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14 7 07 TENDENCIAS Sillón Moreover, de Ron Arad Vitra show El Hollywood de los diseñadores Vista de la carpa que alberga la Segunda Vitra Edition (Viene de la página anterior) Esta mesa es la pieza aportada por la arquitecto Zaha Hadid que rebelde a este siglo que acaba de empezar. Así, según se llega al acceso principal, revestido por los hermanos Campana con paja al modo de una cabaña en la playa, se entra casi en un campo de investigación. El estudio de Jurgen Bey experimenta con unos muros de papel y grafismos para los espacios de vida y trabajo; los Bourullec, siempre pendientes de dar intimidad a las áreas comunes, proponen una zona de descanso y relax aislada con un material textil que se puede modificar fácilmen- te; Jerszy Seymour ha inventado un plástico biológico realizado a base de la piel de las patatas y que sirve para múltiples usos dada su flexibilidad y dureza; Jürgen Mayer proyecta un espacio lleno de color que homenajea el edificio en el que se ubica con un grafismo geométrico a base de pinturas termo sensibles que dejan huella. Y así hasta los siete espacios. La otra exposición es la segunda Vitra Edition instalada en la preciosa carpa poliédrica de Buckminster Fuller. La describen como un laboratorio donde arquitectos y diseñadores tienen la libertad de crear instalaciones y muebles experimentales, sin cortapisas; es decir, no hay límites tecnológicos para estas piezas y sin embargo están a su disposición todos los medios técnicos de Vitra. Esto da como resultado unas piezas dudosamente prácticas o comerciales, pero sí sorprendentes y muy libres, apreciadas por los coleccionistas. En la primera edición, organizada hace 20 años, todo un plantel de gurús del diseño crearon piezas no todas reeditadas por Vitra, que se han convertido en una referencia cotizada por los coleccionistas. En la edición de este año, sus protagonistas son algunos colaboradores habituales de la empresa, como Hella Jongerius o Alberto Meda; otros que mantienen un contacto especial, como Zaha Hadid o Greg Lynn, y otros que trabajan por primera vez para ellos como Fukasawa, Jurgen Bey o los brasileños Campana. Información de Vitra: Tel: 49 (0) 7621 702 32 00. www. design- museum. de DÍAS DE JÚBILO La Polimusi úsica y gobierno han ido eventualmente juntos. Federico el Grande tocaba la flauta y Carlos IV de España, el violín. Ambos dejaron algún ejemplo de sus talleres de composición. Isabel II y su madre María Cristina cantaban en Palacio trozos de ópera, bajo la mirada atenta del maestro Arrieta. Nuestra democracia suma ya tres ilustres pianistas: Leopoldo Calvo Sotelo, Narcís Serra y Alberto Ruiz- Gallardón, este último con un currículo familiar donde figura, nada menos, Isaac Albéniz. El teclado, a veces, suena como una orquesta completa. M Blas Matamoro Quizá sea Zapatero el mejor situado. Su mujer, Sonsoles Espinosa, se ocupa de música coral. Nada más parecido a la gestión política que la conducción de un coro. Todos los integrantes deben sonar con el mismo timbre, aunque tengan cada quien su voz. El menor error- -entrar a destiempo, callarse cuando hay que dar volumen... -se advierte escandalosamente. Si hay alguien que no gusta de la partitura, debe disimularlo con una de esas sonrisas que salen en las fotos. De Rajoy se puede pensar que es un buen tenor solista, casi un robusto Heldentenor wagneriano. Tal vez el año próximo le toque subir al podio y empuñar la batuta. La tuna gallega se la sabe de memoria pero no olvidemos a los orfeones: el donostiarra y el catalán. Sin duda, don Mariano repasa sus lecciones de dirección coral. Hay pésimos coros en nuestros escenarios. Son los terroristas. No hacen más que desafinar, ignoran la armonía y creen que su música es la única válida, aunque no emitan sonidos, sino ruidos. No pueden acceder al arte de convivir. Son sordos totales, jamás han distinguido la voz del otro. Eso sí, tienen pandas de forofos que van a sus macabras actuaciones y los aplauden, sumando ruido al ruido. Como todo buen músico, el buen político sabe administrar sus silencios. En un concierto, la pausa sirve para advertir quién carraspea porque no goza de la función, quién estornuda para quebrar la gravedad del momento y quién ronca porque lo ha aburrido el programa. Si al final hay aprobación, ha de contestar con una contenida sonrisa. Y si se oyen bufidos y pateos, también. Las lágrimas se reservan para el camarín. Son las reglas del arte.