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4 OPINIÓN LUNES 9 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro GORDON BROWN, EL REFORMADOR L nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, está decidido a dejar claro que quiere ser un gobernante con personalidad propia y que no desea ser visto como la simple continuación de un periodo en el que el protagonista ha sido Tony Blair. Suceder al líder de su propio partido, del que además es amigo desde hace décadas, y tratar al mismo tiempo de marcar una diferencia, sobre todo cuando las cosas van razonablemente bien en Gran Bretaña, es una operación difícil. Gordon Brown ha querido reservar estos gestos para dibujar las líneas maestras de su propia figura y mostrarse por fin como lo que ha querido ser desde hace más de diez años y, sobre todo, lo que quiere ser en los que, como inquilino del número 10 de Downing Street, le quedan hasta las próximas elecciones. Algunas de estas reformas afectan a asuntos tan arcaicos que casi hay que preguntarse cómo no habían sido abordadas antes. El hecho de que el primer ministro de un país europeo se encargue todavía de nombrar obispos es una de esas cosas pintorescas que hace tiempo deberían estar en los libros de historia. Otras, como la pretensión de redactar una Constitución, intentarán poner fin también a un anacronismo inútil, aunque en este caso se trata de una extravagancia tan británica que no se ve claro cómo va a convencer a los ciudadanos para ello, sobre todo después de que el Reino Unido haya rechazado recientemente la Carta Europea de Derechos y Libertades de los Ciudadanos alegando precisamente esta peculiaridad. Los gestos hacia el Parlamento, aumentando sus prerrogativas, son poco más que simbólicos, aunque indudablemente democráticos, y entran dentro de lo que tal vez habría tenido que ser consensuado con la oposición conservadora, porque sus efectos afectarán a ambos partidos. Y dejando a un lado la cuestión de la potestad de declarar la guerra, por el siempre espinoso caso de Irak, el afán de dejar en manos de la Cámara de los Comunes la decisión de juzgar si un Tratado debe o no ser sometido a referéndum puede añadir un grado de incertidumbre completamente innecesario para el inminente proceso de reforma de las instituciones de la Unión Europea. Al menos en este caso, Gordon Brown debería ahorrar a la Unión Europea este suspense y ratificar cuanto antes el Tratado que se firmará, con toda probabilidad, a lo largo de este semestre, durante la actual presidencia portuguesa. Es más difícil pensar en reformas para una sociedad cuya democracia funciona vigorosamente desde hace muchos siglos que cuando se trata de un país en crisis; de ahí la audacia de lanzarse en este empeño. Pero, precisamente por el objetivo declarado- -devolver a los ciudadanos la confianza en la actividad política- -el nuevo primer ministro merece, cuando menos, el mérito de haber puesto el debate en el aire. E EL PNV COCINA YA SU CRISIS INTERNA NA de las tradiciones políticas más arraigadas en el País Vasco es la depuración de líderes y tácticas, crisis que el Partido Nacionalista Vasco afronta periódicamente para superar sus malos momentos, cobrarse responsabilidades internas y garantizarse la permanencia en el poder. Al mismo tiempo, su implacable capacidad para despojarse de lastres, por muy señeros que sean, actúa como un resorte para eximirse de los costes que, en condiciones democráticas normales- -y las del País Vasco no lo son- debería asumir por ser el partido que lleva más de un cuarto de siglo gobernando ininterrumpidamente la autonomía vasca. El turno de la purga podría haberle llegado al lendakari, Juan José Ibarretxe, cuyafigurapolíticaestá claramenteamortizada por los malos resultados de su plan soberanista- -visto desde el principio con frialdad en algunos sectores del PNV- -y del gobierno tripartito formado con Eusko Alkartasuna, formación emancipada electoralmente sin mucho beneficio, e Izquierda Unida. El PNV no perdona queseponga en riesgo su poder institucionaly ellendakari Ibarretxeha superadoestelímite con apuestas que han salido mal y no tienen futuro. Por otro lado, a pesar de su cargo institucional, el lendakari apenas ha tenido un papel relevante durante el alto el fuego de ETA. Más bien quedó desbordado por todos los flancos ante el protagonismo emergente de una ETA que, con su izquierda instrumental rehabilitada por el PSOE, volvía a ejercer el liderazgo del nacionalismo vasco, como quiso hacerlo en la tregua de 1998. Al lendakari sólo se le ha ocurrido montar las mismas rondas inútilescon los partidos- -cargando, además, con unaimputaciónjudicial por su encuentro con Batasuna- -y volver a plantear la consulta popular sobre su plan soberanista. Hasta su partido ha perdido la cuenta de las veces que ha hecho este anuncio, y tal escasez de iniciativas sólo aumenta la certeza de que Ibarretxe está políticamente acabado. No es tampoco una paradoja que sea Josu Jon Imaz, presidente del PNV el llamado a pilotar esta catarsis del nacionalismo gobernante, pese a que fuera la mano derecha de Ibarretxe durante su primer mandato. El partido tiene sus propias exigencias y las hace valer cuando proce- U de, como las que costaron a Carlos Garaikoetxea la presidencia de Ajuria Enea. Ni siquiera la posterior escisión en el PNV que dio lugar a la aparición de Eusko Alkartasuna, supuso un problema insuperable, pues inmediatamente uno y otro formaron una coalicióndegobierno quesehamantenidohastaelmomento. Imaz, por tanto, hahecho eldiagnóstico posibilista que siempre prima en el PNV cuando hay problemas de confusión estratégica y de visión de futuro. La baza del PNV para recambiar a Ibarretxees- -como revela hoy ABC- -su actual portavoz en el Congreso, Josu Erkoreka, bien considerado por los grupos de la Cámara y con unas maneras dehacer política próximas a las deImaz. Quedan lejos las elecciones vascas, pero Imaz quiere que se note que hay una voluntad de cambio que también tendrá una fuerte repercusión interna, porqueaúntienequezanjarseelpulsoquemantiene con Joseba Eguibar, presidente del PNV en Guipúzcoa y máximo exponente del ala más soberanista de su partido. Si realmente Imaz está dispuesto a lanzar este doble órdago- -a Ajuria Enea y al PNV- -pondrá en liza no sólo su fuerza política interna, sino su propio futuro político. En todo caso, conviene no extraer conclusiones que vayan más allá de las motivaciones de esta próxima depuración del PNV Imaz es un nacionalista ortodoxo, portavoz de Ibarre. txe durante la etapa más soberanista del lendakari. Los últimos documentos y ponencias de su partido no alteran mínimamente la fidelidad aranista, auténtico oprobio para un partido que se dice democrático. Su pugna con Joseba Eguibar y el contraste con Xavier Arzalluz dieron a Imaz perfiles de una moderación que es más real en sus tácticas de expresión que en sus contenidos ideológicos. De hecho, ayer mismo reclamaba Imaz una eurorregión entre el País Vasco, Navarra y los tres territorios vasco- franceses. Aun así, el diseño de Imaz para reajustar la bicefalia nacionalista- -PNV y Ajuria Enea- -puede hacer que su partido abra su abanico de pactos, en el sentido que ya Imaz anticipó al no negar la posibilidad de apoyar un gobierno presidido por Mariano Rajoy. MANEJOS EN EL ESCALAFÓN DIPLOMÁTICO AN causado malestar en la carrera diplomática los criterios aplicados por el Ministerio de Exteriores para determinar el acceso a la categoría de embajador, máximo grado profesional con independencia del puesto concreto que se ocupe. No es la primera vez que se quejan los profesionales del servicio exterior. ABC recogió en su día el enfado entre los opositores por los cambios repentinos en el programa, con la inclusión de temas tan singulares como la alianza de civilizaciones mientras desaparecían periodos fundamentales de la historia de España. También llamó la atención que se organizara un máster en el marco de la Escuela Diplomática, cuyo contenido situaba a los alumnos en condiciones más favorables para preparar los ejercicios que a los demás aspirantes. Ahora se trata de una decisión atribuida directamente a Miguel Ángel Moratinos por la cual no se respeta el escalafón de la carrera para acceder al grado de embajador, sino que se toma en cuenta la edad con prioridad sobre la antigüedad en la función pública y los servicios prestados. Se da la circunstancia de que entre los perjudicados figuran algunos diplomáticos cercanos ideológicamente al Gobierno, entre ellos titulares de embajadas de primer nivel. En definitiva, ascienden unos que se saltan hasta sesenta puestos en el escalafón, y se quedan fuera otros que lo merecen por su trayectoria anterior. H La Constitución hace referencia a los principios de mérito y capacidad como criterios determinantes para el acceso a los cargos y funciones públicas. No es, por tanto, una cuestión que pueda decidir libremente la Administración, ya que podría incurrir en arbitrariedad si rompe las reglas establecidas al respecto. Además de suponer la culminación de la vida profesional, el rango de embajador tiene una especial significación honorífica y supone una preferencia para acceder a puestos determinados. Moratinos es un ministro que pertenece a la carrera diplomática y, por ello mismo, debería ser especialmente cuidadoso a la hora de tomar esas decisiones, porque siempre cabe la sospecha de que pueda favorecer a unos compañeros de cuerpo con preferencia sobre otros. Los diplomáticos son funcionarios públicos y están sujetos al estatuto común, sin perjuicio de la singularidad de los destinos en el exterior. Hay también críticas fundadas acerca de decisiones sobre la adquisición de inmuebles en el extranjero o de las obras de mejora en unas representaciones diplomáticas en perjuicio de otras que lo necesitan mucho más. Son cuestiones que habría que decidir con criterios rigurosamente objetivos y no según las preferencias personales del ministro o de los altos cargos. La política exterior exige que el Ministerio actúe de forma irreprochable en materia de personal y servicios, sin dar lugar a ningún tipo de sospechas sobre favoritismos.