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ABC DOMINGO 22 s 7 s 2007 Debate interno en el PP ESPAÑA 17 La nueva vida de Jaume Matas Matas rehará su vida en EE. UU. trabajando como economista. Pasa más tiempo en Madrid que en Palma, donde ha comprado un palacete en el centro histórico JOSEP MARIA AGUILÓ PALMA DE MALLORCA. El pasado 21 de junio, el ex presidente balear Jaume Matas (Palma de Mallorca, 1956) anunciaba su abandono definitivo de la política y también su próxima marcha, dentro de unos meses, a Estados Unidos para trabajar como economista. Hasta entonces, seguirá siendo el líder de su partido en el archipiélago, a la vez que, según anunció, colaborará también con el PP nacional en Madrid. De este modo, sin duda controvertido, acaba la carrera política de una persona todavía joven, con 50 años, que presidió el Ejecutivo autonómico en dos ocasiones, entre 1996 y 1999 primero, y entre 2003 y 2007 después, y que fue también ministro de Medio Ambiente entre 2000 y 2003. La decisión de Matas ha suscitado una innegable polémica en estas últimas semanas, ya que ha sido tomada a sólo unos pocos meses de la celebración de las próximas elecciones generales, circunstancia que ha sido criticada, aunque de momento aún más bien únicamente de puertas adentro, por la cúpula de su partido en Madrid, ya que Matas era, sin duda, una de las personas más respetadas y con mayor peso en el partido. Fuentes del PP se hacían cuentas y destacaban que con la marcha de Matas y de Josep Piqué el partido ha perdido de golpe a dos de sus moderados todo un indicio de por donde pueden ir las cosas Los defensores del ex presidente recuerdan que él mismo había anunciado hacía ya varios meses que no volvería a ser el candidato de su partido a las elecciones autonómicas de 2011, y también insisten en que lo volvió a ser ahora a pesar de que, seguramente, hubiera preferido abandonar la vida política hace ya un tiempo. Los defensores de Matas señalan que si dentro de cuatro años ya no iba a ser de nuevo candidato, su marcha en estos momentos estaría justificada porque permitiría encontrar a un sucesor o sucesora con tiempo suficiente para poder enfrentarse al socialista Francesc Antich, actual presidente autonómico gracias al nuevo Pacto de Progreso Hay personas que también recuerdan que a lo largo de estos diez últimos años Matas no ha podido dedicar todo el tiempo que hubiera deseado a su familia. Cuando fue elegido ministro, se fue a vivir solo a Madrid, en donde luego vivió con su hijo mayor, y donde sólo más de dos años después se trasladaron sus otros dos hijos y su mujer, Maite Areal. Posteriormente, cuando en 2003 fue designado candidato para presidir el Ejecutivo autonómico, regresó a Palma de Mallorca, y vivió de nuevo solo. Los críticos, claro, ven las cosas de otra manera. En primer lugar, le achacan, al menos en parte, la pérdida de la mayoría absoluta en Baleares, circunstancia que se habría producido, según afirman, por errores como el de adquirir el pasado mes de noviembre un antiguo palacio como nueva residencia personal, por unos 950.000 euros, en el centro histórico de la capital balear. Así, se instaló en una de las zonas más caras de la ciudad, tras vender previamente el adosado que poseía en la barriada de Cas Català. Otros errores habrían sido fichar a la escritora Maria Matas con Piqué, dos exponentes de la línea centrista del PP que han dejado la política de la Pau Janer para su candidatura, a pesar de las conocidas simpatías de la autora por el nacionalismo catalán, o no haber frenado los ataques, en ocasiones furibundos, de personas de su propio partido hacia la líder de Unión Mallorquina, Maria Antonia Munar, a pesar de que esa formación era la única que, en principio, podría pactar con el PP en caso de que éste no obtuviera, como finalmente ocurrió, la mayoría absoluta. A ello hay que añadir el coste de 1,2 millones de euros que supondrá para el nuevo Ejecutivo autonómico el pago de un anteproyecto encargado por Matas meses atrás al arquitecto Santiago Calatrava, para un posible teatro de la ópera en el muelle de la capital, proyecto que ya nunca será realidad. Por otra parte, ha habido también personas, tanto dentro como fuera de su propio partido, que han criticado la defensa que siempre ha hecho Matas de Eduardo Zaplana, de quien es un buen amigo, ya que Zaplana representa, para no pocos analistas, el sector ideológico que provoca un mayor rechazo entre los votantes moderados del PP, que son los mismos que, por el contrario, han reconocido siempre el talante centrista de Matas. La nueva vida de Matas se encuentra ahora a caballo entre Palma y Madrid, en donde estudia uno de sus hijos, lejos ya de cualquier tipo de actividad pública, aunque sigue manteniendo contacto directo con sus compañeros de partido en Baleares. Matas ha pasado de acaparar casi diariamente las portadas de todos los periódicos locales a un ostracismo voluntario y buscado, del que quizás saldrá, quién sabe, en su nueva vida en Estados Unidos. Entre Palma y Madrid Críticas de puertas adentro Su traslado a un céntrico palacete y el fichaje de María de la Pau Janer le lastraron en los comicios Xavier Pericay Periodista y escritor PIQUÉ, POLÍTICO DESPLAZADO uando un dirigente político se lleva mejor con sus presuntos adversarios ideológicos que con sus propios correligionarios es que algo no funciona. O falla el sistema, o falla el partido, o falla el dirigente. En el caso del abandono de la política protagonizado el pasado jueves por Josep Piqué yo diría que ha fallado un poco todo, y a partes iguales. O casi. Por C un lado, el sistema, esto es, la clase política catalana. La anomalía viene de antiguo. Se llama catalanismo, o antifranquismo, y se caracteriza por el binomio inclusión exclusión. El PP catalán ha vivido siempre extramuros. No podía ser de otro modo: para los garantes del sistema, este partido ha sido en todo momento el heredero natural del franquismo, el símbolo del anticatalanismo, el enemigo imprescindible. Por eso a las demás fuerzas políticas les sale tan a cuenta echarlo del tablero de juego, ya sea mediante la firma de pactos solemnes, ya sea poniendo a un notario por testigo. Por otro lado, el partido. En su doble dimensión, regional y nacional. A pesar de las apariencias, no ha habido nunca continuidad entre ambas instancias. El PP de Cataluña no es como el del País Vasco. Durante los últimos tiempos, las relaciones entre Barcelona y Madrid, más que sumar, han restado, en la medida en que las estrategias de unos y otros han sido a menudo demasiado dispares, cuando no manifiestamente encontradas. Y luego, en fin, el propio Piqué. Un líder político no sólo debe mandar; también debe convencer. Sobre todo a los suyos, a los que tiene más cerca. Pues bien, no parece que ésta haya sido la mayor preocupación del ahora cesante. Como si, puestos a sudar, le hubieran interesado más los focos que los locales de las agrupaciones. O como si la posible pesca de votos en aguas del catalanismo le hubiera hecho olvidar la necesaria conservación de los caladeros tradicionales del partido. En este sentido, la aparición en Cataluña de una opción política como Ciutadans, dispuesta a enfrentarse al nacionalismo, le ha hecho sin duda bastante daño. Aunque la culpa, claro, no es de quien compite limpiamente por un espacio electoral, sino de quien abandona el suyo sin reparar en las posibles consecuencias de su renuncia. En el fondo, Josep Piqué ha dado siempre la sensación de ser un hombre políticamente desplazado. Me refiero a estos últimos años, en que ha presidido el PP de Cataluña. Y no sólo desplazado con respecto a la dirección nacional de su partido, sino también con respecto a su propio pasado. Si bien se mira, tan desplazado como pueda estarlo un catalanista condenado a dirigir un partido al que el catalanismo ha negado, por activa y por pasiva, el pan y la sal.