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ABC VIERNES 20 s 7 s 2007 Necrológicas AGENDA 57 Roberto Fontanarrosa s Escritor y dibujante argentino Un canalla prodigioso Autor de más de 20 libros, padecía esclerosis lateral amiotrófica que debilitó sus músculos, no su talento ANTONIO ASTORGA Decían de él que era el segundo mejor cuentista argentino de todos los tiempos después de Julio Cortazar. Y se reía: Ja, ja, ja. Eso me parece irrespetuoso. Estoy seguro de que no. Asumo mi actividad de escritor, pero yo trabajo en otra cosa. Me gano la vida gustosamente como periodista Era uno de los nuestros, un orgullo para esta maravillosa profesión periodística. Amigo de Serrat y viejo colaborador de Les Luthiers, desde hacía treinta años publicaba un chiste diario en el periódico Clarín Creó personajes entrañables como el gaucho Inodoro Pereyra- -un antihéroe- -y el matón Boogie el aceitoso parodia del inspector Harry el sucio de Clint Eastwood. Preparaba un largometraje animado sobre Martín Fierro, pero en enero pasado anunció que había dejado de dibujar tras una grave enfermedad que le inutilizó el brazo derecho. Tenía 62 años y desde hacía cuatro Roberto Fontanarrosa era una de las 2.000 personas que en Argentina sufren esclerosis lateral amiotrófica, una afección neurológica de origen desconocido que debilita los músculos en forma progresiva. Se le debilitaron los músculos, pero no su talento, con el que se podía llenar la Bombonera de Boca o el Monumental de River. En España disfrutamos con sus relatos completos en Cuentos reunidos 1 y 2 (Alfaguara) dos volúmenes que a pesar de sus mil páginas por tomo se hacían cortísimos... Luego recopiló diez libros de cuentos desde los años 70. Escribía lo que le gustaría leer y lo que le divertía, entusiasmaba y entretenía. El fútbol, por ejemplo, la relación de pareja, las charlas entre amigos en los bares eran sus señas de identidad. Y la tasquita de El Cairo de Rosario, su sancta sanctorum Allí en Rosario fue ponente del Congreso de la Lengua. Era un canalla -hincha de Rosario Central, uno de los dos equipos de su ciudad- y defendía a muerte el ocio no creativo, tanto como el del laburo (trabajo) Entretenía las tar- Roberto Fontanarrosa des jugando al fútbol después de trabajar siete horas y media. Terminaba a eso de las seis de la tarde, y de ahí caía al bar para estar hora y media boludeando con los amigos Hincha rosarino (donde creció Mario Alberto Kempes, el hombre- gol del Mundial Argentina 78) más canalla que le- ABC proso o vi- cerveza como diría Alfredo Bryce Echenique. Rosario y Newell s, los equipos de fútbol de su urbe, son dos clubes muy antiguos. Rosario Central surgió en los talleres del ferrocarril. Era el once del pueblo. Y Newell s era el equipo de una escuela inglesa. El Ché Guevara se manifesta- ba hincha de Rosario. La rivalidad es terrible. Parece ser que mucho tiempo atrás, Newells le propuso a Central hacer un partido a beneficio de un leprosario. Y Central se negó. Entonces los de Newell s espetaron a los de Central: ¡Canallas! Y al uno le quedó canalla y al otro leproso. Fontanarrosa era de Rosario hasta la médula: un canalla maravilloso, prodigioso. Parafraseando a Marx, entendía literariamente el fútbol como el opio del pueblo, como un bálsamo de fierabrás que ayudó a los argentinos en su crisis de hace un lustro. Bien o mal, el fútbol es motivo de orgullo para nosotros. Por ahí tenemos el complejo de país tercermundista, pero hay una realidad: el fútbol siempre ha sido el primer mundo. Aunque cada vez que pierde la albiceleste selección Argentina el hincha recibe una bofetada de campeonato. Y piensa: Si no servimos para el fútbol, ya no servimos para nada Observaba Fontanarrosa, y así escribió un libro, que El mundo vive equivocado pero él no era ni un pensador ni un filósofo, aunque veía aspectos de la conducta humana que siguen siendo de un salvajismo muy grande. Si hay países supuestamente muy desarrollados como Estados Unidos en los que se permite la venta libre de armas... bueno, el grado de salvajismo es terrible Los trenes matan a los autos El rey de la milonga La gansada El segundo sexo El fútbol y la literatura, el músculo y el intelecto están en deuda con este canalla prodigioso. Ignacio Caro Aznar M. F. DE SAGARRA La muerte ha sorprendido inesperadamente en aguas de Mallorca a un ilustre marino que, muy cercano a la Familia Real, se llevó con él algunos de los secretos más apreciados de la vida política y de la sociedad española que jamás comunicó ni a sus más allegados, como a su hijo Diego, roto de dolor por la pérdida de Ignacio Caro, un gran padre y un gran esposo Ignacio Caro se encontraba navegando en Formentera en compañía de su esposa, Marieli Echevarría y Wakonigg- -con la que celebró sus bodas de oro matrimoniales el pasado mes de febrero y con la que tenía tres hijos, Cristina, Diego y María Isabel Caro y Echevarría- cuando se sintió repentinamente indispuesto. Trasladado urgentemente a una clínica cercana no supieron allí detectar un aneurisma de aorta que le amenazaba y, perdiendo un tiempo precioso, En la fila de arriba Ignacio Caro (quinto por la izquierda) con Don Juan patroneando el Sañumac en la Admiral s Cup de 1976 acabó con su vida antes de que pudieran operarle en Palma de Mallorca. Era un marino excepcional y desde los dieciséis años, en que comenzó a navegar con Don Juan, surcó el Atlántico en varias ocasiones de costa a costa, el Pacífico lo recorrió incansablemente, participó en varias regatas oceánicas y cubrió tres ediciones de la Admiral s Cup, también navegó en infinidad de regatas por el Mediterráneo y por las costas de España, que recorrió en muchas ocasiones. El mar era, sin duda, su gran pasión. Ignacio Caro era un hombre de mundo, un auténtico dandi y muy atractivo, que creaba amistad allá por donde iba. Amistades a las que fue siempre fiel y que destacan de él su discreto refinamiento. No en balde provenía de una distinguida familia vasca. Sus padres eran don Juan Caro y Guillamas, secretario personal de Don Alfonso XIII y después de Don Juan, y doña María de las Mercedes Aznar y González, marqueses de Berriz. Su madre descendía de don Eduardo Aznar. La Naviera Aznar empezó su andadura, como Naviera Sota y Aznar, en 1906 con la fusión de varias pequeñas navieras propiedad de Eduardo Aznar y Ramón de la Sota. Al poco tiempo se convirtió en una de las navieras más importantes de España. Ignacio Caro fue durante décadas muy cercano a Su Majestad el Rey con el que navegó a bordo del Fortuna en multitud de ocasiones y al que sirvió fielmente, como hiciera su hermano Eduardo con Don Juan.