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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 11 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CAMPBELL Y LOS NOTARIOS DE CABECERA L fichaje de especialistas en comunicación, contratados de forma selectiva para ponerse al servicio de dirigentes políticos, se ha convertido en un recurso generalizado en muchos países, y no solamente en el caso de los grandes líderes, sino también a niveles más modestos de la administración pública. Por un lado, la misión de estos cotizados profesionales consiste en acercar a la sociedad y hacer más humanos a los líderes políticos durante el ejercicio de sus funciones, a cambio de lo cual parecen atribuirse el discutible derecho a ganar dinero revelando lo que en su momento se esforzaron por ocultar, como una especie de complemento remunerativo. Para describirlo en términos simplistas, primero se dedican a maquillar la historia oficial y, después, a aderezar la real. Entre la confidencia y la traición, surge con fuerza y enormes garantías de éxito un nuevo subgénero literario. El último caso ha sido el protagonizado por el periodista británico Alastair Campbell, que acaba de publicar un trabajo sobre Los años de Blair Ahora, Campbell se comporta como la mayor parte de los que han estado en el entorno del ya ex primer ministro- -y, seguramente, como también sucederá en el caso del presidente norteamericano George W. Bush y otros dirigentes de la primera línea política de aquel tiempo- tratando de desvincularse del proceso de decisión que llevó a la guerra de Irak, a pesar de que fue Campbell quien estuvo transmitiendo las consignas y forzando las informaciones de la BBC hasta el estallido del caso Kelly Tal y como se ha planteado el relato del ex asesor de Blair, las confesiones de Campbell llevan a pensar que, cuando uno de estos especialistas comunicadores se dedica a contar las interioridades del periodo de gestión política en el que ha intervenido, uno de sus principales objetivos- -si no el primero- -termina siendo el de salvaguardar su propia imagen. Es más: si se tiene por bueno lo que se ha publicado, y lo que sin duda se publicará sobre los momentos cruciales de la actividad en la Casa Blanca o en el 10 del Downing Street, se puede prever un panorama en el que, alrededor de Blair o Bush, sólo había en su momento gente opuesta a los planes militares, mientras que los orígenes de la decisión de lanzar aquella polémica operación bélica apuntarán directa y exclusivamente, en un mar de escepticismo activo, a los dirigentes de primerísima línea. Si lo que se cuenta en esta especie de vindicaciones fueran siempre informaciones honestas, tal vez podrían llegar a convertirse en un material práctico para los historiadores, analistas que en la posteridad quizá pudieran encontrar en estos ensayos, ya digerida, la intrahistoria de los procesos más importantes de nuestro tiempo. Sin embargo, escritores como Campbell deberían advertir en el prólogo de sus ensayos de las limitaciones de su contenido, porque hay que saber que a los fracasos pocos se alistan. Ni siquiera para contarlos. E EL GOBIERNO, AUSENTE EN ERMUA ÓLO el Gobierno socialista parece haber olvidado, en el bando de los demócratas, que ayer se cumplió el décimo aniversario del secuestro de Miguel Ángel Blanco, asesinado dos días después por ETA. En la agenda gubernamental no hubo ayer un minuto de tiempo para que cualquiera de los miembros del Ejecutivo asistiera a uno solo de los actos organizados en homenaje y recuerdo por el concejal del Partido Popular. Nadie en el Gobierno dedicó una palabra solemne, una expresión de sentimiento, más allá de la escueta referencia hecha por el ministro del Interior durante la rueda de prensa que dio tras presentar un portal de internet sobre riesgos naturales. Tuvo razón Alfredo Pérez Rubalcaba al destacar que la lección más importante de aquellos días de hace diez años es que consiguieron reforzar la unidad entre los partidos. Lo que hay que añadir es que la verdadera unidad que desencadenó el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco fue política y social para conseguir la derrota de ETA, y por eso se quedaron fuera de ella- -y aun en su contra- -los partidos que nunca apostaron por este objetivo. Algunos de ellos montaron en 1998- -ni un año había pasado desde el asesinato de Blanco- -el pacto de Estella y se opusieron a todas las reformas legales que el PP y el PSOE aprobaron para arrinconar a los terroristas. Ermua fue un espíritu, pero también una acción muy concreta que empujó, por un lado, al Estado a no aceptar con resignación la continuidad del terrorismo y, por otro, a los partidos constitucionalistas a intentar cancelar la hegemonía nacionalista. Las cosas han cambiado de forma dramática porque es muy evidente que el PSOE ya no asume el legado del Espíritu de Ermua Y así es como, nuevamente, el presidente del Gobierno se hace invisible en un momento doloroso para este país, como sucedió tras el atentado de la T- 4, la emboscada terrorista del Líbano o el alevoso crimen islamista de Yemen. No siempre se puede ser el portavoz de las buenas noticias, y Rodríguez Zapatero debería saber que en el cargo de presidente también está comprendida la obliga- S ción de acompañar a la sociedad cuando sufre por el terrorismo. Habría bastado- -hoy ya es tarde- -un recuerdo a la persona de Miguel Ángel Blanco, un apoyo expreso de algún miembro del Gobierno a su familia en un momento de recuerdo de su dolor en aquellos agónicos días de hace diez años. Nadie habría echado de menos en boca del presidente una referencia al valor político de la rebelión de Ermua, porque Ermua es la antítesis de cuanto ha sucedido desde 2002 entre el PSOE y el Gobierno socialista, de una parte, y Batasuna y ETA, por otra. Pero este nuevo silencio de Zapatero es inexplicable. El asesinato de Miguel Ángel Blanco dictó muchas lecciones, plenamente válidas como denuncias de la política de diálogo con los terroristas llevada a cabo en estos últimos años. Hace diez años cobraron todo su valor los principios políticos y éticos más importantes a los que puede apelar un Estado democrático: no ceder al chantaje terrorista, unir a los ciudadanos y a los partidos políticos, defender la dignidad nacional, rechazar la negociación política. La dificultad del PSOE y del Gobierno para recordar Ermua es políticamente comprensible, porque entraña una contradicción con ellos mismos que no pueden superar. No es compatible Ermua con negociar con Batasuna clandestinamente desde 2002, ni con ETA desde junio de 2005; ni con ceder al chantaje de De Juana Chaos; ni con dar impunidad a Arnaldo Otegi, por más que, ahora, cuando conviene, uno y otro estén en prisión; ni con abrir de nuevo los ayuntamientos a la izquierda proetarra; ni con faltar a la verdad a los ciudadanos, al Partido Popular y al Parlamento, ni con atacar al Foro de Ermua- -calificado por un dirigente socialista vasco como brazo armado del PP- -y a Basta Ya Aun así, Rodríguez Zapatero debió pronunciarse públicamente ayer sobre este aniversario y mostrar hacia Miguel Ángel Blanco y su familia, en particular, y hacia las víctimas de ETA, en general, la disposición personal que ha mostrado a las víctimas de otros terroristas durante esta legislatura. ENERGÍA NUCLEAR Y DEBATE SERENO E equivoca el Ministerio de Industria al minusvalorar los continuos avisos de los expertos que advierten de la creciente escasez del petróleo y de su inevitable encarecimiento, un olvido que conduce a una preocupante carencia de políticas energéticas que, previsoras, aseguren el suministro futuro de energía barata y suficiente, o que simplemente propicia propuestas voluntaristas y evanescentes, con errores como la renuncia a la energía nuclear. En el ámbito energético, el Gobierno no debe ampararse en una política de mensajes equívocos y ambiguos, sin calendarios definidos ni alternativas, eludiendo además un debate sereno sobre el uso de la energía nuclear, por la que sí apuestan algunos de los países más exigentes en requisitos medioambientales y de seguridad. Hurtar este debate, plantearlo de modo parcial y desenfocado, y renunciar a esta alternativa supone incrementar la ya alta y peligrosa dependencia energética exterior, cercana al 80 por ciento de la energía consumida, con lo que se agravan los peligros para España de un encarecimiento de los combustibles fósiles y de su inevitable reemplazo por otras energías, incluidas las alternativas. El ministro de Industria, Joan Clos, participó ayer en el Foro ABC, un referente en la vida económica y política española y lugar de encuentro de relevantes personalidades, en el que repasó los retos de su Ministerio en materia energéti- S ca, industrial, turística o de telecomunicaciones, así como otros asuntos de actualidad. Entre ellos, abordó la desorbitada multa que la Comisión Europea impuso a Telefónica la pasada semana. Clos manifestó que se estudiará con detenimiento la sanción, de casi 152 millones de euros, y que, en su caso, será recurrida por el Ministerio y la Comisión del Mercado de las Comunciaciones. Hará bien el ministro en defender contundentemente las propias facultades del Ministerio y de la CMT, puestas en cuestión por la sanción de Bruselas, lo cual no es de extrañar, dado el desprestigio al que el Gobierno socialista está sometiendo a los distintos órganos reguladores y supervisores por la permanente agresión a su teórica independencia. Clos debería ser el primer interesado en que nuestros órganos reguladores ganen en respeto y credibilidad ante Europa. En el caso de la multa a Telefónica, queda patente que la operadora cumplió escrupulosamente con lo exigido por la CMT, a pesar de lo cual fue multada duramente. Se crea así una inseguridad jurídica, lo que debería mover a Industria a defender la actuación de Telefónica y aclarar las reglas de competencia que deben seguir las operadoras. Además, Clos no debe desatender un mercado competitivo que asegure el máximo uso de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones de la forma más barata y universal posible.