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36 INTERNACIONAL Tribuna Abierta SÁBADO 21 s 7 s 2007 ABC Serguei Lavrov Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia UN ENFOQUE INTEGRAL RELACIONES RUSIA- UE: L OS acontecimientos de los últimos meses, incluidos los resultados de la cumbre en Samara Rusia- UE y de la cumbre de la Unión Europea en Bruselas, permiten analizar más detalladamente la situación y pronosticar el futuro. Es obvio que, a raíz de la ampliación, la UE se ha hecho menos uniforme. Deseamos sinceramente que la UE supere las enfermedades de la ampliación formando un sistema armonioso de toma de decisiones relativas a su evolución sucesiva. Una Unión Europea fuerte y eficaz que no admita el regreso al pasado nacionalista y populista respondería a los intereses de todos sus socios, Rusia incluida. El camino hacia este objetivo será largo y sinuoso. De momento tenemos que tratar con una Unión Europea heterogénea estructurando nuestra colaboración cotidiana de la manera correspondiente. La situación se complica por tentativas orientadas a formular una política única negativa de la Unión Europea con respecto a Rusia. Todo ello fomenta una nueva división del continente; para empezar, la división político- psicológica. A raíz de la consolidación interior, Rusia volvió a hallar la independencia en la política exterior y la libertad de acciones y maniobras en los asuntos internacionales. Pero ello no significa la libertad de seleccionar a los socios. Ello se refiere a la Unión Europea más que a los demás. Nadie pone en tela de juicio nuestra opción europea fundamental. La argumentación completa está en el artículo del presidente Vladimir Putin publicado en marzo y dedicado al 50 aniversario de la Unión Europea. Es de carácter objetivo la tesis que se contiene en el artículo de que no puede haber una unidad completa de nuestro continente hasta queRusiapaseaserparteorgánica del proceso europeo Se trata de si debemos- -y si es así, entonces en aras de qué- -hacer concesiones de principio y renunciar a nuestra política exterior independiente. Ya que en el futuro visible no se trata de nuestra participación en la Unión Europea, creo que la respuesta a esta pregunta será negativa. No veo alternativa a la insistencia, consecuencia y paciencia de nuestras relaciones con la Unión Europea. Ello no quiere decir que debamos renunciar a la defensa firme de nuestros intereses, que de porsí espresentadaporcomentaristas de mala fe como cierto reto de confrontación Sin men- Traduciremos al lenguaje de la política práctica las tesis que se oyen últimamente con frecuencia, la de que ya no somos adversarios y la de comprensión común para hacer imposible una guerra nueva en Europa guar el significado de los problemas de los socios, hay que ver intereses que coincidan y que creen una base para la cooperación. Teniendo en cuenta todas las circunstancias, podemos suponer que es posible resolver los problemas de nuestras relaciones únicamente sobre la base de un enfoque integral, una especie de paquete El marco general está trazado en la fórmula conocida: Todo menos los institutos En todo caso se requiere una búsqueda creadora activade ambas partes, con la participación de segmentos diferentes de la sociedad cívica. La demora del comienzo de las negociaciones sobre los nuevos documentos a cambio del Convenio de las Relaciones de Socios y Cooperación (SRC) presenta tal posibilidad. Tal y como se dice, no hay mal que por bien no venga. A la luz de los últimos acontecimientos hay que hacer la pregunta sobre el futuro de las estructuras e instrumentos que hemos heredado del pasado. Se trata, ante todo, de la OSCE, la OTAN y el TFACE. Está claro que de momento no resulta posi- Arquitectura europea ble adaptarlas a la nueva realidad. Más aún, dentro de ellas se trabaja contra Rusia, es decir, se reproducen los instintos de bloques y la política de bloques en el continente. Esto no puede durar mucho tiempo. Va madurando la necesidad de mirar las cosas con una vista fresca. Suscita una seria preocupación el que la OTAN en su transformación pueda quedarse para mucho tiempo en el estado de transición del grupo de participantes de la coalición de quienes desean respaldar las acciones unilaterales sobre la base bilateral, es decir, en detrimento de la imagen de la Alianza como una organización de seguridad colectiva. Si bien justamente así percibíamos la OTAN cuando hace cinco años instituíamos el Consejo RusiaOTAN (CRO) Más aún, insertamos en la Declaración de Roma aprobada a este respecto que el propio CRO actuaría respetando el principio de la indivisibilidad de la seguridad de todos sus miembros, tanto de la OTAN como de Rusia. A cambio, recibimos una reconfiguración de la presencia militar de los EE. UU. en Europa con el emplazamiento de fuerzas sustanciales cerca de nuestras fronteras. El problema es ilustrado de la manera más clara con la situación en torno al TFACE y los planes unilaterales de emplazar la tercera región de posiciones de la DAM global de los EE. UU. en Europa Oriental. Sería lógico suponer que el futuro de nuestras relaciones con la OTAN dependerá plenamente de cómo se transforme la Alianza, y de si sus miembros consideran todos los efectos de la tentación de avanzar hacia el Este. Rusia no escatima esfuerzos para superar las discrepancias y contradiccionesen la arquitectura europea de la seguridad. Lo testimonia la ratificación por la Asamblea Federal del Convenio del Estatus de las Fuerzas en el marco de la Colaboración en Aras de la Paz; la convocatoria a nuestrainiciativadelaConferencia Extraordinaria del TFACE, que lamentablemente no brindó resultados; nuestra propuestasobre la aprobación de la Carta de la OSCE, y el ordenamiento de las actividades de esta organización en lo que se refiere al seguimiento de las elecciones. Y, finalmente, la propuesta del presidente Vladimir Putin sobre la evaluación colectiva de las amenazas de misiles y sobre el aprovechamiento conjunto con los EE. UU. en el régimen del tiempo real de la información de la ERL de Gabala en Azerbaiyán. Esperamos una respuesta constructiva a estas propuestas. Finalmente, noevitaremoslatraducción al lenguaje de la política prácticadela tesis queseoyeúltimamente con frecuencia de que ya no somos adversarios y la de la comprensión común para la imposibilidad de una guerra nueva en Europa. En la política europea quedan instituciones, tales como el Consejo de Europa, la Unión Europea, las asociaciones subregionales y, por supuesto, jugadores independientes representados por estados soberanos. En definitiva, son ellos los que se llaman últimamente stakeholders de la seguridad europea que en el mundo actual es indivisible. La globalización plantea problemas que no pueden ser resueltos sobre la base de bloques. Podría ser un elemento clave de la agenda positiva una amplia colaboración triple en el formato Unión Europea- Rusia- EE. UU. Ello garantizaría el mantenimiento de la integridad de la política euroatlántica, incluso como un factor importante en las búsquedas, junto con los demás países rectores, de la respuesta a las nuevas amenazas y desafíos a escala global. O sea, el trabajo colectivo en los problemas candentes comunes nos llevaría al objetivo final: una confianza genuina y una Europa grande, sin líneas divisorias. Futuro de Europa