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80 CULTURAyESPECTÁCULOS En la muerte de Rodrigo Uría MIÉRCOLES 18 s 7 s 2007 ABC DESDE EL PRADO Rodrigo Uría era, y creo que así se sentía, el primer ciudadano en la vanguardia del Prado, en la defensa de este inmenso legado de la historia de España de Goya, hoy en el Prado. Su activa y leal cooperación con los sucesivos presidentes del Patronato en los proyectos más complicados que ha vivido la institución en todos estos años, la ampliación, la modernización... tuvo también su recompensa cuando hace tres años por estas fechas fue nombrado presidente del nuevo Real Patronato nacido tras la aprobación de la ley reguladora del Museo. El primer presidente de una nueva era para el Museo. No tuvo ninguna duda en desprenderse de otras actividades para dedicarse con intensidad a este cargo, que, como buen hijo, se lo brindó públicamente a su madre, la pintora asturiana Blanca Meruéndano, fuente principal de sus inquietudes artísticas. A lo largo de todos estos años le he visto trabajar, discrepar y apoyar con criterio todas y cada una de las propuestas que desde el Museo han nacido. Era, y creo que así se sentía, el primer ciudadano en la vanguardia del Prado, en la defensa de este inmenso legado de la historia de España, en la defensa de su origen, de su vínculo imborrable con la Corona y definitivamente en la defensa de su misión principal de favorecer su disfrute más amplio por la sociedad. A pesar de nuestra diferencia generacional, de nuestra dis- Miguel Zugaza Director del Museo del Prado ifícil hacerse cargo de una noticia tan inesperada como dura. Realmente a quien esto escribe le produce un pudor paralizante tener que hablar apresuradamente de alguien con quien ha compartido una relación profesional y personal muy intensa durante estos últimos años al frente del Museo del Prado. La muerte de Rodrigo Uría es el final de una vida vivida con pasión desbordante, de una brillante trayectoria profesional como abogado y empresario y una no menos decisiva actividad de promotor de la cultura y el arte en nuestro país. De esta última faceta puedo dar fe cierta al haber sido testigo directo de la generosa dedicación y talento con el que se ha aplicado a su querido Museo del Prado desde hace más de veinte años. Recordaba Rodrigo con orgullo que su nombramiento como vocal del Real Patronato del Museo fue su única y, lo reconocía, más importante compensación que pidió al ministro Javier Solana por su decisiva colaboración para hacer realidad la creación del Museo Thyssen y la paralela y extraordinaria recuperación para el Estado español de la Marquesa de Santa Cruz D tinta procedencia y formación, discrepábamos lo suficiente- -era su forma de hacer- -para coincidir en lo fundamental. ¿Qué era y es lo fundamental? El Museo del Prado de hoy y su prometedor futuro lo hacen las personas que trabajan en la institución. Su presidente no perdía ninguna ocasión para manifestar el aprecio sincero y su mayor consideración hacia el trabajo de cada una de las personas que cotidianamente hacen posible que funcione el Prado, el llamado buque insignia de la cultura española que, Rodrigo, con su especial sagacidad, desglosaba en tres partes fundamentales: un museo, una institución y una empresa. Quiero despedirme del presidente y del amigo devolviéndole, en nombre de todo el personal del Museo, el mismo aprecio, cariño y respeto que generosamente nos ha brindado a todos nosotros estos largos e intensos años. Aurelio Menéndez Socio fundador del bufete Uría Menéndez DEVOCIÓN POR LA DECENCIA a fallecido Rodrigo Uría Meruéndano. Todavía bajo el estupor de la noticia, escribo estas líneas para recordar a aquel niño que conocí hace 57 años en casa de sus padres. Allí comenzó una historia de profesores y de abogados, pero sobre todo de pasión por el Derecho y de amistad. Como profesor suelo entender la escritura como un acto racional. Hoy no puede ser. La pluma se llena de emociones y recuerdos. No es un consuelo, pero la verdad es que en cada esquina del despacho y en cada una de las personas que lo componemos están su espíritu rebelde, su entrega a las causas justas y su devoción por la decencia, que, como tantas veces él nos recordaba, es la manifestación estética de la ética. El despacho es su obra, a la que consagró su vida. Rodrigo ha sido para todos nosotros un líder pero también un amigo cercano, que siempre sabía decir la palabra oportuna y dar el consejo adecuado. Sus rasgos de firmeza, valentía y honestidad permanecen y permanecerán siempre vivos entre nosotros. Su recuerdo imborrable y el cariño que por él sentimos es su legado. H Uría, junto a Francisco González y Carmen Calvo, en la presentación de la colección Naseiro, la última gran adquisición del Prado siendo él presidente del Patronato del museo EFE ABOGADO MODERNO Y EFICAZ Una figura ejemplar de nuestra profesión ha desaparecido dejándonos esa sensación de vacío y orfandad que se produce cuando se pierde además un gran amigo drigo Uría González, ya fallecido, y por D. Aurelio Menéndez, hoy todavía entre nosotros, tratadistas y maestros universitarios que enriquecieron con su ciencia y su experiencia el foro madrileño y español. A fines de los años 70, aquel despacho consolidado con tan grandes calidades encomendó su dirección a Rodrigo Uría Meruéndano, quien, con espíritu moderno y eficaz, condujo la transformación del bufete hacia la constitución de una gran firma de abogados que, sin perder las tradiciones y calidades que el ejercicio de la abogacía comporta, pusieron al día la prestación de los servicios de los abogados tal como son demandados en el mundo empresarial y globalizado en el que ahora vivimos. Rodrigo Uría, casi 30 años dirigiendo ese despacho, ha presidido el encumbramiento de la firma hasta el lugar privilegiado que hoy ocupa entre los más importantes de Europa, con enorme proyección en Iberoamérica y, por tanto, con auténtica relevancia mundial. Era un abogado de cuerpo entero, que ha continuado la magnífica tradición de abogacía que recibió de sus mayores, conservando esos valores en el marco difícil de la prestación de servi- Luis Martí Mingarro Decano del Colegio de Abogados de Madrid a muerte nos ha arrebatado, insospechada y cruelmente, al gran amigo, al compañero cordial e intenso, al abogado ejemplar Rodrigo Uría. De estirpe jurídica de recuerdo imborrable, Rodrigo Uría encabezaba una firma de abogados que fue fundada a principios de los años 40 por su padre, D. Ro- L cios profesionales bajo el rótulo de la gran firma que dirigía. Durante muchos años hemos podido ver cómo también desde una gran firma de abogados como la que dirigía Rodrigo se hacía compatible la modernidad de su organización compleja y exigente, preparada para competir, con el respeto a la personalidad individual y a la profesionalidad de cada uno de los abogados que forman parte de esa Casa. Desde esa emblemática firma española respaldaba y apoyaba la tarea colectiva de los abogados del Colegio y con su consejo y apoyo vino a impulsar la modernización de la propia profesión y el realce de su función social y pública. Todos los abogados estamos de luto, porque uno de los nuestros, una figura ejemplar de nuestra profesión ha desaparecido dejándonos esa sensación de vacío y orfandad que se produce cuando se pierde además de un gran amigo, un verdadero refe- rente profesional y personal. Rodrigo además ha sido un ejemplo de relevante presencia pública, admirado y querido en todos los terrenos y encumbrado en la sociedad civil hasta llegar a presidir el Patronato del Museo del Prado, lo que muestra el brillo de su personalidad y el aprecio que ha despertado en todas partes por los valores que representaba, en los que creía y a los que siempre sirvió. Su espíritu era agudo y perspicaz; su percepción crítica; su formación profunda; su humor fino y afectuoso; su palabra siempre cordial. Y su firmeza, ejemplar, una vez que había formado su criterio sobre la materia de que se tratase. Tantas y tan importantes cualidades nos llevaron a rendirle en vida continuado homenaje de amistad y admiración. Ahora, cuando se nos ha ido, su figura queda grabada, como un ejemplo indeleble, en la memoria de cuantos le hemos tratado y admirado.