Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
42 INTERNACIONAL Segundo aniversario del 7- J DOMINGO 8 s 7 s 2007 ABC La silenciosa trama de las batas blancas Uno de los autores de los atentados fallidos de Londres y Glasgow llamó a su familia antes de intentar inmolarse en el Jeep en llamas. Les explicó que estaba metido en un proyecto confidencial sobre calentamiento global POR EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Estoy metido en un proyecto confidencial a gran escala. Va sobre calentamiento global. No puedo revelar detalles. Gente de varios países están envueltos. El proyecto tiene que empezar en el Reino Unido Kafeel Ahmed se despidió así de su familia el 5 de mayo en la ciudad india de Bangalore. El proyecto, luego conocido como la conspiración de las batas blancas pretendía en realidad un calentamiento nada metafórico, y Ahmed mismo quedaría abrasado. El pasado 28 de junio, dos Mercedes alquilados emprendieron la ruta hacia el sur. Los automóviles hacían sólo trayecto de ida. Sus conductores, en cambio, habían de regresar a Glasgow, pues su viaje sin retorno iba a ser a bordo de un Jeep Cherokee y terminaba no en Londres, en la otra punta de la isla, sino a pocos kilómetros de su vivienda. Uno lo conducía Bilal Abdula, médico de origen iraquí, el otro el indio Kafeel Ahmed. Los habían llenado de bombonas de gas, varios bidones de gasolina y cajas de clavos en el aparcamiento de su casa de Houston, en las proximidades de Glasgow, a donde se habían mudado recientemente. El artificiero del grupo Ahmed, ciertamente doctor pero no en medicina como se había apuntado sino en ingeniería aeronáutica, había hecho su tesis sobre el uso de ordenadores para simular el comportamiento de gases y fluidos en estructuras como vehículos y aviones. Esos conocimientos le habían convertido en el artificiero de la célula. Fue él quien preparó el método de explosión, utilizando al parecer jeringuillas de hospital para facilitar el contacto del gas con el detonador. Era jueves, día en el que la discoteca londinense TigerTiger con capacidad para El primer ministro, Gordon Brown, y la responsable para las Olimpiadas, Tessa Jowell, en la ofrenda floral que depositaron ayer por los atentados de Londres junto a la estación de metro de King s Cross 1.700 personas, celebraba su Ladies Night una popular cita semanal que llena las tres plantas del local. Pasada la medianoche, los Mercedes alcanzaron su objetivo, entre las céntricas plazas de Piccadilly Circus y Trafalgar Square. Uno de ellos fue aparcado a las puertas de la discoteca, el otro a unos trescientos metros: el primero debía provocar una gran matanza, el segundo rematarla cuando los supervivientes avanzaran por la calle. No ocurría ni lo uno ni lo otro. Los dos móviles colocados en cada vehículo fallaron en provocar la detonación y la ligera emanación de gas que debía facilitar la explosión acabaría por alertar al personal de una ambulancia, llegada al TigerTiger para atender a un borracho que se había caído. El otro coche, estacionado en lugar prohibido, fue retirado dos horas después por la grúa y trasladado a un depósito. Las sospechas levantadas por su fuerte olor a gasolina tuvieron su explicación más tarde, una vez declarada la alerta policial. No está claro si los terroristas se dieron a la fuga con un coche dejado en las cercanías por ellos o por alguien del grupo, o si regresaron llevados por otros miembros de la célula. Tampoco Scotland Yard ha desvelado si hicieron escala en domicilios de éstos. Al noroeste de Birmingham vivían Mohamed Asha, un médico palestino criado en Jordania, y su mujer Marwah Dana Asha, jordana y técnico de laboratorio. En Liverpool residía Sabeel Ahmed, hermano del artificiero del grupo. Sabeel había compartido casa con su primo y también doctor indio Mohamed Haneef, quien Detonación con móviles El indio Kafeel Ahmed, doctor en ingeniería aeronáutica, fue quien ideó el método de la explosión El olor a gas acabó por alertar al personal de una ambulancia enviada para atender a un borracho Probado el coladero de la sanidad británica, la banda quería ir a Australia E. J. BLASCO LONDRES. La célula tras los atentados fallidos de Londres y Glasgow había comenzado a forjar sus lazos hacia 2004 en Cambridge, donde al menos tres de ellos estuvieron en contacto permanente debido a los estudios de medicina y otros postgrados que estaban realizando. A partir de entonces el grupo se dispersó por distintos puestos en los hospitales británicos. La conspiración estricta habría comenzado el pasado mes de enero según establecen los cargos de la Fiscalía contra Bilal Abdula, el único de momento en ser llevado ya ante los tribunales. Se le acusa de haber conspirado maliciosamente con otros entre el 1 de enero y el 1 de julio de este año con el fin de causar explosiones para poner en peligro vidas o causar heridas graves Su compañero de pretendido martirio, Kafeel Ahmed oficialmente no está detenido, a la espera de la evolución de su estado. Para enero otro presunto miembro del grupo, Mohamed Haneef, ya había emigrado a Australia donde se puso a trabajar en un hospital de Brisbane. Fue apresado a punto de volar hacia la India. Todo indica que la trama intentaba desarrollar un complot similar en ese otro país visto el coladero que había sido el Servicio Nacional de Salud británico. Al menos otros dos de los médicos detenidos en el Reino Unido habían intentado marcharse también a Australia, pero los mayores controles de la sanidad australiana les cerró el paso por lo que enviaron solicitudes a EE. UU. igualmente rechazadas de acuerdo con un informe del FBI. Las autoridades australianas han interrogado a otros cinco médicos emigrados, probablemente también indios, para establecer si la conspiración de las batas blancas había comenzado a hacer pie. Un elemento más de inquietud según informa Efe, lo añadía ayer el periódico británico Daily Mail al asegurar que unas ocho personas vinculadas a grupos radicales, entre ellos la red terrorista Al Qaida, trabajan para la Policía británica. hacía más de medio año había emigrado a Australia. Transcurridas poco más de 24 horas desde el fallido atentado de Londres, la Policía ya estaba detrás de sus dos directos autores. Números de teléfono registrados en los móviles que tenían que haber servido para las detonaciones fueron utilizados para localizar a la inmobiliaria que había alquilado la casa de Bilal Abdula y Kafeel Ahmed. Era sábado y la inmobiliaria estaba cerrada. Su dueño apareció sólo diez minutos antes de que el Jeep Cherokee ardiera en llamas. El proyecto había fallado Abdula y Ahmed habían preparado el todoterreno como hicieron antes con los Mercedes, sólo que esta vez ya no fiarían la explosión a los móviles. Pretendida de antemano o no la pro-