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ABC SÁBADO 14- -7- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 75 Mañana, los lectores podrán obtener la cartilla para conseguir, con ABC, la toalla, la mochila, y la camiseta de Harry Potter por sólo 2,99 Cerveza, orquídeas y veneno Consiga mañana, con ABC, la cuarta entrega de la colección Biblioteca de Oro, la novela Fer- delance de Rex Stout, por tan sólo un euro y el cupón del día LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA ¿Qué relación puede tener Carlo Maffei, un oscuro orfebre italiano asesinado de una puñalada en la espalda cuando intentaba regresar a su país desde los EE. UU. y Peter Oliver Barstow, rector de la Universidad de Holland, muerto durante la disputa de un partido de golf, aparentemente por un fallo cardíaco que resulta ser, en verdad, consecuencia de una aguja envenenada de la que ni su propio médico particular se había apercibido antes del entierro? La respuesta está en la descomunal cabeza de Nero Wolfe, el más atípico de los detectives cosmopolitas que haya creado la novela de misterio. Para empezar, Wolfe rara vez sale de su apartamento neoyorquino; su enorme masa corporal, distribuida en 140 kilos de ancho por 190 centímetros de alto, pasa la mayor parte del día bien en un sillón de cuero rojo, en la cama, o bien cuidando orquídeas, su pasión más célebre Todo en la vida obedece a un motivo, excepto el cultivo de orquídea dice) junto con la cerveza (unas doce litrosucciones diarias) y la gastronomía exótica y desmesuradamente abundante. Wolfe es un excéntrico hipocondríaco, algo rácano, mordaz, y dotado de un narcisismo recalcitrante. A su lado y ejercitando labores de campo está el secretario Archie Goodwin, la primera persona, el narrador, el interlocutor de Wolfe. Tipo duro y astuto, pateador de la calle que hace las veces de oído, boca, pies y manos del hogareño detective. Y a los fogones de la cocina con la que el obeso investigador satisface sus hedonistas placeres, Fritz, inventor de la salsa zíngara, suculento veneno A las máquinas, Rex Stout (1986- 1975) un escritor que se había ganado la vida más mal que bien con obritas de aventuras hasta que, cumplidos ya los cuarenta años, diseñó a su criatura novelística Nero Wolfe. Fue en 1934 cuando publicó Fer- de- lance (una expresión francesa que se puede traducir como punta de lanza además de ser el nombre popular de una muy venenosa serpiente de Centroamérica) ganándose a un público numeroso y obteniendo los favores de la crítica por el admirable ingenio que desplegaba su personaje. En las obras de misterio de Stout que tienen a Nero por protagonista, y en especial en Fer- de- lance el lector es el verdadero actor principal: no sólo debe sospechar de la autoría de los crímenes entre la maraña de familiares, amigos y otras gentes del buen interés También ha de gozar intentando descubrir por qué ese tipo tan raro, inmóvil, llega a las conclusiones a las que llega con un único vistazo a la primera plana de un periódico. Cuidado: cuando se empieza, no se acaba hasta que pone fin crear historias. Crea tramas basadas en reglas del juego tramposas: pero las verdaderas historias no se basan en una serie de premisas artificiales, sino en los personajes. Las verdaderas historias han de ser, sobre todo, aventuras interiores. Las historias de J. K. Rowling, como los ciberjuegos, tienen que ver siempre con descubrir una clave, con encontrar una serie de objetos mágicos que permiten abrir puertas, con superar una serie de pruebas de creciente dificultad. Sumemos a esto que la poesía brilla por su ausencia. Pero entonces, ¿por qué se encuentra medio planeta devorando novelas que son una muestra de incompetencia literaria, escritas en un lenguaje plano y, sin personajes interesantes, con conversaciones vacías, con historias inexistentes? Frente a la incompetencia literaria se me ocurren dos respuestas posibles. La primera, que el éxito de los libros de Harry Potter refleja una crisis de proporciones incalculables en el arte de la lectura (ya que leer es un arte tanto como lo es escribir) La segunda tiene que ver con el símbolo TM marca registrada que aparece en las portadas de los libros. El título Harry Potter, junto con el logo y los nombres de los otros personajes, pertenece a la Warner Bros. y desde el principio la saga de Rowling se presentó conjuntamente como una serie de libros y de películas. Y quizá esta presentación duplicada, multimediática, sea una de las claves de todo. Porque son las películas, con sus imágenes bellísimas, las que ayudan a que la lectura de los libros sea verdaderamente eficaz. Rowling es incapaz de crear imágenes ni de dar vida a sus criaturas, pero al leer los libros rellenamos sus frases con las imágenes de las películas, con paisajes inolvidables, con sorprendentes efectos especiales, con los cálidos rostros de los actores, con poéticos hipogrifos de plumas grises. En los últimos libros, parece evidente que la autora escribe pensando en el cine, en trucos visuales cinematográficos y en los gestos característicos de los niños actores que encarnan a Harry, Hermione, Ron, Hagrid y los demás. Serpiente venenosa Clave cinematográfica AP María Lakshmi Álvarez Portillo 16 años HOGWARTS, UN SUEÑO REAL l mundo de Harry Potter despertó en mí un enorme interés. Nuestros tres protagonistas corrían aventuras con las que todos los niños lectores soñábamos, llenas de seres fantásticos, pasadizos secretos, escaleras que cambian de dirección, cuadros vivientes, capas de invisibilidad, etc. Dentro de este mundo maravilloso Harry Potter era el niño elegido que, con sólo un año, sobrevivió a una maldición mortal conjurada por el mago más tenebroso de todos los tiempos, y por tanto se convierte en el niño más fa- E moso de la comunidad mágica. Se contrastan aspectos de la realidad y elementos fantásticos: vemos a Harry como un héroe que se enfrenta a dragones y hace encantamientos extraordinarios, pero también vemos sus problemas más personales y humanos, como invitar a salir a una chica, al igual que cualquier otro muggle. O el hecho de permanecer en un internado con otros alumnos, con horarios estrictos y tener asignaturas fantásticas como Pociones o Historia de la magia. Esto hace que te sumerjas poco a poco en su mundo y te parezca normal el quiditch o incluso un sauce boxeador. Aunque yo sabía que el mundo de Harry Potter solo podía cobrar vida en mi imaginación, en lo más profundo de mi corazón, tenía la esperanza de que cuando cumpliera 11 años una lechuza se acercase a mi casa para entregarme la tradicional carta de admisión a Hogwarts.