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4 OPINIÓN DOMINGO 22 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA ECONOMÍA CHINA SE RECALIENTA T SIGNOS DE ALARMA EN EL TURISMO UANDO la campaña de verano está servida, los empresarios del sector turístico ya han advertido que, en el mejor de los casos, a lo que aspiran es a repetir los resultados de años anteriores. Si bien es cierto que la oferta local ha mejorado y se ha ampliado, favorecida por una etapa de expansión, no lo es menos que la competencia ha crecido en otros países que aspiran a atraer visitantes extranjeros que estimulen sus economías. El abaratamiento del transporte aéreo habilita nuevos destinos turísticos y la fortaleza del euro resta competitividad a los destinos europeos. En este contexto, la situación de España merece una seria reflexión, puesto que para nuestra economía el turismo es un sector esencial por sus efectos directos e indirectos: en torno al 12 por ciento del empleo nacional se justifica por el turismo y la desequilibrada balanza de pagos puede quedar muy maltrecha si se recortan las divisas que pagan los visitantes del exterior. Una buena parte del crecimiento del PIB corresponde a la aportación del turismo. Los empresarios del sector han alertado sobre los riesgos del estancamiento del turismo local, que es el que había permitido en los últimos años suplir el retraimiento del europeo, especialmente de alemanes y británicos, que desde hace mucho tiempo son los principales clientes turísticos españoles. La encuesta del CIS conocida esta semana revela que más de la mitad de las familias no ven posibilidades de salir de sus hogares este verano debido a que, por unas u otras razones, la renta disponible no permite nuevos gastos. Así que una gran parte de españoles no tendrá más remedio que reducir el número de días de vacaciones, restando potencialidad al sector turístico español, afectado asimismo por la fortaleza del euro, los destinos más baratos en el Mediterráneo y el Atlántico, la pérdida de competitividad específica de la economía española y los incipientes síntomas de inseguridad jurídica que desalientan las transacciones inmobiliarias en la costa. Las necesidades de un sector turístico tan complejo, avanzado y sofisticado como el nuestro no son meramente cuantitativas. El problema es de calidad. No se trata de ab- C dicar del turismo masivo tradicional, el denominado de sol y playa que es hoy por hoy imprescindible, sino de ir complementándolo y sustituyéndolo de manera suave y progresiva por otro tipo de oferta más personalizada y de calidad, que sin duda requiere más inversión y, sobre todo, un servicio muy profesional. A la Administración pública le corresponde proporcionar las mejores infraestructuras y servicios para que los empresarios del sector encuentren un marco institucional de garantías, incluida una mejor fiscalidad, que les permita afrontar las necesarias inversiones que demanda un sector cada vez más fragmentado y competitivo. La solución del turismo español no consiste únicamente en llenar la campaña veraniega de visitantes, que, por cierto, cada vez se gastan menos, sino de dar cumplida respuesta a las exigencias de un mercado abierto en el que otros destinos turísticos han mejorado de manera sustancial, apoyados por Gobiernos que han entendido que, en esta batalla por captar clientela, la inversión pública es una obligación ineludible para no quedarse fuera de una carrera cada vez más dura y competitiva, sin olvidar que el marco laboral necesita flexibilidad para no renunciar a todo el potencial de crecimiento y ocupación. Algunos destinos clave, como los de las islas Baleares y Canarias, que han incrementado la oferta con una sustancial mejora de la calidad, sólo pueden crecer buscando valor añadido, mejora de márgenes y selección de visitantes para aportar más ingresos por cápita. De momento, parece que se encienden señales de alarma en el sector y que la época de crecimiento muestra signos de fatiga e incluso de agotamiento. Todavía estamos a tiempo de captar el mensaje que ofrecen las más recientes cifras del turismo en España. No se trata de que el Gobierno sustituya la iniciativa empresarial, pero sí de que la apoye cumpliendo con su obligación: que no levante obstáculos añadidos y preste servicios públicos eficaces con las menores cargas fiscales. Las señales de alerta en 2007 obligan a replantearse el futuro más inmediato con rigor y determinación porque no hay tiempo que perder. LAS CORTES DE LA TRANSICIÓN E cumplen 30 años desde la puesta en marcha de las Cortes surgidas de las primeras elecciones democráticas. Merece la pena contemplar las fotos y releer los textos de aquellos días apasionantes en la vida política española. Cuando hoy día se cuestionan de forma irresponsable los éxitos de la Transición. el acuerdo entre líderes con trayectorias tan diferentes ofrece una lección de generosidad y amplitud de miras que convendría tener muy presente para afrontar las dificultades actuales. La transición fue y sigue siendo un modelo que se estudia en los departamentos de Ciencia Política de muchas universidades del mundo para explicar la evolución desde un régimen autoritario a un sistema democrático sin ruptura formal de la legalidad. Las Cortes bicamerales establecidas por la Ley para la Reforma Política integradas por el Congreso de los Diputados y el Senado comenzaron entonces una tarea constituyente de largo alcance, sin olvidar su condición de poder legislativo ordinario que supo modificar con prudencia, pero también con ambición, muchas normas ya obsoletas de nuestro ordenamiento jurídico. Suenan hoy día muy lejanas algunas polémicas del momento y ciertos nombres entonces muy conocidos resultan ya ajenos a las generaciones presentes. Sin embargo, unos y otros, los que procedían S del régimen de Franco y los que formaban parte de la oposición interior o exterior, dieron una lección de buen sentido al servicio del interés general de España. Es obligado mencionar la figura de Adolfo Suárez, artífice de la Transición en plena sintonía con los propósitos de Don Juan Carlos I, verdadero motor del cambio, como han sentenciado ya los historiadores más solventes frente a ciertas deformaciones interesadas. El protagonismo correspondió, por supuesto, al pueblo español, titular único de la soberanía nacional, cuya decisión básica permanece firmemente establecida en el artículo 1 de la Constitución: España como Estado social y democrático de derecho y la unidad indisoluble de la nación española, vertebrada a través de los principios de autonomía y solidaridad. Estos criterios son plenamente válidos treinta años después, y nadie tiene derecho a ponerlos en cuestión, porque siguen expresando la voluntad firme de los españoles. Gracias a ellos se produjo la incorporación irreversible y definitiva de nuestro país al mundo moderno. Aquellas Cortes de la Transición establecieron las prácticas y reglas de funcionamiento de nuestro régimen parlamentario, sin duda unas más afortunadas que otras. En todo caso, sus miembros merecen el reconocimiento de esa inmensa mayoría que cree en la España constitucional. ODO parece indicar que la economía china se está recalentando peligrosamente. El Gobierno chino ha tenido que tomar medidas subiendo los tipos de interés por tercera vez en lo que va de año- -por quinta ocasión en quince meses- -porque las correcciones que han impulsado los dirigentes económicos no han tenido hasta ahora los efectos esperados y la inflación está rebasando los límites que las autoridades de Pekín consideran peligrosos para la estabilidad de la estructura económica del país. Cuando ha sucedido esto en el pasado, en otros momentos en los que la economía del país entraba en ebullición y amenazaba con salirse del control, China era un país irrelevante en términos económicos para el resto del planeta. Ahora, sin embargo, es la cuarta economía del mundo y cualquier movimiento brusco en el seno de este gigante asiático tendrá repercusiones en la economía mundial. El elemento nuevo es que no son sólo los chinos quienes se verían afectados por una crisis, sino que dadas sus dimensiones actuales prácticamente no se salvaría nadie de sus efectos, incluyendo a los países más pobres de África y Asia, cuya dependencia de China es mucho mayor de lo que normalmente se cree. Por eso hay que insistir en que las autoridades chinas corrijan también los desequilibrios exteriores; no es sano para nadie el excesivo superávit en la balanza comercial, ni es bueno que sigan manteniendo el tipo de cambio artificial para el yuan, de manera que hoy es una de las divisas más infravaloradas del mundo. Cuántas veces se le ha advertido a Pekín de que debía hacer algo para poner remedio a estos desajustes y ha hecho oídos sordos. Toda la prudencia de la que puedan hacer gala las autoridades chinas será poca a la hora de intervenir para embridar una economía que corre el riesgo de indigestarse con el éxito de un crecimiento desbocado. China tiene mucho trabajo pendiente para asentar todo este progreso económico, empezando por pensar seriamente en los efectos que deja para el resto del mundo su insaciable demanda energética y la correspondiente contaminación que ello acarrea. Los riesgos de que los desajustes macroeconómicos tengan efectos cada vez más complejos seguirán creciendo mientras el Gobierno y el Partido Comunista, que oficialmente sigue controlando el país, se resistan a construir una sociedad cada vez más democrática y libre. La economía china no puede seguir siendo indefinidamente una gigantesca factoría dirigida a golpe de decreto y aprovechando los bajos costes salariales. Si la economía no se convierte cuanto antes en un mecanismo de desarrollo social tendrá cada vez más problemas para mantener los equilibrios macroeconómicos. Toda la sociedad china debe participar de los beneficios del desarrollo y para ello el Gobierno de Pekín ha de consagrar sus esfuerzos en la labor de redistribución eficaz de la riqueza.