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ABC MARTES 17 s 7 s 2007 ESPAÑA 27 Un informe culpa de negligencia a siete cargos de la Junta por el incendio de Guadalajara El perito califica el proceso de extinción como el más erróneo, irregular y caótico del que nunca hemos tenido conocimiento FERNANDO ROJO GUADALAJARA. El abogado que defiende a nueve de las once familias de los fallecidos en el incendio de Guadalajara presentará mañana ante el juzgado de Sigüenza el informe de un prestigioso ingeniero de montes en el que se señalan las negligencias cometidas por al menos siete altos cargos de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha. Este perito concluye que en la catástrofe de la que hoy se cumplen dos años no cabe hablar en ningún momento de un desgraciado accidente laboral, sino siempre y en todos los casos de una gravísima cadena de serias negligencias por parte de la administración pública y sus empleados, sin las que estos trágicos fallecimientos no se hubieran producido nunca El abogado que representa a las familias, Miguel Solano, espera que prevalezcan los criterios expresados por el profesor titular de la Escuela de Ingenieros de Montes José Miguel Montoya Oliver, y de hecho ha recurrido el informe encargado por la anterior juez del caso a otros dos peritos en el cual se descartaba la negligencia en las once muertes. Si en el auto que se espera que emita en las próximas horas la Audiencia Provincial de Guadalajara se diera la razón a los familiares, ese supuesto informe final tendría que volver a realizarse. En comparación con pericias anteriores, el documento firmado por el profesor Montoya Oliver, de más de un centenar de folios, no sólo examina el comienzo del fuego en una barbacoa encendida por un grupo de excursionistas en Riba de Saelices y la muerte de los once miembros de un retén. Como novedad, también analiza meticulosamente todo lo que ocurrió durante las casi 27 horas que transcurrieron entre ambos sucesos. Para empezar, considera que el origen último del descontrol del fuego fue consecuencia de una acumulación de imprevisiones, negligencias e irresponsabilidades por parte de los responsables de la extinción. Entre ellas, señala la ausencia de su puesto de trabajo del técnico forestal de guardia del 112, o que se tardara más de un cuarto de hora en avisar a los primeros medios. Pero aún con mayor dureza censura lo que sucedió en las horas posteriores, y llega a asegurar que si los refuerzos externos hubieran intervenido a tiempo, el fuego no hubiera llegado hasta el desdichado lugar en que se produjo la tragedia Especialmente crítico se muestra con los dirigentes de la Consejería de Medio Ambiente: Ni cuaderno de órdenes, ni formación de personal, ni instrucciones de lucha... ¿Puede concebirse mayor irresponsabilidad, mayor negligencia, mayor gratuidad? Y prosigue: Ni puesto de mando avanzado, ni, en ausencia de declaración del Nivel 2, tampoco jefe de extinción provincial, ni jefe de planificación y control de medios, ni medios aéreos estatales, ni apoyo del Ejército... ¿Alguien puede pensar que así se puede apagar un fuego de estas dimensiones de forma eficaz y segura? Además, reprocha a la Administración regional que no elevara la alerta al segundo nivel hasta que murieron los once miembros del retén, pese a que a efectos de estadística y de control, se considera un gran incendio forestal cuando sobrepasa las 500 hectáreas y en el momento de la tragedia ya se habían quemado más de 5.000. Clímax del disparate El experto considera que hubo una acumulación de imprevisiones e irresponsabilidades Análisis novedoso Según Montoya, el disparate alcanza su clímax cuando un retén externo, cumpliendo órdenes de sus mandos técnicos, releva y llega tarde en el peor momento, en la peor hora (mediados de julio a las cinco de la tarde) en las peores condiciones meteorológicas (más de 30 grados, más de 30 kilómetros por hora de viento y menos de 30 por ciento de humedad relativa del aire) para combatir el fuego en un lugar que desconoce: línea de choque de dos frentes de incendio, el mayor de los peligros imaginable, un auténtico y mortal cepo El autor del informe recuerda que la zona había tenido que ser abandonada una hora antes de la tragedia por los medios aéreos a causa de la enorme intensidad del fuego en ese lugar, y que a pesar de ello nadie les avisó, ni les guió En sus conclusiones, el documento considera que las negligencias comienzan ya antes del incendio con el abandono administrativo y técnico de las obligadas medidas de prevención agrícolas, pastorales y selvícolas frente a los incendios Dichas negligencias siguen con la autorización del fuego en la barbacoa y la nula gestión de ésta y su entorno y con un fracaso estrepitoso de Un retén se dirige hacia uno de los helicópteros que se utilizaron en las tareas de extinción del fuego las imprescindibles medidas de detección y pronto ataque, con ausencias, retrasos e ineficacias inadmisibles e injustificables Y según José Miguel Montoya, culminan con el proceso de extinción más erróneo, irregular y caótico del que nunca hemos tenido conocimiento a lo largo de nuestros 35 años de vida profesional ÁNGEL DE ANTONIO No fue desde ningún punto de vista- -culmina este reputado profesor- -un mero accidente laboral. Las responsabilidades de la Administración Pública y de sus funcionarios y otros empleados, así como las de las empresas contratistas de la Administración, deberán ser depuradas por quien corresponda Con que tan sólo uno de ellos hubiera cumplido con su deber, el fuego no se hubiese producido Pese a que la pericia del profesor Montoya se centra en analizar el proceso de extinción hasta que murieron los once trabajadores forestales, no elude rebatir también la versión oficial sobre el inicio del fuego y el instante de la tragedia. En ambos momentos, no tiene duda de que se hicieron las cosas mal. Sobre el fracaso al afrontar las llamas, afirma que apenas después de iniciado el incendio, éste se había vuelto incontrolable; la ocasión se había perdido y luego se volvió a perder durante la noche Y acerca de las decisiones que tomó el jefe del retén, exculpa al fallecido Pedro Almansilla: Estamos seguros de que si el señor Almansilla hubiera conocido la zona o hubiera estado adecuadamente guiado desde una cumbre o medio aéreo, él mismo hubiera prendido un cortafuegos de protección. Para cuando identificaron el peligro, ya era demasiado tarde También echa en falta un plan regional de prevención de incendios adecuado. De hecho, al profesor Montoya no le consta que desarrollaran esfuerzo previo alguno en este sentido de previsión, como hubiera sido su deber. La ausencia de celo fue absoluta en toda la cadena de mando, desde el director general del Medio Natural hasta los técnicos responsables de la campaña de extinción. Asimismo, el informe se detiene en el polémico asunto de la barbacoa, y acusa al delegado provincial, al alcalde de Riba de Saelices y al director del parque natural del Alto Tajo de no haber cumplido con su obligación de evitar que se hiciera fuego en un lugar tan peligroso: Con que tan sólo uno de ellos, uno sólo, hubiera cumplido con los deberes encomendados a su autoridad, el incendio no se hubiera producido, las víctimas tampoco. Su responsabilidad personal e institucional es evidente Y da un dato particularmente sangrante doscientos euros hubieran bastado para desbrozar los 600 metros cuadrados de barbacoa.