constitución que dé cabida a todas las peculiaridades de nuestro pueblo y que garantice sus derechos históricos y actuales. Desea el reconocimiento de la diversa realidad de nuestras comunidades regionales y comparte en este sentido cuantas aspiraciones no debiliten, sino enriquezcan y hagan más robusta la unidad indiscutible de España. La Corona desea un marco de justicia para las relaciones entre los hombres y un ejercicio de la autoridad sin discriminaciones. La Corona desea que se creen los instrumentos necesarios exigidos por la dignidad del hombre. Y nada dignificará más a quienes estamos obligados a resolver en común nuestro destino, que la aceptación de las normas que estas Cámaras van a elaborar. España y el mundo miran hoy a estas Cortes. Estoy convencido, pues conozco la sinceridad de los ideales de sus miembros, que el sentimiento de esperanza con que nuestro pueblo confía en los resultados de las tareas no se verá decepcionado. Sé perfectamente que estas Cortes van a dar ejemplo al país de austeridad, de entrega y de eficacia en su labor. En esa ilusionante tarea no les faltará nunca el estímulo y el impulso de la Corona. Yo pido a Dios que me ayude siempre a cumplir con mi deber en el servicio de España. Los valores y las virtudes que los españoles han puesto de manifiesto; la esforzada entrega de sus representantes al quehacer político; la labor de nuestras instituciones; la lealtad y la disciplina de nuestras Fuerzas Armadas y, en fin, el patriotismo de todos, nos permite afrontar con entereza y optimismo los problemas del presente y confíar en un futuro de paz y libertad. Con estos propósitos, con esa esperanza y con esa ilusión, queda abierta la Legislatura. Márquez Revieriego. El discurso fue el que tenía que ser afirma, contundente, Manuel Fraga. Ysart lo califica de muy emocionante y Múgica de absolutamente conciliador Por su parte, el periodista Fernando Jáuregui hace hincapié en la importancia de la figura de Don Juan Carlos: Si no hubiéramos tenido al Rey, no sé lo que hubiera pasado. Él se dio cuenta desde el 75 de que las cosas sólo funcionarían de una manera. Todo el mundo entendió su papel Uno de los lugares clave en la novedosa convivencia entre los diputados- -y también los periodistas- -fue el antiguo bar del Congreso de los Diputados, situado por aquel entonces en el vestíbulo que hay tras la puerta de los leones, donde lo había colocado casi un siglo atrás el Conde de Romanones. El bar ayudó mucho a la convivencia porque por sus dimensiones obligaba al contacto físico. Era una caldera viva y muy interesante de convivencia entre todos, juntos y hasta revuel- tos, felizmente revueltos y no unos en la cárcel y otros en el Gobierno, como ocurría antes. Se hacía un ejercicio de democracia práctica, de diálogo, en la barra de un bar afirma Márquez Reviriego. Por cierto- -añade- el nombre popular del bar era la taberna del cojo puesto que Romanones tenía cierta cojera El bar era un reflejo del espíritu del momento histórico- -señala Jáuregui- fue una gran pérdida Y es que en 1983 Gregorio Peces- Barba decidió cambiar la ubicación del bar, que subió a la tercera planta, donde continúa hoy. La decisión es difícil de entender si se tiene en cuenta su importancia para fomentar la concordia pero es que el bar empezó ya a demostrar las ventajas y los riesgos de tener algo así tan cerca de la sala. Algún que otro diputado se pasaba un poco con la bebida bromea Fraga. Queremos una España armónica en lo político, justa en lo social y progresiva en todos los aspectos La Corona desea una Constitución que dé cabida a todas las peculiaridades de nuestro pueblo El patriotismo nos permite afrontar los problemas del presente y confiar en un futuro de paz y libertad Información sobre todas las legislaturas en: http: www. congreso. es