Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
44 INTERNACIONAL DOMINGO 15 s 7 s 2007 ABC Un programa político para Irak La guerra se aproxima a una especie de punto culminante autoimpuesto. Está previsto que, cuando el general David Petraeus, comandante en Irak, presente un informe provisional en septiembre, el presidente anuncie sus conclusiones respecto al futuro da unilateral, sino que la Administración conciba un fin político sostenible para el conflicto. Las retiradas deben ser el producto de una solución política, y no a la inversa. (Las modificaciones en los despliegues basadas en decisiones estratégicas son otra cuestión) Tradicionalmente, la diplomacia se esfuerza por descubrir metas comunes y extraer de ellas un compromiso viable. Lo que distingue a la diplomacia que concierne a Irak es que, a fin de cuentas, tiene que extraer un planteamiento compartido de unos temores comunes. Cada una de las partes- Estados Unidos, las facciones internas, los vecinos de Irak y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas- afrontan la realidad de que, si persiguen sus objetivos predilectos, el caldero de Irak puede desbordarse y engullir a toda la región. Estados Unidos y la mayoría de los vecinos de Irak tienen un enorme interés nacional en impedir la aparición de zonas de entrenamiento de terroristas en Irak para los guerreros islamistas radicales que repiten la experiencia talibán de Afganistán. Ninguno de los vecinos de Irak, ni siquiera Irán, está en condiciones de dominar la situación frente a la oposición de las demás partes interesadas. ¿Es posible concebir un desenlace sostenible teniendo en cuenta esas consideraciones? Estados Unidos ha sometido a las facciones internas- los chiíes, los suníes y los kurdos a insistentes llamamientos para alcanzar una reconciliación nacional. Pero, como cabría esperar, a unos grupos envueltos desde hace siglos en sangrientas disputas les cuesta resolver sus diferencias por medios constitucionales. Necesitan el respaldo de un proceso diplomático capaz de proporcionar apoyo internacional para ejecutar cualquier acuerdo interno alcanzado o contener su conflicto si las facciones internas no son capaces de ponerse de acuerdo e Irak se escinde. Aunque buena parte de la atención mediática se centra en qué países deberían intervenir en la diplomacia, con un énfasis especial en Irán, el verdadero debate debería partir de la ba- Henry A. Kissinger Seguramente, el Congreso de Estados Unidos presionará para que se produzca una retirada acelerada, cuando no total, de las fuerzas norteamericanas. Y es probable que aumenten las peticiones a favor de una solución política. El desencanto ciudadano con la guerra en Irak es palpable. Las muestras de preocupación expresadas por el muy respetado Richard Lugar, republicano por Indiana, son un ejemplo que viene al caso. Por otro lado, una opinión pública democrática acaba responsabilizando a sus líderes de haber provocado desastres, aunque las decisiones que ocasionan dichos desastres reflejaran las preferencias ciudadanas del momento. Y una retirada precipitada daría pie a un desastre. No pondría fin a la guerra, sino que la trasladaría a otras regiones, como Líbano, Jordania o Arabia Saudí. El conflicto entre las facciones iraquíes se intensificaría. La demostración de impotencia estadounidense envalentonaría al islamismo extremo y radicalizaría todavía más a sus discípulos desde Indonesia hasta India, pasando por el extrarradio de las capitales europeas. Sean cuales sean nuestros calendarios nacionales, el fracaso de la iniciativa estadounidense en Irak supondría una calamidad geopolítica. En ese sentido, el objetivo de una retirada unilateral y la búsqueda de un desenlace político son incompatibles. AP Nueva ola de violencia en Bagdad, con 21 muertos se de qué es lo que se pretende conseguir con esa diplomacia. El objetivo estadounidense debería ser un acuerdo internacional sobre el estatus de Irak en el mundo. Debería poner a prueba a los vecinos de Irak, así como a otros países más distantes, para comprobar si están preparados para traducir conceptos generales en políticas convergentes. Ello ofrecería un marco legal y político para defenderse de las transgresiones. Éstos son parámetros significativos para poder contrastar las retiradas estadounidenses. El motivo por el que esa diplomacia puede resultar factible es que la prolongación de la actual crisis iraquí plantea unos problemas cada vez mayores a todos los vecinos de Irak. Una nueva ola de violencia azotó ayer a Irak y dejó un saldo de al menos 21 muertos en dos incidentes separados al norte y al sur de Bagdad. En la imagen, el estado en el que quedaron algunos edificios de la avenida Tariq Moaskar Rach tras la explosión de un coche bomba aparcado. En este atentado murieron cuatro personas Entrenamiento de terroristas De hecho, nos enfrentamos a diversas paradojas. La victoria militar, en el sentido de instaurar un gobierno capaz de imponer su autoridad en todo Irak, no es posible en un marco temporal tolerable para el proceso político estadounidense. Sin embargo, es imposible concebir una solución política ajena a la situación sobre el terreno. Lo que necesitan Estados Unidos y el mundo no es una retira- Paradojas iraquíes Una retirada precipitada de las tropas estadounidenses daría pie a un desastre No pondría fin a la guerra, sino que la trasladaría a otras regiones, como Líbano, Jordania o Arabia Cuanto más dure la guerra, más probable será la desmembración del país en unidades sectarias. Turquía ha subrayado en repetidas ocasiones que se opondría a dicha escisión por la fuerza debido al impacto radicalizador que un Estado kurdo tendría en su numerosa población kurda. Pero esto sumiría al país en un conflicto no deseado con Estados Unidos y abriría una caja de Pandora de otras intervenciones. Arabia Saudí y Jordania temen la dominación chií de Irak, sobre todo si el régimen de Bagdad amenaza con convertirse en un satélite de Irán. La posición de los diversos territorios de los jeques del Golfo, el mayor de los cuales es Kuwait, se ve todavía más amenazada. Les interesa contribuir a calmar la agitación en Irak y evitar la dominación iraní de la región. Es probable que las actitudes de Siria sean más ambivalentes. Sus lazos con Irán representan al mismo tiempo una reivindicación de estatus y una vulnerabilidad amenazadora. Sigue la corriente al Hezbolá dominado por Irán en Líbano para mitigar la influencia occidental, pero teme un enfrentamiento con Estados Unidos, y aún más con Israel, en caso de que la región pierda el control. Con una diplomacia estadounidense inteligente y decidida, hasta Irán podría verse in- ducido a deducir que los riesgos de una agitación permanente son mayores que las tentaciones que se le presentan. Ciertamente, a los líderes iraníes podría parecerles que tienen el viento a su favor, que el momento es particularmente propicio para que se materialicen unas visiones milenarias de un imperio persa reencarnado o se produzca un vuelco en la división entre chiíes y suníes bajo dominación chií. Por otro lado, si existen unos líderes prudentes- -cosa que todavía está por ver- podrían llegar a la conclusión de que será mejor utilizar estas ventajas como una baza en las negociaciones que arriesgarse a perderlas en una pugna por dominar la zona. Todo apunta a una campaña internacional con tres vertientes: una negociación intensificada entre las facciones iraquíes; un foro regional como la conferencia de Sharm el Sheij para elaborar un estatus de transición internacional para Irak; y una conferencia más general para determinar las dimensiones de las misiones de paz y verificación. El resto del mundo no puede fingir indefinidamente que es espectador de un proceso que poía engullirle por su inercia. 2007, Tribune Media Services Momento propicio