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ABC SÁBADO 7 s 7 s 2007 ZAPATERO AJUSTA EL GOBIERNO ANTE LAS ELECCIONES CULTURA ESPAÑA 13 La polvareda de la ley del Cine acabó con las polémicas de Carmen Calvo El PP despide su gestión con calificativos de frívola, torpe y de escaparate JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. La salida de Carmen Calvo de Cultura tiene relación directa con las polémicas que han enturbiado su gestión. A pesar de no merecer todos los sambenitos que le fueron adjudicados, su paso por la política nacional ha sido todo menos discreto. Empezó con unas declaraciones sobre el IVA de los libros y discos, que no tenían en cuenta la normativa europea y acaba con la ley del Cine. En ambas polémicas terció la vicepresidenta. Primero le tocó apechugar con la restitución a Cataluña de los papeles de Salamanca en medio de enormes presiones políticas y luego puso en marcha la ley del Libro, ordenó lo referente al uno por ciento cultural e instauró la conferencia sectorial. Pero su mandato estuvo escorado desde el inicio más por la contestación, cuando no por la incomprensión y la rebelión de muchos sectores. Las polvaredas levantadas en torno a la ley del Cine y sus recientes declaraciones a un diario han acelerado su inclusión en la lista de los salientes. El borrador de la ley de Cine, ya en tramitación urgente en el Congreso, había sido dado a conocer como un texto consensuado. Sin embargo, nada más hacerse público desató la guerra entre operadores, productores, exhibidores... incluso, al final, se sumaron los actores, algo incomprensible en un colectivo favorecido por lo que Calvo llamó un día afectos especiales La intervención de la vicepresidenta para imponer el alto el fuego en el sector que tanto apoyó al PSOE explica en buena parte este final del ciclo. Las polémicas persiguieron a Carmen Calvo también en el mundo del arte, tras la dilatadísima destitución de Juan Manuel Bonet al frente del Museo Reina Sofía (CARS) -la anunció, pero le costó encontrar sustituto- -y el nombramiento de Ana Martínez de Aguilar para sucederle. El plan presentado por este fichaje- -a la postre fatal, aunque paradójicamente la sobrevive- -encendió enormes hogueras de protesta entre artistas, galeristas e historiadores. La directora le regaló goteras repetidas, almacenes ruinosos, descubrimiento de estatuas perdidas y tantos desastres que la ministra se vio obligada a pactar con el mundo del arte un documento de buenas prácticas no vinculante, que nadie sabe cómo acabará. Pero si a Calvo le salió un día competencia como detonadora de polémicas fue con Rosa Regàs, que quiso imprimir a la renovación de la Biblioteca Nacional tales ribetes de sectarismo que acabó pasándole factura también a la ministra. Hay quien piensa que el desenlace sería distinto sin la contribución de las dos directoras. También recogió Calvo la ampliación del Prado como un proyecto en marcha, aunque lo hizo pasar por momentos muy difíciles debido a su manera de cortar por lo sano con el gasto. Luego supo encontrar la forma de llevarlo a buen fin, pero no podrá asistir a la inauguración, prevista para otoño. César Antonio Molina, fotografiado ayer en la sede del Instituto Cervantes En el mundo de la escena tampoco ha llegado a ver el INAEM convertido en agencia estatal, algo que ocurrirá el año que viene. Y si supo cicatrizar las largas heridas de la Orquesta Nacional, se la conoce más por haber sido la ministra rockera que no acudió nunca a un concierto de la ONE. La danza y el teatro clásico sí han vivido algunas iniciativas interesantes durante su mandato. No acaba aquí la cosa. La ley de Propiedad Intelectual nació por consenso y con fórceps, ya que aún no se ha creado la comisión arbitral que permitirá regular la implantación del canon digital. Desde filas socialistas se explicaba que cuando Cultura da problemas se lleva peor que en otros ministerios y que tal vez le ha faltado Carmen Calvo olfato para adelantarse a algunas polémicas. La oposición, por boca de la portavoz de Cultura del PP, calificaba la política de la ministra de frívola, torpe y de escaparate EFE CÉSAR ANTONIO MOLINA UN HOMBRE DE LA CULTURA Y GRAN GESTOR Su labor en el despegue del Instituto Cervantes ha sido decisiva para el nombramiento del ministro de Cultura J. G. C. MADRID. Con la llegada de César Antonio Molina, vuelve a la Casa de las Siete Chimeneas, sede del Ministerio, un hombre de la Cultura, algo que no ocurría desde el mandato de Jorge Semprún. No es militante socialista, pero si hay algo que distingue a este coruñés nacido en 1952 es que, además de una treintena de libros publicados, tiene a sus espaldas un historial de gestión cultural contundente y brillante, además de un excelente conocimiento de los medios de comunicación. Posee el yin y el yang para el cargo. Hasta 1996 había sido director adjunto de Diario 16 donde elaboró los prestigiosos suplementos Culturas y Libros Molina es un respetado poeta, ensayista y traductor, licenciado en Derecho y en Ciencias de la Información, doctorado cum laude Enseña Humanidades y Periodismo en la Universidad Carlos III. Además, es colaborador de ABCD las Artes y las Letras. Cruzó su Rubicón en 1996, cuando fue nombrado director del Círculo de Bellas Artes de Madrid en un momento en el que la institución tenía su futuro comprometido e imponiéndose, precisamente, como candidato del mundo de la cultura frente a otros de perfil más político. En aquella ocasión- -gobernaba el PP- -demostró gran capacidad para relanzar el Círculo, entre otras cosas con iniciativas exitosas y mediáticas como las lecturas públicas del Quijote, para las que contó con el apoyo del entonces director general del Libro, Fernando R. Lafuente. Con la victoria socialista en 2004 llegó a la dirección del Instituto Cervantes, institución a la que ha sabido dotar de un inédito dinamismo. Ha abierto 24 centros en todo el mundo durante su mandato y ha tenido especial sensibilidad para que el Cervantes represente la diversidad lingüística española. Recién abiertas las sedes de China por los Reyes, el nombramiento como ministro le llega a una semana de la apertura de siete centros en Brasil, para los que contará con la presencia del Príncipe de Asturias. Rodríguez Zapatero llamaba anteanoche, a las once, al nuevo ministro para comunicarle su decisión. El nombramiento recibió ayer un respaldo unánime. Desde las academias, el sector del libro, los productores de FAPAE o los escritores como Mario Vargas Llosa, todos celebraban ayer el acierto en la elección del presidente. El nuevo ministro declaraba que trabajará con la misma ilusión e imaginación con la que siempre lo he hecho Cultura no debe dar problemas El cine, el Reina Sofía, Regàs... César Antonio Molina dice que trabajará con la misma ilusión e imaginación con la que siempre lo he hecho Colaborador de ABCD POR QUÉ SALE Y PARA QUÉ ENTRA Carmen Calvo La ley del Cine provocó una guerra abierta en el sector y la vicepresidenta del Gobierno se vio obilgada a mediar para sacar el texto adelante Los fichajes de Rosa Regàs y Ana Martínez de Aguilar alfombraron de problemas la marcha del Ministerio de Cultura Las polémicas generadas entre sectores del mundo cultural y artístico han marcado muchas de sus actuaciones Su última brecha es el posible expolio de Odyssey Marine Exploration en el Estrecho César Antonio Molina Ha demostrado que el diálogo es uno de sus más acendrados valores, que sabe sumar voluntades y lograr consensos Su sensibilidad con las culturas y las lenguas de España demostrada en el Instituto Cervantes casa con las ideas de Zapatero y el programa del PSOE Trae un balón de oxígeno a un Ministerio que ha vivido fuertes polémicas y afronta reformas importantes Escritor y hombre de cultura, se le supone buen olfato con un sector lleno de singularidades