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ABC LUNES 9- -7- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 77 Festival Internacional de Música y Danza de Granada CLÁSICA Obras de Scarlatti, Haendel y Bach. Int. Nuria Rial, Orquesta Barroca de Sevilla. Dir. Monica Huggett. Lugar: Hospital Real, Granada. Fecha: 7- VII Ecos A. G. L. A punto de clausurarse, el Festival de Granada de este año ya sabe que ha logrado el propósito de explicar la aventura de los españoles músicos en París. Comenzó por colocarle a la Torre Eiffel un arco alhambrista como imagen de marca de la cincuenta y seis edición, incluso utilizándola para rematar la fuente del patio de los leones. Y no porque se tratara de poner una pica en la capital francesa en el justo momento en el que la Alhambra pugna con la Torre en la declaración de maravilla del mundo. Se ha hablado de un espacio común que recorre la historia más allá de lo previsible. Lo reafirma uno de los ciclos del Festival dedicado a músicas que van desde la Edad Media al siglo XVIII. Pero no solo es asunto del pasado. Los dos últimos conciertos del ciclo, atentos a Le Concert Spirituel los ha protagonizado la Orquesta Barroca de Sevilla que, sin más, puede codearse hoy con otras de más fama. Hay que alegrarse de que así sea y de que Scarlatti, Haendel y Bach suenen de manera tan empastada y segura en el estilo. Por supuesto que mucho se debe a la presencia de Monica Huggett, su directora y primer violín, pues la voces internas tienen otra calidad. Para ellas, el impulso de Huggett está demostrándose imprescindible a la hora de prosperar y proponer soluciones interpretativas propias. Barenboim y el pianista Lang Lang clausuraron ayer el festival EFE CLÁSICA Mahler: Sinfonía 5 Int. Staatskapelle Berlin. Dir. Daniel Barenboim. Lugar: Palacio de Carlos V, Granada. Fecha: 8- VII Sentimientos REUTERS zaran una intifada (con los enormes libracos en lugar de con piedras) ya podrían echarse a temblar en la productora. Esta semana se estrena en España la quinta película, Harry Potter y la Orden del Fénix y ahí están Harry, Hermione y Ron. Hechos unos mozos (ellos) y una pollita (ella) pero todavía perfectamente capaces de dar el pego tanto de púberes como de adolescentes cuajados, probablemente porque son esto último. David nació el 23 de julio de 1989; Emma, el 15 de abril de 1990, y Rupert, el 24 de agosto de 1988. O sea, casi 18 de Harry (y el joven más rico del Reino Unido) 17 de Herminione y casi 19 de Ron. Que no es como cuando Fran Perea iba, con 25 años, al instituto de Los Serrano O los de Sensación de vivir rozando la treintena, al de Beverly Hills, hasta que Aaron Spelling decidió mandarlos a la universidad, ya en edad de sentar la peliteñida cabeza. Los tres muchachos (niños, más bien) empezaron hace seis años con Harry Potter y la piedra filosofal Entonces, en 2001, el más alto era David. A partir de la segunda, ya sacó Rupert su cabeza pelirroja, siendo a lo largo de la saga el único que ha cambiado ostensiblemente de peinado (Harry sólo lo ha llevado más largo o más corto, y Emma ha aclarado y desrizado la melena, estilizándose, en definitiva) aunque lo que no ha cambiado ha sido su jeta de inglés de manual y de nerd La cara regordeta de Ratcliffe es ahora un interesante rostro anguloso casi esculpido a golpe de photoshop, una cara que ha ido cambiando bajo la permanente mirada de sus redondas gafas. Con el tiempo, este año precisamente, David Ratcliffe, con su blanca palidez, ha enseñado su otra varita mágica en Equus la obra teatral de P. Shaffer, en lo que se ha considerado su paso a la madurez interpretativa. Mucho menos precoz, eran otros tiempos y otro país, fue Marisol, ex niña prodigio, posando en Interviú Y más escándalo que con David se armó aquí, en 1975, cuando Juan Ribó hizo el mismo papel y enseñó lo mismo. Los aprendices de magos se hacen mayores y Harry tiene su beso en La orden del Fénix La elegida, Cho Chang. Sin comentarios. Es el de Cho Chan (me sigo resistiendo al comentario) un personaje interpretado por la actriz Katie Leung, que siempre tiene que venir una de fuera para estas cosas. A David Ratcliffe, como a otros artistas infantiles que no cayeron en el peterpanismo, le ha llegado el momento beso. Le llegó a Elisabeth Taylor, a Roddy McDowall (muy mono) a Hayley Mills, a Drew Barrymore o a Lindsay Lohan. Cómo hemos cambiado. Lo que pasa es que la quinta de Harry cambia en los mismos papeles (como en una serie de televisión) Y así se nota más. Web de la película: http: harrypotter. warnerbros. es site index. html ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Un año más, Daniel Barenboim ha vuelto a Granada para clausurar el Festival de Música y Danza. A su lado la Staaskapelle de Berlín y el pianista Lang Lang, y por delante dos conciertos con Brahms, Strauss y Mahler. Su quinta sinfonía ha sonado en el primero. Por eso, Barenboim puso por delante el semblante serio, el saludo inicial poco afectuoso y el gesto parco. Quizá todo era preparar la inmediata Marcha fúnebre con la que inicia la obra. De hecho, apenas se escuchó el solo de trompeta una mínima convulsión de la batuta vino a forzar el acento. Luego vendrían muchos más, rudos contrastes, momentos de extraversión al lado de otros muy recogidos, la orquesta concentrada, el maestro dominador. Así, en esta primera cita granadi- En resumen, un edificio deconstruido para mayor gloria de su arquitecto músico na, Barenboim ha entusiasmado al público del Festival. Multitud de aplausos y comentarios lo demuestran. Aunque fueran la curiosa respuesta a una interpretación muy personal en la que tuvo más valor la acumulación de acontecimientos que su conciliación. Los contrastes violentos y forzados del primer movimiento, la rudeza del primer tema frente a lo cansino de la inmediata melodía, se convirtieron en el segundo, en algo tenso y distante. Y en ello la voluntad por precipitar la sustancia, por disgregarla. Tanto, que Barenboim le negó cualquier atisbo de dulzura al peculiar vals del Scherzo al que cargó de tragedia, y aún desembocó en el célebre y evocador Adagietto forzando el acento, apoyando el sonido y otorgándole materialidad a lo que no es extraño entender más atmosférico y delicado. La cuestión es que ante esta música abstracta que pudo en el palacio de Carlos V aspirar a convertirse en algo capaz de penetrar a través de la piel, Barenboim se hizo fuerte y los muchos, a veces exquisitos detalles de la interpretación, pese a tener dirección y energía interna, se materializaron en una realización general muy afilada e incisiva. Que fue a más, alcanzando en el Rondó final una más obvia ausencia de unidad, la suma de elementos coincidentes en el tiempo, en resumen, un edificio deconstruido para mayor gloria de su arquitecto músico. Concentración y delicadeza A ella en este concierto, se debió la estupenda cadencia interpretada como parte central del tercer concierto de Brandemburgo. Pero también el modelado de los afectos encontrados y emocionantes de la Armida Abbandonata de Haendel con una orquesta entregada a trazar tempestades y lamentos. Fue el momento de escuchar a la soprano Nuria Rial, cálida, homogénea en la emisión, estupenda ante el sentido último del texto. Luego vino el más contemplativo Stabat Mater de Scarlatti, su última obra fechada. Aquí era cuestión de cantar con otra concentración, gusto y delicadeza. Todo para acabar de convencer a quienes acudieron al granadino Hospital Real de que, tanto ayer como hoy, hay españoles con cosas que decir en París.