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36 INTERNACIONAL LUNES 9 s 7 s 2007 ABC El budismo tailandés quiere poder Quebrando una tradición secular, un sector del budismo nacionalista quiere que la fe de la mayoría sea reconocida como única en la Constitución que se redacta bajo los auspicios de la junta militar golpista TEXTO Y FOTO ALFONSO ARMADA ENVIADO ESPECIAL BANGKOK. El mundo está en constante tribulación a causa del egoísmo de cada uno de nosotros, de cada facción. Por culpa de este egoísmo sin control se libran guerras cuando en realidad nadie quiere la guerra Así reza una de las Enseñanzas budistas que inculcan en los seguidores de una fe que es sobre todo una forma de vida. Tailandia es uno de los países del sudeste asiático donde el budismo impregna tanto la forma de ser como de vivir. Sin embargo, la actitud de un sector del budismo- -indignado por el separatismo islamista que ha arraigado en la provincia limítrofe con Malasia, al sur, donde al menos 2.000 musulmanes y budistas han muerto y decenas de miles han huido desde que la violencia se reavivó en 2004- -ha hecho saltar las alarmas en el país de la sonrisa Acampados desde hace meses en el bulevar arbolado que corre ante el Parlamento, la megafonía de feria resulta inapropiada para la discreción que suelen gastar los monjes, cuya única estridencia es la de las túnicas azafranadas que destacan entre la multitud, en los transbordadores que surcan el río Chao Phraya, la arteria más fluida de la capital tailandesa, y especialmente los jueves, en cuanto despunta el día, cuando abandonan sus monasterios y se les ve peregrinando por Bangkok haciendo acopio de viandas de manos de piadosos convecinos. Aunque algunos tailandeses ya han manifestado su estupor ante la pretensión de que en la Constitución que se redacta bajo escrutinio militar se reemplace el actual Senado por uno formado por parlamentarios designados, la iniciativa que ha levantado más resquemores es la impulsada por nacionalistas de inspiración budista: que su religión sea la única reconocida de forma explícita como la fe nacional de Tailandia. De los 700 templos budistas que tachonan la ciudad de Ban- Un monje budista del templo del Amanecer (Wat Arum) de Bangkok recibe una donación y reza con dos fieles gkok, el del Buda reclinado (Wat Prachetuphon) es uno de los que más devoción suscita. Será por su baño de oro y por la rotundidad de su figura ciclópea, nada sutil a la hora de mostrar torso y extremidades. La tosquedad del artista ha sido compensada con las joyas que adornan las plantas de sus pies, y en cualquier caso parece una consagración visual de una religión caracterizada por la tolerancia y la convicción de que toda forma de vida es sagrada. Alrededor del 95 por ciento de los 64 millones de tailandeses son seguidores del budismo Theravada, que también se practica en Sri Lanka, Myanmar (la antigua Birmania) y Camboya. Los problemas del sur no son religiosos. Una parte de la población pretende crear un Estado independiente, y para ello utiliza la religión como instrumento político. Pero en realidad se trata de terrorismo. Esta estrategia se acentuó después de los atentados del 11- S en Nueva York Quien con tanta contundencia se expresa no es un miembro de la junta militar que se hizo con el poder en septiembre, sino Tawatchai Yongkittikul, secretario de la Asociación de Banqueros de Tailandia, interesado sobre todo en que el país recupere el crédito y el prestigio que tenía en el exterior, ensombrecido por el golpe militar y, ahora mismo, por las protestas en las calles: de los monjes, que a menudo interrumpen el ya enojoso tráfico de la capital con sus marchas en pos de un parsimonioso elefante, y las de los partidarios del primer ministro, Thaksin Shinawatra, depuesto en septiembre, y exiliado. Para Mettanando Bhikkhu, un monje educado en Oxford, la mezcla de nacionalismo y religión puede resultar explosiva. Los ejemplos, con variantes regionales, se pueden ver en países como Sudán, Irán y Sri Lanka. Ammar Siamwalla, lúcido economista que preside el Instituto para el Desarrollo y la Investigación de Tailandia, miembro de la minoría musulmana, ironiza sobre la pretensión del budismo reclacitrante: ¿Qué sentido tiene para una religión milenaria que sea reconocida como estatal en un papel que seguramente no va a seguir vigente al cabo de una o dos décadas? Hay pocos juristas en todo Bangkok tan familiarizados con los intríngulis de la nueva Constitución como Wissanu Kreangam. Secretario general de la presidencia en diez gobiernos, ejerció de viceprimer ministro con Thaksin, pero dimitió tres meses antes del golpe, molesto ante el desdén del mandatario hacia la legalidad. Quien se define como profesor de derecho, fue convocado por la junta militar para que aportara sus saberes a la nueva ley de leyes, la 18 desde que en 1932 un golpe de Estado echara el cierre a la monarquía absoluta e instaurara la constitucionalidad democrática. Aunque existe el temor a que el referéndum para ratificar la nueva Constitución se convierta en un plebiscito sobre la junta golpista y sus procedimientos, Wissnau Kreangam considera inaceptable que el budismo sea consagrado como religión nacional y se fije que el rey sea budista, y así, con esa terminología, incrustados en el articulado. En ninguna de las 17 constituciones precedentes ha sido consignada esa evidencia y me parece innecesario que ahora lo sea afirma este ferviente defensor de la ley en una Tailandia presa de incertidumbre. Convertir el budismo en religión oficial no hará a Tailandia más budista asegura el Bangkok Post No hay espacio para una religión estatal Fundado en 1946, el diario Bangkok Post que se edita en inglés en la capital tailandesa, mantiene cierta independencia en un entorno político donde la asonada militar forma parte de las tradiciones nacionales, de ahí que algunos analistas comenten con sorna que el país esté especializado en redactar constituciones La que ahora mismo está en el telar de un Parlamento bajo custodia militar (llama la atención que buena parte de los taquígrafos, ordenanzas y asistentes de los diputados designados a dedo por la junta golpista luzcan caqui) redacta la que hará la número 18 en 75 años. El diario proclamaba en un reciente editorial su rechazo a que el texto conceda privilegios al budismo. Bajo el título de No hay espacio para una religión estatal el diario criticaba la campaña desatada para hacer del budismo la única religión de Tailandia. El Bangkok Post recordaba que aunque nación, religión y monarquía están inscritos en el corazón de cada tailandés, convertir al budismo en religión oficial no hará a Tailandia más budista ni fortalecerá al budismo.