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74 LA NOCHE DE LOS CAVIA 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 7 s 7 s 2007 ABC DISCURSO DEL PREMIO MARIANO DE CAVIA A PERIODISTA JON JUARISTI i relación amorosa con el periodismo viene de antiguo. Crecí en casa de mis abuelos paternos, en Bilbao. Mi abuelo, que fue el primer Tesorero General de la Caja de Ahorros Vizcaína, ejerció una función similar en las Juventudes del Partido Nacionalista Vasco desde la fundación de éstas, en 1904, y colaboró en la prensa nacionalista de la época bajo un seudónimo curioso y anfibológico: Jeltarpe, que podía interpretarse como un acrónimo de su nombre escrito según el caprichoso eusquera inventado por Sabino Arana Goiri, Juaristi eta Landaida tar Paul (o sea, Pablo de Juaristi y Landaida) o como P. de JEL, Pablo o Paul de JEL, iniciales estas últimas de Jaungoikoa eta Lagi- Zarra, Dios y la Ley Vieja que es todavía hoy el lema del PNV Cuando yo era niño, llegaban a casa de mi abuelo tres diarios, dos de ellos locales- -El Correo Español y La Gaceta del Norte- -y uno nacional, ABC. A menudo los leíamos juntos, mi abuelo y yo. En 1966, con quince años aún no cumplidos, gané un concurso escolar de redacción patrocinado por El Correo y fue en una página de dicho periódico donde vi por primera vez un texto mío en letras de molde. El año siguiente, entré en el Club de Prensa de mi colegio y llegué a dirigir el periódico mensual del mismo durante algunos meses, tras el paso a la universidad de mi predecesor, el historiador Ignacio Olábarri Gortázar, mi querido Peli, con quien nunca he dejado de pelearme. En aquel periodiquito hice un poco de todo: fui redactor, director, tipógrafo e ilustrador, pero, al terminar mi bachillerato, no opté por Ciencias de la Información, sino por Filosofía y Letras (como había hecho Peli Olábarri, por cierto) Durante mis años de estudiante antifranquista, no colaboré en la variopinta prensa clandestina de la época, de lo que íntimamente me alegro. Fui recuperado para el columnismo por dos buenos amigos y periodistas excelentes, Santiago González y Luciano Rincón, y transité con ellos- -a lo largo de los años ochenta- -desde Tribuna Vasca, un diario bilbaíno de cortísima vida, hasta El Correo, pasando por la ya terminal Gaceta del Norte. De Santiago y Luciano aprendí lo fundamental del oficio y mi deuda PERPETUO ASPIRANTE M con ellos es, a estas alturas, muy crecida. Desde la década anterior colaboraba irregularmente en otros periódicos y revistas. A comienzos de los ochenta publiqué mis primeros artículos en El País y seguí haciéndolo con asiduidad hasta veinte años después. Un artículo- -en realidad, un reportaje- -publicado en El Globo, efímero semanario de información general nacido a la sombra de El País, me granjeó en 1988 el Premio El Correo de Periodismo, cuando ya José Antonio Zarzalejos dirigía el diario bilbaíno. Sin duda, aquella distinción fue, en mi caso, un acicate para una dedicación más intensa a la prensa escrita. Trasladé mi plaza de profesor a la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad del País Vasco, donde me convertí en catedrático, y participé activamente en el Máster de Periodismo de El Correo durante varios años. Me cabe, por tanto, la satisfacción de haber contribuido a formar a unas cuantas promociones de periodistas y me alegra encontrarme frecuentemente con estos antiguos alumnos míos, repartidos hoy por toda España, muchos de ellos ocupando puestos de responsabilidad en diarios importantes. A mis cincuenta y seis años, y habiendo hecho casi todo lo que se puede hacer en esta vida (no he subido en globo, pero sí he escrito, como queda dicho, en El Globo) si tuviera que definirme profesionalmente, diría que he sido un perpetuo aspirante a periodista. En realidad, siempre quise emular a gentes que se hacían pasar por literatos, antropólogos, cineastas o pensadores sólo para alcanzar de modo oblicuo la condición de periodista: mi paisano Unamuno, Chesterton, Julio Caro Baroja o Pasolini, por mencionar a algunos de mis modelos permanentes en esta forma de impostura. Pero si alguien me ha ayudado a infiltrarme en este oficio, ha sido, sin duda, José Antonio Jon Juaristi, premio Mariano de Cavia, conversa con Ignacio Camacho Zarzalejos. Trabajar con él, primero en El Correo y luego en ABC, me ha servido para aprender mucho, para serenar el alma y, desde luego, para ir forjando a lo largo de un tiempo que para ambos ha sido difícil y amargo- -los dos hemos sido amputados de nuestra tierra de origen- -una firme amistad. Hace tres años largos, José Antonio me ofreció lo que Paul Johnson define como uno de los grandes privilegios de la vida publicar con regularidad una columna sobre tema libremente elegido. Es mayor privilegio aún poder hacerlo en ABC. Al agradecer hoy el premio Mariano de Cavia, que consagra mi fraudulenta ejecutoria de periodista y me blinda contra posibles y justas acusaciones de intrusismo, debo declarar que me enorgullece especialmente ser el segundo bilbaíno que ha recibido este galardón, a la zaga de José Antonio Zarzalejos, auténtico intelectual y maestro de periodistas, al que se le otorgó, en cambio, muy merecidamente. Me enorgullece ser el segundo bilbaíno que ha recibido este galardón, a la zaga de José Antonio Zarzalejos El duque de Aliaga, con Rafael Puyol y el marqués de la Romana ojeando unos ejemplares de ABC