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6 OPINIÓN LUNES 9 s 7 s 2007 ABC LA CRÓNICA DEL LUNES Y EL SILENCIO DE LA VERDAD Rajoy dijo la verdad y Zapatero le llamó faltón mientras, llenándose la boca con el nombre de España, rectificaba a media voz Pablo Sebastián que la ausencia de figuras en el ruedo político español, en este tiempo de bonanza económica pero de fractura social e incertidumbre constitucional, produce escalofrío. Especialmente cuando Zapatero, después de hacer el salto de la rana en el estatuto catalán y de haber sido empitonado por ETA en la arena negra de Bilbao, brindó al respetable su estirada sonrisa de botox, mientras la banda mediática tocaba el España Cañí con aires de cachondeo sobre el líder de la oposición. Más cornás da el hambre habrá pensado Rajoy mientras pedía, cansino, las actas de ETA, como si de las orejas del adversario se tratara, agitando el pañuelo para atraer la atención después de toda una legislatura haciendo de Don Tancredo. A buenas horas se despertó Rajoy a garrotazos y entre bostezos, y tras despreciar el relevo de tres ministros del Gobierno, y tras buscar- -en el debate- -el empate del Líbano con lo Irak, y el catecismo socialista de la Conferencia Episcopal, nos declaró que los del PP son gente seria y por eso no hacen nada para ganar las elecciones. Ni tan siquiera para sustituir Acebes y Zaplana por Rato y Gallardón. Los del PP son tan serios que Aguirre le dio ayer la puntilla a su patrón, al decir que el PP le debe regalar al PSN el gobierno de Navarra, y a Zapatero un jamón. Pero a pesar de los pesares, que son muchos, nada impide decir que Rajoy, como Agamenón o su porquero, dijo la verdad. Tres frases suyas bastaban para resumir la legislatura: sobre ETA, Zapatero nos mintió sobre la memoria y la transición, la hicimos por- EL TRIUNFO DE LA MENTIRA L tiempo suele dar la razón al dicho español de que la mentira tiene las patas muy cortas aunque en los últimos días, y haciendo honor a su apellido, el presidente Zapatero se calzó las botas de las siete leguas y echó a correr en pos de las elecciones generales con una estrategia decidida que arrancó con su discurso triunfal del debate de la Nación, donde incluyó piropos y flores a España y la Transición, un ataque decidido al líder del PP, y un discreto mea culpa por el fiasco de la negociación con ETA; y que concluyó con el reajuste electoral del Gobierno. Y todo ello, acompasado con el concierto ensordecedor de la orquesta mediática monclovita, que interpretó el himno a la alegría por el presunto renacer, de entre sus cenizas, del arcángel caído en el fuego que él mismo atizó. Habló Zapatero, tan españolista, y tan triunfal- España está mucho más fuerte, más fértil... más solidaria... más segura, se ha engrandecido, lo español es un signo de modernidad que a punto estuvo de decir, como si fuera el mismísimo Sarkozy, que España es una gran nación Pero al presidente esta vez no se le escapó un lapsus linguae, como aquel del accidente de la bomba de Barajas, palabra que está en el vademécum de ETA, y se contuvo para declarar que tenemos un gran país lo que dicho por él ya tiene su mérito. Como el tardío reconocimiento de que no hay margen para el diálogo con ETA, si no fuera porque eso lo ha decidido la banda, y la aceptación de su responsabilidad en el fallido proceso de paz, declarando el muy ladino que rectificando se sirve a España -le faltó añadir: y es de sabios, como yo Un gesto de falsa humildad de cara a la galería de unos ciudadanos que ya sienten la brisa del mar y a los que ofreció, como si de un sacrificio pagano se tratara, las cabezas cortadas de sus ministras de Cultura y Vivienda, Calvo y Trujillo (Pixi y Dixi) y la de Sevilla, titular de Administración. La clase política que nos gobierna, vista en plena faena desde la tribuna de prensa del Congreso de los Diputados, estremece tanto como una corrida de los vitorinos toreada por noveles y observada desde el callejón. Por- E Habló Zapatero, tan españolista y tan triunfal que a punto estuvo de decir, como si fuera el mismísimo Sarkozy, que España es una gran nación que rechazábamos que nuestra memoria fuera el carburante de un nuevo rencor y sobre la reforma territorial, Zapatero ha decidido reinventar la estructura del Estado, quebrar los consensos, discutir la nación, repartir soberanía y retorcer la Constitución Ahí queda eso. No hacía falta decir más, y quizás el resto del discurso del líder del PP debió dedicarlo a explicar a los españoles- -y no a pelearse con Zapatero- -lo que haría él frente a los grandes desafíos planteados si llega a la presidencia de la nación. No era fácil, es verdad. El modelo del debate no le ofrecía mucho tiempo pero lo debió intentar, como quizás tuvo que haber presentado, en su día, la moción de censura que ofrece al opositor- -aunque la pierda- -una buena oportunidad para denunciar al mal gobernante y presentar su propia alternativa de poder. Rajoy dijo la verdad y Zapatero le llamó faltón mientras llenándose la boca con el nombre de España rectificaba a media voz. Y pensando que la mejor defensa es un ataque, tras elogiar a Otegi, excarcelar a De Juana, legalizar a ANV, hablar con ETA de Navarra y la autodeterminación, jugar con Nafarroa Bai y marginar a las víctimas, mandó decir, a su gente y con desmedida injuria, que Mariano Rajoy colabora con ETA, haciendo de ¡altavoz! Y se ríe, el angelito, con la taleguilla rota y el culo al aire, convencido de que es un genio, mientras da eufórico la vuelta al ruedo ibérico, medio vacío y a punto de cierre por vacación. ¿Y qué es lo que viene regalando el diario Gara que tanto se comenta en La Moncloa?