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12 ESPAÑA La dimisión de Piqué abre una crisis en el PP VIERNES 20 s 7 s 2007 ABC El catalán en la mesa de Aznar Piqué era el mejor parlamentario de la Cámara catalana, pero también ha sido un mal gestor de un partido arrinconado en la Cataluña del tripartito y la reforma estatutaria. Fue una apuesta a largo plazo a la que los tiempos políticos no han respetado IVA ANGUERA DE SOJO BARCELONA. El PP catalán pierde con la dimisión de Josep Piqué al que a decir de muchos es el mejor parlamentario que ocupaba los escaños del Parlamento catalán, pero un mal gestor de los entresijos del partido. El hasta ahora presidente del PP catalán se convirtió en 2002 en la enésima imposición de la dirección nacional para que el partido en Cataluña diera el definitivo giro catalanista que debía permitir acabar con la anormalidad del agujero negro electoral del PP en la comunidad catalana. Con la vista puesta en el pospujolismo y mirando de reojo el ejemplo de Navarra, Piqué desembarcó en Barcelona con los galones de ministro de Ciencia y Tecnología e impulsado por los 763.982 votos y 12 diputados en Cataluña conseguidos en las generales de 2000, cuando él encabezó la candidatura de Barcelona, casi 65.000 votos y cuatro escaños más que en los comicios anteriores. Durante sus cuatro años en el Parlamento autonómico su oposición al Estatuto y a algunas de las políticas señeras del tripartito no han impedido que Pasqual Maragall lo premiara a menudo durante sus intervenciones parlamentarias en la pasada legisaltura buscando en el líder del PP catalán un aliado para explicarse en Madrid dado el perfil moderado del dirigente popular. No en vano el suyo fue el enésimo intento de comer espacio de centro catalanista a CiU en esta comunidad, en la que los populares intentan, hasta ahora infructuosamente, superar el techo electoral marcado por Aleix Vidal- Quadras en 1995 con 17 diputados autonómicos- -un techo electoral fruto, por cierto, de una política de marcado corte españolista, en las antípodas de la apuesta liderada por Piqué- Con un perfil más que ortodoxo dentro del PP- -ha llegado a afirmar, en una entrevista a ABC, que en el trato personal me siento más cómodo con Josep Lluís Carod- Rovira que con Artur Mas aunque eso fue antes de la visita del republicano a Perpiñán- Piqué era el hombre perfecto para conquistar a la burguesía catalana tan bien fidelizada por CiU. Pero ese mismo perfil hacía difícil su encaje en Génova, donde siempre buscó la protección de Mariano Rajoy. Tampoco han sido fáciles su relaciones con la plana mayor del PP catalán, que nunca dejó de verle como otro paracaidista impuesto por Madrid. Piqué asumió la dirección del PP catalán tras la mayoría absoluta del PP en 2000, con el mandato de José María Aznar de neutralizar al nacionalismo y el aval de los mejores resultados del partido en Cataluña. Era un punto de partida más que prometedor para el gran fichaje catalán de Aznar, al que lanzó como ministro de Exteriores coincidiendo con la presidencia española de la Unión Europea, todo un caramelo. Sin embargo, los inicios del conflicto diplomático con Marruecos empañaron un mandato que empezó de forma más que prometedora con las negociaciones con Londres sobre el Peñón de Gibraltar, aunque sus detractores siempre recordarán, para referirse a su paso por Exteriores, los cabezazos ante el presidente de Estados Unidos, George Bush, a los pies del avión presidencial. Aznar se fijó en Piqué cuando éste presidía el Círculo de Economía de Barcelona, una cura de reposo tras el hundi- Comer espacio a CiU Carta de dimisión de Piqué Querido Presidente y amigo Mariano: Como recordarás, hace varios días te escribí para comunicarte mi decisión de dejar la dirección del Partido en Cataluña y, por añadidura, mi dedicación a la política. Creo que te daba razones más que suficientes para justificar mi actitud. Y, pienso, sinceramente, que todas siguen siendo válidas. En otro momento, y en circunstancias distintas, ya te ofrecí mi puesto ante la clara desautorización a la que me había sometido la Dirección a través del Secretario General. Tu solicitud, argumentada sólidamente no sólo en términos políticos sino, sobre todo, humanos, y mi aprecio personal y político hacia tu persona, logró que, entonces, reconsiderara mi postura. Como sabes, he seguido trabajando, en circunstancias nada fáciles y en el seno de un Partido en el que no faltan mezquindades y miserias (que debo decir que se compensan, más que de sobra, con gente admirable por la que siento un enorme respeto y reconocimiento y que me han ayudado a mantener las ganas y la ilusión) Recientemente, en virtud de lo que te expuse en mi carta, llegué a la conclusión de que mi permanencia no era sostenible y así te lo trasladé, con toda sinceridad y honestidad, y convencido de la irreversibilidad e inevitabilidad de mi salida, y desde la convicción de que era lo mejor, para ti y para el Partido, que fuera cuanto antes. Tu petición de que abriera unos días de reflexión y, sobre todo, mi profunda voluntad de no perjudicarte, a la vista de los argumentos personales que utilizaste, logró, de nuevo, que lo haya intentado otra vez, sabiendo, como tu sabes, que mi compromiso no iba a ir, en ningún caso, más allá de las generales y con el único objetivo, en lo personal, de contribuir a tu victoria que deseo fervientemente por el bien de España y de todos. Creí que eso pasaba por reforzar mi autoridad y, haciendo los cambios y los ajustes necesarios que yo comparto, no aprovechar la circunstancia para demoler mi imagen propia frente a la sociedad catalana, e intentar dañar a personas que, con errores, sin duda, pero también aciertos, se han dejado la piel por nuestro proyecto. Y como es evidente que se ha querido hacer así desde la Dirección del Partido, y aún constándome que no por ti, el daño ya es irreversible. Lo malo es que creo que, consciente o inconscientemente, el daño se ha hecho, sobre todo, a ti y al Partido. Pero queda aún tiempo para las generales y para que otras personas se pongan al frente del Partido en Cataluña y te hagan la mejor campaña electoral. Siempre mantendré mi afecto y aprecio hacia tu persona y hacia nuestro Partido que me ha dado la oportunidad de conocer a magníficas personas, de descubrir nuevos amigos, y de poder prestar, modestamente, un servicio a los intereses generales, tanto en labores de gobierno, como desde hace ya cuatro años, desde la oposición. Con toda mi estima.