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ABC MARTES 17 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA IBERIA OMO militante político, a Jose Saramago se le paró el reloj el año de la muerte de Ricardo Reis, o a lo sumo unos lustros antes de la caída del muro de Berlín, pero como escritor es dueño de una imaginación fértil en potentes metáforas y parábolas de luminosa creatividad. Así, es capaz de concebir un país en el que se pone de huelga la mismísima muerte, o figurarse la Península Ibérica como una isla flotante a la deriva en el mar a partir de una grieta telúrica abierta en los Pirineos. Esta imagen tan sugerente de un destino común para Portugal y España parece haberse instalado de forma recurrente en su conciencia, hasta el punto de abrir una sonada polémica con la provocaIGNACIO dora ocurrencia de profetiCAMACHO zar la integración de su país en el nuestro, como una especie de autonomía confederada en el marco de una eventual Iberia de soberanías compartidas. Acaso sin querer, y desde luego con otras intenciones, el viejo Premio Nobel ha colocado el espejo del absurdo ante la deriva territorial de una España en la que atisba el reconocible camino de una confederación de territorios. No está muy lejos su provocativa utopía iberista del Estado libre asociado que con toda seriedad propone Ibarretxe para el País Vasco, ni de la Cataluña que ha consagrado en el Estatut su relación bilateral con España, ni de esa Galicia suevo- céltica ensoñada por el nacionalismo gallego. Sólo que Saramago sugiere, con una broma insurgente y agitadora, un proceso a la inversa de integracionismo, mientras que nuestros nacionalistas periféricos se han tomado perfectamente en serio la idea de la deconstrucción y, lo que es peor, tienen bastantes probabilidades- -como revela el precedente catalán- -de acabar saliéndose con la suya si Zapatero persiste en el irresponsable manoseo del delicado mecano constitucional. No deja de resultar curioso, de otra parte, cómo ciertos espíritus inconformistas portugueses miran recientemente a España como resuelto paradigma de progreso frente a sus ancestrales demonios históricos, en tanto a muchos españoles escépticos les empieza a parecer Portugal, el antiguo vecino atrasado, hosco y melancólico, un prototipo de nación razonable y seria. Un país sin conflictos identitarios, sin delirios de vesania terrorista ni despeñaderos de memoria cainita, en vías de una apacible modernización cuyo mayor factor desestabilizante es la persistente costumbre de ciertos altos funcionarios de conjuntar sus trajes con calcetines blancos. Un país mediano y quizá mediocre pero sosegado, que convive de manera sensata con sus fantasmas colectivos y digiere con calma su presente poscolonial, buscando su lugar en Europa sin perder la cordura en aventurerismos insanos ni estériles divisionismos banderizos. Cuestión de perspectiva, sin duda. En todo caso Saramago, que es un pesimista histórico, quizá sea el primero en saber que, antes que su provocativa profecía panibérica tenga algún viso verosímil, resulta mucho más probable que a la vieja balsa de piedra se le desprendan nuevos trozos flotantes en el oleaje del océano de la fraccionalidad y el particularismo. C LAS PERIFERIAS DE ZAPATERO A versión buenista de las ruinas mayas de Chichén Itzá visitadas estos días por Zapatero logra hacerlas plenamente homologables con la Alianza de Civilizaciones. La versión real es mucho más cruel y despótica, mucho más que la representación de los conquistadores españoles como el auge depredador de un imperio ciego de fe católica frente a la inocencia del buen salvaje según las tesis del indigenismo. El sacrificio humano, la antropofagia ritual, la guerra sin tregua, la tortura, la teocracia con banquetes de carne humana, despellejar al enemigo para convertirle en tambor o utilizar su cráneo como vaso eran costumbres practicadas por los mayas de Chichén Itzá, una civilización ya decadente cuando llegaron los españoles. La idealización primitivista de aquel pasado es doctrina adanista al uso en aquella periferia que prefiere Zapatero, más próximo a Chávez, Correa o Evo Morales que a Uribe, Lulla o Calderón. Más al norte, la periferia zapaterista linda más cómodamente con las patochadas de Michael Moore que incluso con el demócrata Bill Clinton. Todo lo bueno es periférico, sin atender al hecho de que la centralidad es algo muy mutante en un mundo que se globaliza. VALENTÍ Identificados con la periferia, el segunPUIG do paso es creer que la periferia ya son los otros, los que hasta el momento permanecían en la zona central de juego. Territorialmente, España es para Zapatero un rompecabezas sobre el que uno puede experimentar ensamblajes según su conveniencia o interés, más que un continuum orgánico con mucho poso histórico. También en España, Zapatero es hombre adicto a las periferias. Así, repentinamente, uno se salta la Historia, y coloca la periferia en el centro: pacta con los elementos disgregadores para generar ex novo otra España, con otra memoria y con un equilibrio territorial surgido de la ilusión más que de la experiencia. Esa es, en parte, opción de gobernantes. El PP ha activado el eje Madrid- Valencia y sus resultados políticos le son beneficiosos. En el caso de Zapatero, parece que sus opciones suelen ir más allá de la norma conocida y pactada. En L el caso de Cataluña, los socialistas constituyen el tronco central del gobierno tripartito, pero CiU fue más votada y se siente engañada por Zapatero como posible aliada y por lo que respecta al Estatut En el País Vasco, el PNV ve con pánico la posibilidad de una aproximación de Zapatero a la izquierda abertzale que es Herri Batasuna. En Navarra, en fin, la dilación es caótica y ya no se sabe si se busca forzar unas elecciones autonómicas anticipadas o confabular una fórmula de acomodo para llegar hasta las legislativas, sean en marzo o antes. Laoperación balear, decarácter hexagonal, pasa por entregar cuotas de poder altamente desproporcionadas a un minipartido como Unió Mallorquina y por ceder ante ERC o los socialistas nacionalistas en asuntos como la política lingüística. Como presidente del Govern Balear un Antich admirador y émulo explícito de Pascual Maragall va a poner en práctica aquella versión tan anacrónica del pancatalanismo político- Paisos Catalans -que incluso Montilla intenta apartar de las decisiones de su tripartito. Históricamente, el pancatalanismo político fue rechazado por Tarradellas y también por el pujolismo. Es algo notoriamente pintoresco: por eso, como Chichén Itzá, no debe carecer de poderosa lógica para la concepción política de Rodríguez Zapatero. Ciertamente, es inefable la inauguración del gobierno multipolar de Antich. Su componente ecologista, de los más radicales en el ecologismo español, comienza metido de manos y pies en la nula gestión del desastroso episodio de las grietas del buque Don Pedro en Ibiza. Eso ya es periferiade la periferia. La quimera periférica topa con el insularismo atávico. Tomen nota los ciudadanos antes de irse de vacaciones: el pancatalanismo institucional y político tomará impulso en Baleares, adquirirá más presencia en la Cataluña de ERC y va a tensar innecesariamente la política valenciana. Todo eso se dispone a ocurrir a contrapelo de la realidad lingüística bilingüe, del conspicuo rechazo de las mayorías y dela pura naturaleza entre ilusoria y desaprensiva de todo el asunto. Como una suma de repliegues tectónicos que configuran el plinto para una estatua, las periferias sostienen a Zapatero y Zapatero las recompensa en beneficio propio. vpuig abc. es