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30 INTERNACIONAL Golpe al integrismo radical en Pakistán JUEVES 12 s 7 s 2007 ABC Musharraf apaga un incendio pero el reto islamista puede cobrar más fuerza El apoyo incondicional a EE. UU. comienza a pasar factura al presidente paquistaní M. AYESTARÁN ENVIADO ESPECIAL ISLAMABAD. El inicio de la operación de la Mezquita Roja ha encendido las alarmas en Pakistán y en la comunidad internacional. El islamismo más radical ha tenido que manifestarse en el corazón del país para que el presidente Pervez Musharraf se tomara en serio el asunto y diera un golpe de efecto. Las largas, verdes y tranquilas avenidas de Islamabad ya conocían desde hace meses las protestas, mensajes y quemas de banderas de Estados Unidos de los seguidores del fundamentalista Abdul Rashid Ghazi, pero nadie les paraba los pies. El fallecido clérigo radical anunciaba venganza horas antes de su muerte, pero ni en vida tenía el apoyo de las madrasas de la capital, ni por el momento sus seguidores han cumplido con su última y asesina voluntad. Lo que ha provocado esta crisis en gran parte de la sociedad paquistaní es la sensación de sentirse un campo de batalla internacional. Muy parecido a lo que le ocurrió el pasado verano al ciudadano medio libanés en la guerra entre Israel y Hizbolá, con Estados Unidos e Irán en la sombra. El apoyo incondicional a Estados Unidos tras los atentados del 11- S está pasando factura al presidente Musharraf, que hasta el momento mantenía cerrada la caja de los truenos más radicales en las infranqueables zonas tribales. El diario paquistaní The Frontier Post denunciaba en su editorial la esclavitud en la que se encuentra sumido el país por uno y otro lado y pedía al presidente que devolviera la dignidad al país. Las auténticas víctimas de la Mezquita Roja son los jóvenes estudiantes, la mayoría menores de dieciocho años, que habían sido enviados por sus padres desde pueblos remotos y que fueron usados como escudos humanos. O los soldados, que les encargaron sofocar una revuelta más y se encontraron con la guerra. No hay datos sobre los duros militantes que han mantenido a raya a las fuerzas especiales paquistaníes, ni procedencia, ni número, pero hace días se filtró que había un buen número de extranjeros, de yihadistas profesionales. La respuesta del Ejército, por su parte, ha sido contundente y ha despertado el resquemor de miles de ciudadanos que, si bien no compartían los medios violentos empleados por los responsables de la Mezquita Roja, hacen suyo el objetivo de un Pakistán islámico y regido por la sharia muy alejado del giro a occidente que el actual mandatario inició en 2001. Irak, Afganistán, Líbano y, cada vez más, Pakistán son los tableros en los que se están jugando las partidas más serias por el nuevo orden mundial. En Islamabad. Musharraf ha conseguido apagar un incendio, pero la amenaza está más viva que nunca. La yihad contra Estados Unidos, además, ya ha demostrado como se amolda al resto de Occidente y golpea en Madrid o Londres. Es la guerra del nuevo siglo. Jóvenes usados como escudos