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28 INTERNACIONAL VIERNES 20 s 7 s 2007 ABC El pánico vuelve a Manhattan El alcalde de Nueva York se apresuró a explicar que no había implicación terrorista alguna y que lo ocurrido fue una explosión en una conducción de vapor POR JOSE LUIS DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Parece mentira que el enorme cráter abierto en pleno corazón de Manhattan pudiera estar provocado por la explosión de una simple tubería. Eso sí, demasiado envejecida, con 83 años para ser exactos. Nunca antes la delicada y avejentada osamenta de la urbe había provocado una oleada de pánico tan desesperada como la que se vivió ayer en plena hora punta tan sólo a unos cuantos metros de la Estación Central de Trenes. Al fin y al cabo, la psicosis desatada por los terribles atentados del 11 de septiembre todavía duerme implícita en la mente de todos y cada uno de los neoyorquinos. Algo que quedó patente cuando segundos antes de las seis de la tarde una voraz lengua de vapor destrozaba el asfalto y daba paso a una tormenta de escombros, cuya silueta desde cualquiera de los áticos aledaños simulaba a la perfección el oscuro recuerdo de la barbarie que sufrió Nueva York hace casi seis años. Mientras las autoridades de la Oficina de Emergencia de la ciudad se apresuraron ayer en negar la existencia de amianto en el aire, gran parte de las calles aledañas cercanas seguían cortadas, provocando un verdadero quebradero de cabeza a los miles de trabajadores que, Blackberry en mano, debían configurar complejos itinerarios para evitar pasar por la calle 41 y la avenida Lexington. Por entre las barricadas levantadas desde la calle 41 a la 47 se atisbaban las consecuencias de la explosión, con tres autobuses destrozados, lunas de establecimientos cercanos completamente rotas y un manto de polvo marrón que limpiaban los operarios. Sue F. una mujer de treinta años, se encontraba ayer en un edificio cercano cuando un sonido semejante a una tormenta comenzó insistentemente a tronar en el interior de la oficina, explica. Momentos más tardes parecía que el techo fuera a caer sobre nuestras cabezas y yo junto con mis compañeros salimos corriendo sin pensar qué ocurría, llegué a perder los zapatos añadió. La erupción de la fuente de vapor, cuya temperatura superó los 200 grados centígrados, desató toda clase de elucubraciones. Dado el caos inicial que provocó la estampida en masa de cientos de personas, que solidariamente se ayudaron unos a otros, las palabras ataque terrorista se murmullaban sin cesar. Idoia R. una española que vive a tres manzanas del siniestro, comentaba: No me enteré de lo que realmente sucedió hasta que llegué a casa y vi las noticias. En la calle nadie sabía qué había ocurrido y todo el mundo parecía bastante histérico pensando que era un ataque terrorista eso sí, tuve que ir andando hasta la calle 60 para poder acceder a pie hasta mi apartamento añade. Durante horas, la mezcla de residuos y barro fluyeron a borbotones y el derrumbe de fachadas así como de pedazos de asfalto que saltaron por los aires provocaron al menos 26 heridos, dos de ellos muy graves y otros dos en estado crítico, y la muerte de Lois Baume- Una mujer cubierta de sangre abandona la zona del siniestro rich, una mujer de 57 años, a consecuencia de un paro cardiaco. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que ayer cogió el metro para ir a trabajar en una muestra de confianza, explicó que no había razón para creer que la explosión habida en la calle 41 se deba a otra cosa que a un fallo de nuestras infraestructuras. No hay motivos para creer que hay implicaciones terroristas o criminales Por su parte, ConEdison, la empresa responsable de la conducción subterránea de vapor, confirmó que había encontrado restos de amianto en los escombros, aunque descartó que haya partículas en el aire, como se temía. De todas formas, cerca de 400 empleados de ConEdison trabajaban sin descanso para retirar los restos de la explosión, mientras las interrupciones en las líneas de tren, el metro y el suministro REUTERS eléctrico seguían a la orden del día en la zona. En 1989, el exceso de condensación de vapor en los conductos suburbanos provocó la muerte de tres personas, así como numerosos daños materiales en los edificios aledaños. ABC. es Vídeo de la explosión y caos en Manhattan en abc. es internacional Siete ministros del Gobierno Brown admiten que han fumado marihuana E. J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Lo que tenía que ser una posición del Gobierno más dura contra la marihuana, con su reclasificación como droga B (en 2004 fue rebajada a droga C, con cierta vista gorda por parte de la Policía hacia su consumo) se ha transformado en un bumerán. Marcando distancias respecto a Blair, que promovió una mayor tolerancia del cannabis, sin legalizarlo, Brown esperaba dar otro ejemplo de cambio. Pero la pretendida imagen de firmeza quedó empañada tras la admisión en cadena de siete ministros de haber fumado marihuana en sus tiempos estudiantiles. La titular de Interior, Jacqui Smith, que debe hacer cumplir la ley contraria al consumo de drogas, fue la primera en aparecer. Actué mal y no estoy orgullosa de ello aseguró, indicando que no ha vuelto a fumar cannabis en 25 años. Otros dos cargos de Interior se sumaron a la confesión. Luego la prensa fue haciendo la misma pregunta a todos los ministros. Otros seis admitieron lo mismo, entre ellos Alistair Darling (Hacienda) John Hutton (Trabajo) y la católica Ruth Kelly (Transportes) Blair dio instrucciones a sus ministros de no responder a la pregunta, pero Brown, que puede exhibir no haber tenido ningún desliz, se sintió seguro para dejar a sus ministros a los pies de tropa de la prensa. Manto de polvo marrón AFP Jacqui Smith, ministra del Interior del Gobierno británico