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ABC MIÉRCOLES 18 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SALARIOS EN ESPECIE N un alarde de generosidad, tras el escándalo que ha forzado a dimitir al alcalde de Mijas, los concejales socialistas de esta localidad han decidido rebajarse los sueldos... al límite del que cobra el presidente Zapatero. Esta medida de austeridad está muy puesta en razón: la responsabilidad del jefe del Gobierno tiene que valorarse al menos un euro por encima de la de un baranda de pueblo. Es justo que los demás ediles mijeños cobren también un poco menos que los ministros, pero sin pasarse, que hay miembros del Gabinetecon menoscompetencias que un delegado de IGNACIO Urbanismo en la Costa del CAMACHO Sol. Y si algúnministro considera que gana relativamente poco, que se presente a concejal y verá cómo llega a fin de mes sin problemas para pagar la hipoteca. Dicen los socialistas que la polémica salarial se ha desorbitado, porque al fin y al cabo su alcalde sólo iba a percibir 126.000 pavos anuales, algo más que los casi 100.000 que se embolsa, por ejemplo, su colega de Estepona. Y quizá tengan razón, porque lo verdaderamente preocupante no son tanto las impúdicas remuneraciones incluidas en nómina, sino la creciente sospecha de pagos en especie de que dan fe ciertos sumarios instruidos en los municipios litorales. Detrás de cada urbanización irregular, de cada recalificación salvaje, de cada zona verde reconvertida en bloques de viviendas, de cada guardería que no se construye para que en su lugar crezca el cemento residencial, se intuye el plan de pensiones de alguien que no va a necesitar, cuando se retire de la política, ir de vacaciones con el Inserso. El fenómeno no es nuevo; ya dejó escrito Julio Camba que en España se dice que los concejales roban como se dice que los toros mugen o que las gallinas cacarean. Elfenómeno es generalo, como sediceahora, transversal, osea, queafectaatodosen mayor o menor medida sin distinción de partidos o ideologías. Tengo contado que cuando llevoaalgúnforasteroporla CostadelSol, suele asombrarse al ver los enjambres de adosados encimando literalmente la autovía. -Hay que ver las barbaridades que ha hecho Gil en Marbella. -Esto aún no es Marbella. Es Fuengirola, con alcaldesa del PP -Jo. Pero esa mole de hormigón que tapa la vista del mar sí será Marbella... -Mijas. Alcalde del PSOE. Y así hasta Sotogrande. Qué digo: desde Port Bou a Ayamonte, nuestra costa es el testimonio de un inmenso iceberg de latrocinio del que los casos malayos son sólo la punta visible. Es metafísicamenteimposible queese agresivo disparate se haya podido consumar sin corrupción, entre otras cosas porque es tan irrazonable que sólo podría haber salido adelante a través de una derrama ilegal capaz de ablandar voluntades políticas. De manera que los sueldos desmesurados son apenas la fachada indecorosa de una forma demasiado extendida de entender el poder como instrumento de lucro fácil. Y cuando un escándalo obliga a reducirlos por pura apariencia, siempre queda el amargo recelo de que sus frustrados beneficiarios conozcan el modo de compensar la pérdida. E EL RECUADRO REGIO PICNIC BAUTISMAL OMO a los vecinos se les suele pedir sal, aceite e incluso el asiento a la lumbre que establecían para los soldados las Reales Ordenanzas de Carlos III, solicito a Ignacio Camacho, mi dilecto paredaño de página, que me preste la cita de su brillante artículo sobre la Corona Británica que la fotógrafo americana Annie Leibovitz confundió con una pamela de las carreras de Ascot, pidiendo a la Reina Isabel II de Inglaterra que, para que saliera menos formal en el retrato, se quitase la que creía prenda de cabeza y no símbolo mágico de la Monarquía. Y sigo pidiendo a mi querido vecino la sal de su redondo texto, con lo que Isabel II respondió a la democrática retratista: ¿Menos formal? Qué se cree usted que es esto? En mal sitio fue Annie Leibovitz a poner la era. Eligió nada menos que un pueblo como el británico que tiene a orgullo sus tradiciones monárquicas y que no se avergüenza de ellas. Donde sigue imperando la pompa y circunstancia de los símbolos mágicos del poder arbitral de la Corona, sin rebajas ni demagógicas y oportuANTONIO nistas puestas al día. La fotógrafa BURGOS americana hubiera sido feliz el domingo en los jardines de ese chalé buenecito de los alrededores de Puerta de Hierro al que, en la España del Palacio de Oriente, en la España de Aranjuez, de La Granja o de los Reales Alcázares de Sevilla, le pusieron un día el mote de Palacio de La Zarzuela y le gente tragó con el apodo. Precisamente por todo aquello que la Reina de Inglaterra odia y los monárquicos por razones estéticas lamentamos: por la demagogia de que un Rey que viva en un chalecito es más democrático que un Monarca que resida en el Palacio Real de su augusto abuelo. Annie Leibovitz hubiera sido feliz con esta Corona de diseño que tenemos en España, cómoda, facilona, que paradójicamente es la que aparentemente encanta al personal. C Personal que no conoce otra cosa y al que se le ha hecho creer que todo el fasto histórico y cultural de la Monarquía es facha, carca y reaccionario. ¡La que se perdió el domingo la fotógrafa americana! Era bautizada una Infanta de España, la segunda hija del heredero de la Corona más antigua y con más tradiciones que tuvieron nunca ni la Corte de San Jaime ni la Reina de Inglaterra. De haber venido a retratar el evento, probablemente Annie se habría dirigido a la Catedral de la Almudena, lo lógico para un bautizo regio. Una señora de la limpieza le habría dicho que allí no había bautizo alguno. Ah, entonces será en la capilla del Palacio Real pensaría. Y la fotógrafa se habría dirigido entonces al viejo palacio de Alfonso XII y de la mejor tradición populista de la Monarquía. Donde el que vende los billetes para la visita turística le diría que si bien no había bautizo alguno en la Capilla de Palacio, pagando su entrada podía visitarla si le apetecía. Porque el bautizo regio de Su Alteza Real Doña Sofía de Borbón y Ortiz (q. D. g. al contrario de la corona de Isabel II, no solamente no era menos formal: era absolutamente nada formal. En la España de una histórica Monarquía constitucional consolidada y garante de las libertades, el bautizo regio, como marca la tabla de la cuesta abajo, no era solemne administración del sacramento en catedral o en capilla, sino una especie de picnic en unos jardines de un pedazo de chalé, pero chalé. Picnic bautismal, pero picnic. Trajeron el agua del Jordán, ¿Para qué, monseñor Rouco? Si el ambiente era todo lo más de agua bendita de Lanjarón, no de Jordán ni de solemnidades, todo de trapillo. A la fotógrafa Annie Leibovitz le hubiera encantado ver a su Majestad la Reina en pantalones. Y encima haciéndole la competencia, retratando a la nieta cuando la sacaban de pila. Pila de Santo Domingo de Silos que tampoco sé qué pintaba allí: si lo que pegaba en el picnic bautismal era una pila de Leroy Merlin. ¡Qué picnic más democrático, que Familia más normalita!