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ABC DOMINGO 8 s 7 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA DEROOMBING POLÍTICO Los comicios generales- -rota ya cualquier posibilidad de diálogo e introducidos en un mercado persa de contraprestaciones entre el Gobierno y las minorías nacionalistas- -se configuran con auténtica ansiedad como un hito necesariamente regenerativo del necrosado tejido político español... A barba, ni tapia ni zarza (cuando el hombre es osado o atrevido o no hay nada que lo detenga. También se refiere a las personas obstinadas) Antes ciegues que tal veas (se dice contra los que acostumbran, con morbosa complacencia, a lanzar vaticinios lúgubres) Del Diccionario de Refranes de Luis Junceda, prologado por Gonzalo Torrente Ballester A no hay legislatura posible- -el resto de serie que de ella queda- -después del deroombing parlamentario que Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han protagonizado en el debate del estado de la Nación. Ambos se han comportado como esos ejecutivos estresados que se han dedicado a destrozar, a modo de terapia, la planta de un hotel preparada a tal efecto. A eso se denomina ahora deroombing. Tras el destrozo, los agresivos y nerviosos pacientes sometidos a tratamiento tan radical han descargado adrenalina y han recuperado la felicidad perdida. Tal parece les ha sucedido al presidente del Gobierno y al líder de la oposición, que en realidad han puesto las pilas a sus respectivos electorados cada cual a su estilo y con sus argumentarios. Mientras los adversarios del PP suponen que la insistencia de Rajoy en el llamado proceso de paz y en el desvelamiento de las actas de los acuerdos o preacuerdos alcanzados entre el Gobierno y la banda terrorista ETA ha sido un error táctico, los partidarios de la oposición creen que el presidente- -a más de eludir un tema capital en la política de este momento histórico- -ha incurrido en una pifia financiera y social de envergadura con la promesa de subvencionar con 2.500 euros cada nuevo nacimiento. O sea, insistencia tozuda en uno e improvisación electoralista en el otro. e califique como buena o como mala la intervención de éste o de aquél, lo cierto es que lo más relevante con gran diferencia sobre todo lo demás, es que el debate ha mostrado la esterilidad de una legislatura dominada por una colisión constante entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, en la que el presidente del Ejecutivo ha practicado toda suerte de optimismos antropológicos, de pensamientos mágicos y de buenismos políticos, mientras los hechos le desmentían una y otra vez. La realidad virtual en la que ha naufragado Rodríguez Zapatero- -en diez días el país ha importado trece féretros, consecuencia de dos acciones terroristas, y esquivado atentados etarras cuya ejecución estaba prevista para reventar el debate parlamentario- -ha sido respondida duramente por el presidente del PP con unos empellones dialécticos que buscaban una especie de catarsis en la opinión pública y, en particular, una enervación- -nerviosismo y despabilamiento- -del electorado propio y la desmovilización del ajeno. La incógnita no es otra que la de saber a qué tecla responde todavía la mayoría social Y española: si a la que se corresponde con una percepción profunda y preocupada de los acontecimientos- -desde el peligro del terrorismo, etarra e islamista, hasta el desmantelamiento de los fundamentos del sistema constitucional que propician las políticas territorial y de modelo social del Gobierno- o a la de la autocomplacencia semántica, gestual y virtual de Rodríguez Zapatero tan impugnada por los hechos. Esta y no otra es la cuestión. Mientras Rajoy trata de dibujar una España real con trazo grueso- -es cuestionable el ancho del trazo, pero no lo es que deba hacerlo- el presidente se emboza en silencios o en desentendidos. Por eso, cuando acaecen sucesos trágicos- -y se han producido varios y muy graves- -Rodríguez Zapatero se esfuma, desaparece y acaso lo que se tiene por incompetencia o ausencia de fortaleza no deje de ser una táctica de invisibilidad en aquellos escenarios que pueden- -por su intrínseca dureza, sean condolencias públicas, visitas a los lugares devastados o actos funerarios- -deteriorar la credibilidad de su adanismo político. l debate sobre el estado de la Nación apenas fue seguido por una reducida audiencia televisiva, lo que puede atribuirse a un cierto hartazgo social en la contemplación de un diálogo de sordos y en la previsibilidad de las posturas y reacciones de los contendientes. Ni siquiera la práctica del deroombing parlamentario alentó ese morbo que acompaña a los despedazamientos semánticos. Ocurre que los contendientes parecen estar ensayando maneras y fórmulas que terminen por decantar al electorado de manera significativa en las encuestas. La marquetiniana remodelación del Gobierno- -para radicalizar aún más las posiciones con un nuevo ministro de Sanidad, Bernat Soria, que alienta las tesis maximalistas en biogenética- -se inscribe en esa intención presidencial de tensar la cuerda social y atraer con señuelos a ese electorado progresista que ahora se ha diluido. Sin embargo, las posiciones electorales parecen petrificadas, extraordinariamente impermeables, de tal suerte que sólo los niveles de participación desequilibrarían en un sentido o en otro los resultados de la próxima confrontación electoral. Los comicios generales- -rota ya cualquier posibilidad de diálogo e introducidos en un mercado persa de contraprestaciones entre el Gobierno y las minorías nacionalistas- -se configuran con auténtica ansiedad, E como un hito necesariamente regenerativo del necrosado tejido político español. Antes de que se convoquen las elecciones- -y para que el deroombing público sea total- -tienen que suceder dos hechos judiciales de importancia capital: la sentencia de la Audiencia Nacional en la causa penal seguida a los presuntos autores, cómplices y encubridores del 11- M, prevista para el mes de octubre, y la que debe dictar el Tribunal Constitucional resolviendo las impugnaciones- -hasta siete- -contra aspectos sustanciales del nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña. Ambas resoluciones judiciales- -importará el veredicto, pero también la argumentación jurídica- -se configuran como los grandes mazos que van a seguir empleando, en la antesala electoral, el PP y el PSOE. A juzgar por la reacción del Gobierno con la sentencia absolutoria de los policías en el conocido como caso Bono no parece que el Ejecutivo y su partido se vayan a andar con remilgos a la hora de utilizar las sentencias en la batalla política. Es dudoso, además, que no resulte legítimo hacerlo, porque en ambas causas- -si bien de modo distinto y por diferentes razones- -se dilucidan también apuestas políticas de mucho alcance y con notables implicaciones. S T ras el debate, pues, las sentencias; y luego el pueblo soberano, que llegará a la fecha electoral con más dudas sobre la utilidad de su voto que sobre el juicio- -pésimo- -que le merece la manera de hacer política- -y un determinado periodismo político- -en nuestro país. De por medio, quedan- -además de los apuntados hitos judiciales- -algunos episodios significativos. El más importante de todos es, sin duda, la configuración del Gobierno de Navarra y la comprobación de la capacidad criminal de ETA, asuntos ambos que, con los otros, dispondrán de una gran capacidad de condicionamiento en el juicio colectivo del electorado. Ya no queda margen para la política entendida ésta como esgrima, como pacto, como confrontación inteligente o como- -siguiendo el tópico no por ello incierto- -intento de constituirse en el arte de lo posible. El ruido del destrozo- -deroombing- -sofoca el ya ambiente espeso y viciado del que el debate sobre el estado de la Nación no ha sido sino un reflejo inquietante. JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC