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16 ESPAÑA MIÉRCOLES 11 s 7 s 2007 ABC Eugenio Nasarre Diputado del Partido Popular En el debate sobre el estado de la Nación quedó escenificada la mortal herida inferida a nuestro sistema parlamentario. El presidente del Gobierno, encima indignado, se negó a cumplir el más elemental deber de un gobernante democrático y el Congreso abdicó de sus responsabilidades. Sólo se alzó la voz de Mariano Rajoy para preservar la dignidad del Parlamento y, por lo tanto, de nuestra nación n 1795, el año de la paz de Basilea entre Prusia y Francia, publicó Emmanuel Kant su famoso opúsculo La paz perpetua En él, con tintes vigorosos y polémicos, pretendió establecer para el futuro las condiciones que asegurasen una paz que no fuera una simple tregua entre las naciones. Sus propuestas pretendían articular las bases de un nuevo derecho público sustentado en la moral y sometido a ella. Pues bien, la regla de oro de este nuevo derecho público no era otra que la publicidad. Tan potente era este principio para Kant que pensaba que bastaría su observancia para lograr una concordancia entre la moral y la política. Por el contrario, el síntoma más claro de la separación de la moral y la política era el recurso por parte de ésta a las prácticas y a las cláusulas secretas, en lo que veía la doblez de una práctica tenebrosa Al elevar el principio de publicidad a la categoría de principio trascendental al que debería someterse la constitución civil de todo Estado, para garantizar la libertad (como hombres) y la igualdad (como ciudadanos) Kant había introducido una raya divisoria definitiva entre el comportamiento de los poderes despóticos y el de los poderes limitados, los que hoy responden al modelo demoliberal. Kant estableció con lucidez que el mayor freno a los excesos del poder era obligarle a que todo lo que hiciera lo tuviera que confesar y, por lo tanto, a prohibirle llevar a cabo prácticas inconfesables, las que, según habían sostenido hasta entonces los más conspicuos defensores de la razón de Estado pertenecían a ese ámbito secreto de los arcana imperii. Pero que acaban convirtiéndose- -la historia lo venía demostrando- -en las cloacas del Estado. fortunadamente, este principio de publicidad se ha ido imponiendo en la cultura política de nuestro mundo civilizado. Las negociaciones y protocolos secretos, aquellos que se ocultan a los ciudadanos, ya sólo son considerados propios de los regímenes dictatoriales y totalitarios. Acaso el paradigma de la doblez de una práctica tenebrosa a la que se refiririó Kant, fue el siniestro tratado del 23 de agosto de 1939 firmado por el belicista Ribbentrop, plenipotenciario de Hitler, y el astuto Molotov, a su vez de Stalin. Porque aquel acuerdo, que sacudió al mundo y que fue presentado como un acuerdo de amistad y para la paz, el único que conoció la opinión LA PAZ PERPETUA E cedentes de varias fuentes periodísticas, a las que podemos otorgar una mayor o menor credibilidad. El Gobierno ni los ha confirmado ni los ha desmentido. Zapatero ha optado por considerar que la negociación, incluso una vez concluida, pertenece al ámbito de lo secreto Pero las informaciones que nos han llegado son de una gravedad incuestionable. Al parecer, ha habido conversaciones incluso con mediadores y observadores internacionales. La negociación ha adquirido una dimensión internacional. Los poderes competentes del Estado según reza la resolución parlamentaria, han actuado. Pero no sabemos nada, absolutamente nada, de cuál ha sido el contenido de su actuación. E A pública europea, llevaba anejo un protocolo secreto, inconfesable, que contenía el inmoral reparto de Polonia. Diez días después estallaba la Segunda Guerra Mundial. Al comienzo de esta legislatura Zapatero, movido por sus ansias infinitas de paz decidió intentar una paz negociada con la banda terrorista ETA. Rompió el pacto público suscrito por los dos grandes partidos nacionales y rubricado por él mismo en su condición de secretario general del Partido Socialista. Y promovió una resolución parlamentaria para un final dialogado de la violencia que fue aprobada por el Congreso de los Diputados el 17 de mayo del 2005, con el voto en contra del PP, que representa más del cuarenta por ciento de la Cámara. se convertía en un mandato del Congreso al Gobierno para entablar un proceso de diálogo entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia El texto era eufemístico, según los usos lingüísticos ahora predominantes, pero quedaba meridianamente claro de que contenía una autorización para negociar con ETA. e lo que ha pasado desde entonces, los españoles conocemos tres hechos. Que diez meses después de la resolución parlamentaria ETA anunció un alto del fuego permanente Que el 30 de diciembre del 2006 la banda terrorista cometió un brutal atentado en Barajas con dos pérdidas humanas. Y que en junio de 2007 comunicó el fin de la tregua, anunciada quince meses antes. La negociación había fracasado y el llamado proceso de paz parecía concluido. Pero ¿qué había pasado durante, al menos, los dos años transcurridos desde la autorización parlamentaria? Conocemos relatos fragmentarios pro- D E l paso dado por el presidente del Gobierno era de una relevancia política trascendental, porque suponía involucrar al órgano de la soberanía nacional en un proceso de negociación con la banda terrorista ETA. La iniciativa de Zapatero n el hecho político más relevante de esta legislatura Zapatero se ha instalado en los antípodas de lo que Kant reclamaba en su Paz perpetua Su conducta constituye una auténtica traición al principio de transparencia, que debe regir como regla de oro en los sistemas democráticos. Zapatero cree que está investido de un poder del que no tiene que dar cuenta. La reclamación de un ámbito secreto de una negociación es incompatible con las exigencias de la democracia. Resulta curioso que los intelectuales orgánicos del zapaterismo, que profesan todos ellos su admiración por Kant y blasonan los ideales de La paz perpetua han arropado la conducta del presidente del Gobierno, que encarna al Estado Absoluto, alimentado de la moral maquiavélica. Pero lo que resulta también escalofriante para nuestra democracia es el comportamiento de los grupos parlamentarios que autorizaron la negociación al Gobierno y que ahora se niegan a saber qué ha pasado y admiten, en consecuencia, la posibilidad de una negociación secreta y con cláusulas secretas. Es tanto como hacerse el haraquiri y entregar en bandeja al que ocupa el Poder Ejecutivo los atributos irrenunciables del órgano de la soberanía nacional. Renunciaron a lo que nunca debieron renunciar como representantes del pueblo español. En el debate sobre el estado de la Nación quedó escenificada la mortal herida inferida a nuestro sistema parlamentario. El presidente del Gobierno, encima indignado, se negó a cumplir el más elemental deber de un gobernante democrático y el Congreso abdicó de sus responsabilidades. Sólo se alzó la voz de Mariano Rajoy para preservar la dignidad del Parlamento y, por lo tanto, de nuestra nación. Ha sido el mejor servicio que ha hecho a nuestra democracia y a España.