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90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 8 s 7 s 2007 ABC La Obra Pía recupera otra joya del pasado español en Palermo JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. El legado cultural de España en Palermo, la ciudad italiana que más valora sus siglos de pertenencia a la Corona, recuperó ayer otra joya gracias a la Obra Pía de los Establecimientos Españoles en Italia, que ha culminado la restauración de la Capilla de la Soledad, testigo de nuestra presencia desde el s. XVI en la plaza más elegante de la capital siciliana. El embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, inauguró ayer la restauración de la fachada junto con el arzobispo de Palermo, Paolo Romeo, y el alcalde de la ciudad, Diego Cammarata, quien manifestó su agradecimiento y aplaudió un anuncio del embajador español: la Obra Pía restaurará cada año uno de sus edificios en Palermo La primera colaboración cultural llegó a buen fin hace exactamente un año cuando los Príncipes de Asturias inauguraron el nuevo Instituto Cervantes en la histórica Iglesia de Santa Eulalia de los Catalanes, restaurada por la Obra Pía bajo supervisión del ministro consejero de la Embajada ante la Santa Sede, Luis Belzuz, en su calidad de vicepresidente y representante legal. La Capilla de la Soledad, rica en mármoles y pinturas, fue construida en 1590 por un grupo de españoles siendo Virrey de Sicilia el Conde de Alba de Liste. Resultó dañada por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reabierta al culto en 1957. La restauración realizada por Gaetano Scancarello bajo la guía de la superintendente de Bellas Artes de Palermo, ha incluido también la residencia de las Teresianas, que se dedican a la formación de maestros, y otras mejoras en el edificio español de la Plaza de la Victoria, situado entre el Palacio Arzobispal, el gobierno civil, la comandancia militar y el Palacio Normando, sede del Parlamento y el Gobierno Regional de Sicilia. ROCK A. Calamaro y Fito y Fitipaldis Lugar: Estadio Juan de la Cierva. Getafe. Fecha: 6- 07- 07. De subidas y bajadas PABLO CARRERO El experimento, una gira conjunta de dos figuras en principio notablemente distantes en trayectoria, presupuestos estéticos y credenciales, resulta algo desconcertante. La clase y la personalidad del maestro argentino frente a la populista y efectiva sencillez del de Bilbao; pero también la esforzada recuperación de un astro que todavía se lame las heridas de un largo periodo de cuesta abajo frente al arrollador momento de gloria de un músico que se ha convertido en el fenómeno comercial más rotundo del rock español de los últimos años. Así, resultaba ciertamente chocante ver a Andrés Calamaro ejerciendo las funciones de telonero (habrá cambio de papeles, claro, en la versión argentina de la gira) con un concierto firmemente sustentado Dañada en la II Guerra Mundial en la categoría de los músicos y en el incontestable nivel del repertorio pero en el que Calamaro no parecía estar viviendo precisamente el concierto más feliz de su carrera. Empezaron a dúo haciendo la gloriosa A los ojos una de las más lustrosas piezas que el porteño firmó para el inolvidable primer disco de los Rodríguez, y lo cierto es que, después de una larga espera, el público recibió esos primeros acordes con verdadero júbilo. Sonaba bien y las promesas de Fito de que iba a ser una gran noche parecían creíbles. Sin embargo, el asunto se quedó un poco a medio camino. Después de Viene y va una de esas cancioncillas de irresistible estribillo que contiene el último disco de Fito, Por la boca vive el pez y de otro de los clásicos de Calamaro, No sé puede vivir del amor este quedó con su banda en el escenario para cum- El concierto de Fito y Fitipaldis discurrió como una bola de nieve ladera abajo, ganando peso y fortaleza según avanzaba la noche plir con su parte. Y no fue mucho más que eso, cumplir con oficio ante un público que mayoritariamente afrontaba aquella primera hora y pico como una especie de trámite. En eso, público y artista parecían estar más o menos de acuerdo. Sí hubo algunos momentos de mayor comunión, como Te quiero igual Flaca o Paloma guiño cómplice a los seguidores más cualificados, que unos cuantos sí que había. Mucho más fácil lo tuvieron Fito y Fitipaldis, que salieron con el público ya completamente entregado al que entregaron un repertorio con todos los ganchos posibles: la versión de Extremaduro que hacen en su nuevo disco, guiños a los viejos seguidores de la época de Platero y Tú y, naturalmente, un completo repaso a Por la boca vive el pez Las canciones de Fito, sobre todo las de este último disco, no son seguramente de las que le cambian a uno la vida, pero resultan absolutamente irresistibles en su sencillez, en su saludable falta de pretensiones. Y eso para un concierto veraniego y relajado como el de la otra noche en Getafe es garantía de éxito. Así las cosas, el concierto de Fito y Fitipaldis discurrió como una bola de nieve ladera abajo, ganando peso y fortaleza según avanzaba la noche.