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82 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS JUEVES 19- -7- -2007 ABC Piratas del siglo XXI TULIO DEMICHELI J. G. C. yer, a las tres de la tarde, el buque de la empresa Odyssey Ocean Alert que fue apresado el jueves por la Guardia Civil en nuestras aguas territoriales, abandonó Algeciras rumbo al Atlántico, una vez ha sido registrado por las autoridades españolas. El otro buque de Odyssey, el Explorer permanece en Gibraltar, su base de operaciones, desde la que se han podido exportar a Tampa (EE. UU. sede de la compañía, unas 80 toneladas de carga en dos aviones, sin que se sepa más detalle que un cargamento de 500.000 monedas de plata, el cual no alcanza tantísimo tonelaje. Cabe pensar que Odys- El buque de Odyssey abandona Algeciras, donde ha sido investigado sey ha utilizado esa vía para evitar que España interceptara sus buques y accediera no sólo al cargamento, sino también a datos sobre el lugar donde éste fue hallado y su filiación. Por otra parte, bien parece que Odyssey ha estado alimentando con falsos cebos la verdadera naturaleza de un proyecto de exploración submarina, al que se sumó el Ministerio de Defensa británico y que contó con la aprobación española, para encontrar el Sussex cuando en realidad la empresa cazatesoros ha estado explotando otros pecios. El Ministerio de Cultura ha podido morder uno de estos anzuelos, que sitúa el hallazgo, bautizado como Cisne Negro en aguas internacionales del Atlántico y no, como así sugieren fuentes consultadas por ABC, en aguas territoriales del Mediterráneo (como señalan las evidencias del satélite AIS Live y que ya se les hubiera retirado tres licencias por haber trabajado en zonas distintas a las declaradas) La razón es bien sencilla pues, en este caso, no resultaría un pleito penal por expolio del patrimonio, y la recuperación total de lo sustraído, sino otro que sólo dirimiría los derechos, y del que Odyssey sacaría la tajada del león. Así, el día 23 habrá una vista en Tampa en la que Odyssey podrá alegar cualquier cosa (allí tienen los tesoros expoliados) y que no es un proceso penal, sino civil, para determinar derechos. En fin, ahora la estela del Ocean Alert deja cuestiones incómodas: ¿Qué se esperaba encontrar si durante un mes se ha podido borrar todo rastro informático y se ha contratado nueva tripulación para que no conteste a preguntas sobre el lugar y el fruto de las extracciones? ¿Por qué no se les pilló con las manos en la masa si había informes que los denunciaban? ¿Cómo es posible que las autoridades españolas, tras amargas experiencias con Odyssey, aceptaran pactos con cazatesoros que sólo buscan expoliar los pecios y no su investigación científica? ¿Cómo es posible que una nación aliada y miembro de la UE ampare el pirateo de nuestro patrimonio, cuando los arqueólogos británicos del CAB, y la Unesco, le han reprochado sus negocios con Odyssey? A