Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Martes 10 de Julio de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.445. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. El rey de la montaña es reina La única gloria británica del ciclismo, Robert Millar, desapareció hace cuatro años de la vida pública. Quien fuera rey de la montaña del Tour en 1984 lleva ahora una vida escondida como Philippa York EMILI J. BLASCO iempre fue un misterio. Poco hablador con sus colegas de pedal, vegetariano cuando esto es poco habitual en el mundo del deporte, Robert Millar desapareció hace cuatro años de la vida pública y ahora el Daily Mail cree haberlo encontrado en un pueblo de Dorset. No ha cambiado en su afición al ciclismo, aunque sí de identidad: ahora es Philippa York. Aún le gusta pedalear. A menudo la ves sobre su bicicleta, a toda marcha, con su largo pelo asomando por fuera del casco aseguran sus nuevos vecinos. Nadie duda- -añaden- -de que antes era un hombre, pero es poco elegante hablar con ella de su vida anterior Millar, nacido en el área de Glasgow y entrenado en las tierras altas de Escocia, fue coronado rey de la montaña en el Tour de Francia de 1984- -al año siguiente perdería la Vuelta ante Pedro Delgado en la mítica etapa junto a Recio por la Sierra madrileña- En sus once años de participación en la competición subió al podio en veinte ocasiones. Ningún corredor británico tiene tal palmarés. En una rara entrevista, dijo en cierta ocasión que la montaña es la única oportunidad que tengo de hacer sufrir a los otros. Pero tengo que sufrir tanto para hacerles sufrir a ellos que no disfruto con ello En 1992 dio positivo en un test de dopaje. Se le encontró un alto nivel de testosterona. Pagó una multa, cumplió con los tres meses de ausencia en competiciones, pero continuó siendo una personalidad en el ciclismo. En 1985 se casó con la francesa Sylvie Transler, sin que su familia acudiera a la boda. Tuvieron un hijo y el matrimonio se deshizo al poco tiempo. El primer indicio de que algo pasaba COSAS MÍAS Edurne Uriarte Y EL SEDUCTOR LA FRÍVOLA S S Robert Millar en su época de corredor y en la actualidad como Philippa York ocurrió hace unos siete años. Un amigo comentó a la prensa haber visto a Millar con trenzas y con un par de bultos en su pecho. Cada vez que nos encontramos con él parece que sus pechos crecen, pero es algo de lo que él no habla aseguró ese testigo. De ser cierta la versión del Daily Mail la ahora Philippa York vive en una casa del sur de Inglaterra en compañía de su novia, Linda Purr, de 46 años, una funcionaria del condado. Ni la una ni la otra han querido confirmar la in- ABC formación sobre el cambio de sexo del otrora Robert Millar. El día en que el redactor del Mail apareció por el pueblo de Daventry, la señora York estaba demasiado ocupada en el garaje de su casa arreglando una moto para querer atender a la prensa. Un periodista que recientemente publicó una biografía sobre Millar, sólo obtuvo una respuesta escrita sobre su nueva vida: ¿Desaparecido? En realidad no. Sigo adelante, con relajación, haciendo sólo cosas que me gustan on poderosos, son ambiciosos. Incansables, calculadores, implacables. Dedicados a una causa y a un objetivo, la política y el poder. Él acaba de llegar a la jefatura del Gobierno de su nación. Ella ha anunciado que aspira a llegar a la misma cima, aunque al otro lado del Atlántico. Los medios de comunicación han construido el primer lado oscuro del perfil humano de ella: es una frívola. Los medios de comunicación han construido el primer lado positivo del perfil humano de él: aunque no lo parezca, es un frívolo. Ella es Cristina Fernández de Kirchner. Quiere ser la próxima presidenta de Argentina. Pero, cuidado, avisan los cronistas, gasta mucho en ropa, probablemente se inyecta botox y usa tacones de aguja. Es brillante, carismática, mejor oradora que su marido e incluso más inteligente, pero poco de fiar. Gusta de todas las frivolidades femeninas. Él es Gordon Brown. Es el primer ministro británico. Pero necesita un poco del carisma que le sobra a Cristina Fernández. Sus asesores le han añadido un poco de frivolidad. Masculinamente correcta. Le han fabricado un pasado de seductor a un hombre de quien un diputado británico dijo que la habitación se ilumina cuando él sale por la puerta y que encabezaría la lista de los hombres que ninguna mujer se llevaría a una isla desierta. Ni siquiera al bar de al lado. La inverosímil historia ha fascinado a los medios de comunicación, sin embargo. No sé si a los votantes. Los viejos estereotipos ya no les conmueven. El carisma de Brown sigue a cero. Botox mediante o no, ella arrasa en las encuestas. Y sin bajarse de los tacones de aguja.