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ABC JUEVES 12 s 7 s 2007 INTERNACIONAL 33 Alfonso Rojo LAS PENAS LOS MALOS Y Las enfermeras búlgaras y el médico palestino, durante la vista judicial celebrada en diciembre de 2006 AP El Supremo de Libia confirma la pena de muerte para las enfermeras búlgaras Para cerrar definitivamente el caso falta aún el dictamen del Consejo Judicial Superior s La decisión no causó ninguna sorpresa en Sofía RAFAEL ALVARADO CORRESPONSAL SOFÍA. El Tribunal Supremo de Libia confirmó ayer, en una sesión que duró menos de tres minutos, la sentencia de pena de muerte para las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino nacionalizado búlgaro, detenidos hace ocho años y cinco meses bajo la acusación de haber contagiado con el virus del sida a más de 400 niños en un hospital infantil de Bengasi donde trabajaban. Científicos de reconocido prestigio internacional han demostrado en reiteradas ocasiones su inocencia y la imposibilidad desde el punto de vista médico de que ellos fueran el origen del contagio. Una hora después del dictamen del Supremo, el ministro de Exteriores libio, Abdel Rahman Shalkam, en un intento de paliar las críticas y reacciones internacionales, dio una rueda de prensa en la que comunicó que el lunes próximo, 16 de julio, el Consejo Judicial Superior, que preside el ministro de Justicia, se reunirá para estudiar la sentencia. Como órgano político, el Consejo Judicial Superior tiene competencias para confirmar o revocar la sentencia, decisión ésta que equivaldría a un indulto. Este órgano valorará no sólo los aspectos jurídicos, sino también la posible ayuda humanitaria que se espera y las compensaciones a los familiares de los niños enfermos, al igual que los años pasados en la cárcel y la edad de los inculpados. En el supuesto de que confirme la sentencia del Supremo, el caso pasará a ser competencia del ministerio de Exteriores. Análisis genéticos desmontaron la falsa acusación Una investigación científica publicada en la revista Nature demostró que la cepa del virus del sida presente en Libia circulaba por ese país mucho antes de la llegada del equipo médico búlgaro, en 1998. Los análisis filogenéticos realizados en la Universidad de Oxford y otros centros de primera línea internacional revelaron que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) procede de África Occidental y llegó a Libia con los numerosos trabajadores inmigrantes procedentes de esa región. Los científicos creen que el brote que provocó la masiva infección de VIH en niños se debió a las pésimas condiciones higiénicas en los hospitales libios. rar las reacciones de altos representantes de la UE. Lamentamos que se haya tomado esa decisión, pero deseo manifestar mi convicción de que se encontrará una solución manifestaba José Manuel Durao Baroso, presidente de la Comisión Europea. La comisaria de Asuntos Exteriores, Benita Ferrero- Waldner, que en fecha reciente se desplazó a Libia donde mantuvo reuniones al máximo nivel y visitó a las enfermeras en la cárcel Judeyda de Trípoli, exhortaba a que se proceda con misericordia respecto a las enfermeras búlgaras y el médico palestino. La comisaria confirmó la disposición de la UE de asegurar tratamiento médico a los niños contagiados con el sida. Franco Frattini, comisario de Justicia, declaró que, a pesar de haber sido ratificada la pena de muerte, confía que el Consejo Judicial Superior libio indulte a los acusados. Señalando que su reacción respecto a la sentencia del Supremo es absolutamente negativa afirmó que ahora la situación es más compleja y aunque me gustaría decir que veo una solución final positiva, en realidad no la veo El primer ministro portugués, José Sócrates, cuyo país preside la UE, señaló que lamenta la decisión del tribunal libio, aunque confía en un desenlace feliz Reacción europea Sin extrañeza Ninguna de las máximas autoridades búlgaras manifestaron extrañeza por la confirmación de la pena de muerte. El presidente de la República, Gueorgui Parvanov, declaró que no es ninguna sorpresa y que Bulgaria insiste en que se convoque una reunión inmediata del Consejo Judicial Superior de Libia para que el caso se cierre definitivamente El primer ministro, Sergui Stanishev, señalaba que confía que el próximo lunes ya se conozca qué suerte correrán las cinco enfermeras y el médico palestino. El portavoz de Exteriores calificó la sentencia de esperada pero declaró que no habrá ninguna declaración oficial hasta que no se conozca la decisión del Consejo Judicial Superior, a la vez que se negó a contestar a las preguntas de los periodistas. Tampoco se han hecho espe- e obsesiona el espinoso asunto del crimen y el castigo. Puede que haya influido lo que escuchábamos en el internado del Antiguo Testamento o haber visto tantos horrores en mis correrías como reportero, pero soy un firme convencido de que quien la hace la debe pagar. Frente a los delitos menores, soy más proclive a entender que a juzgar. Me pasa incluso con esos casos espectaculares de estafa o de corrupción que copan portadas en los periódicos, porque entiendo que haya zotes cegados por el dinero. Lo único que deberíamos envidiar, al menos quienes hemos tenido suerte en la vida, es el talento, pero hay cenutrios por el lujo, los trajes y los yates. Allá ellos. En cualquier caso, lo que rompe mis esquemas, es que se cause gratuitamente daño físico o se mate a un ser humano. Hace un par de días, Wolfgang Schäuble, actual ministro del Interior alemán, se declaró partidario de instaurar la pena de muerte para casos especialmente odiosos de terrorismo. La idea de Schäuble, quien propone también crear un delito de conspiración que permita anular las conexiones telefónicas y vía Internet de los sospechosos, ha desatado un tremendo revuelo. En toda Europa se han alzado voces subrayando que ejecutar terroristas- -aunque sea muy selectivamente- -no arreglará nada y desatará gigantescas olas de violencia. Es evidente que ejecutar a los criminales no evita que proliferen los asesinos siniestros, como demuestran las estadísticas en EE. UU. China o Japón, pero la posibilidad de pasar temporadas a la sombra, tampoco hace disminuir los robos o las violaciones. Yo echo en falta la proporcionalidad y les pongo un ejemplo: Ayer, un tribunal inglés condenó a cadena perpetua a los cuatro islámicos que intentaron dinamitar la red de transporte londinense el 21 de julio de 2005. Van a pasar un mínimo de 40 años en la cárcel. Más de lo que purgará un facineroso como el etarra Txapote que asesinó a Fernando Múgica, a Gregorio Ordóñez y Miguel Ángel Blanco. No estoy a favor de la pena de muerte, pero coincido con el ministro, en que algunos la merecen. M