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ABC SÁBADO 7 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LEGISLATURA LA SEGUNDA V CAVIAS CON TORERO AL FONDO UIS Alberto de Cuenca es más osado en su poesía amatoria que en sus elecciones indumentarias. Tuve que invocar la autoridad de George Clooney y Leo DiCaprio, que llevan toda la temporada combinando el esmoquin con la corbata negra, para convencerlo de que dejara la pajarita en casa. Este rasgo rompedor no fue, sin embargo, debidamente apreciado por algunos invitados a la cena de los Cavia, que nos preguntaban con retranca si acabábamos de enterrar a algún familiar; está claro, querido Luis Alberto, que como fashion victims no vamos a hacer carrera. A Santiago Castelo, el premio Luca de Tena de este año, el corazón no le cabía dentro de la chaqueta; leyó con una voz extremeña y ecuménica- catedralicia la adjetivó muy certeramente Juan Ignacio García Garzón- -un discurso exacto como un soneto, restallante como un clavel de sangre, que rasgaba las entretelas del sentimiento. En mi mesa estaba sentada Mar Utrera, la mujer con mejor gusto literario de cuantas conozco, de una sensibilidad delicada y recóndita, preñada de misterios como un paisaje de Patinir. También Elvira Rodríguez, chispeante y con un puntito de socarronería que hace de su converJUAN MANUEL sación un paisaje de incesante ameniDE PRADA dad. Más circunspectos se mostraban Fernando Moraleda y José Blanco, a quienes me permití recomendar la lectura de las memorias de guerra de Julián Zugazagoitia. Blanco mantuvo durante toda la cena un secreteo con su teléfono móvil que le daba un aire como de Anacleto, agente secreto. Yo de vez en cuando lanzaba una mirada subrepticia a la mesa contigua, para deleitarme en la contemplación de la melena sansonita de Aznar, que está pidiendo a gritos una Dalila que se la retaje. Lo mejor de la cena de los Cavia son los corros que se forman a su término, al calor de las bebidas espiritosas. Hermann se había respingado de vino la pechera de la camisa; parecía un vampiro crapuloso que muerde lo que pilla, sin reparar siquiera en los ciclos lunares. Gallardón contaba anécdotas sabrosísimas de Agustín de Foxá; algunas se adentraban en L territorios sicalípticos o escabrosos, pero luego me reconvenía y se hacía el modosito cuando yo soltaba alguna incorrección política. Hacia el final de la velada me sumé a una tertulia en el patio andaluz, cónclave de fumadores y taurinos noctívagos. Jesús Quintero vestía un traje apoteósico y barullero, de un dandismo entreverado de catástrofe, que prometo emular el día en que por fin me haga una entrevista. Raúl del Pozo hablaba lento y afilado, como una navaja de prosa canalla brillando en la noche, con don Guillermo Luca de Tena, patriarca sin otoño, memorioso y esbelto como un chopo. Su hija Catalina calzaba unos zapatos mondrianescos que no me cansé de ponderar en toda la noche. También andaba por allí Manuel Jesús El Cid a quien el esmoquin ponía ese rasgo de escueto luto que sólo los toreros verdaderos saben vestir: el Cid es lacónico y hondo, con algo de santo de Berruguete y algo de labrador de Gutiérrez Solana. El Cid tiene aura, tiene el misterio de aquel marinero del romance del Infante Arnaldos: Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va Con el Cid nos fuimos unos cuantos, encaramados en la madrugada, hasta la discoteca Gavanna. En la discusión taurina no hay nadie tan exigente como Ignacio Ruiz Quintano, que ensarta sarcasmos y displicencias a cada torero que le propongo; cuando le hablo de actrices tampoco se muestra demasiado complaciente: más allá de Ida Lupino y Jane Greer, todo lo considera filfa. María Dolores Navarro ya lo ha dejado por imposible; y conviene conmigo en que el Juli hizo un faenón en San Isidro. En Gavanna suena Miguel Bosé, ámbar y arena, a todo trapo: de repente se abalanza sobre mí la juventud perdida, queriendo remover la lápida de su sepulcro. Unas chicas me reconocen y aprecian el rasgo de originalidad de la corbata (todavía hay esperanza, Luis Alberto) aunque no acaban de encontrarme parecido con Leo DiCaprio, tampoco con George Clooney. Entre ellas hay dos hermanas gemelas guapísimas, inquietante tabú, que se empeñan en fotografiarse conmigo. Pero tal vez no fuesen gemelas, ni hermanas, ni siquiera dos. Tal vez yo hubiese empezado a ver doble. Y tal vez ellas sólo deseaban fotografiarse con el Cid. A a pelear. Crecido tras el debate del Estado de la Nación, en el que se defendió a guantazos de las trompadas de Rajoy y sacó de la chistera conejos de 2.500 euros, Zapatero se dispone a inaugurar su segunda legislatura... dentro delaprimera. Una especie de nuevo mandato con nueva agenda, populista y clientelar, sin líos territoriales y sin Proceso de Paz, o con un No Proceso diluido entre contactos ocultos y líneas calientes abiertas por si alguien quiere llamar desde el otro lado de la muga Quizá también sin presupuestos, porque en diciembre será IGNACIO más rentable electoralCAMACHO mente prorrogarlos que ceder ante las previsibles exigencias de ERC. Para esta segunda etapa, de intenciones menos convulsas y mucho gasto público- -la caja está llena para sufragar ocurrencias de ingeniería social- necesitaba renovar su incompetente equipo, lleno de ministros quemados o simplemente ausentes. El núcleo duro no se toca, y para una cosmética en condiciones se ha quedado corto: habría necesitado un Gobierno casi nuevo. Pero en honor a la verdad, salvo Elena Salgado, que se sucede a sí misma- -ahora fastidiará a los funcionarios en vez de a los pacientes y hasta a los sanos- los que entran son mejores que los que salen. Otra cosa es que ni unos ni otras tengan competencias reales para permitir poco más que un revoque de la agrietada fachada del gabinete. Es de lamentar la defenestración de Jordi Sevilla, hombre íntegro y de ideas claras, que fue apartado- -para bien de su decencia- -de la gestión de la delirante deriva de reformas estatutarias, y al queahora ZP tira por la borda con la misma desaprensiva displicencia con que antes se deshizo de López Aguilar. Pero hay un abismo entre la solvencia científica de Bernat Soria, el sereno prestigio intelectual de César Antonio Molina o la apostura política de Carmen Chacón y la inepcia estéril de María Antonia Trujillo o la enredada cháchara de Carmen Calvo. En política también conviene hablar de calidad, y los recién llegados suponen, con el currículumenlamano, unindudablesaltocualitativo... que ahora tendrán que demostrar con algo más que su buena planta previa. Personalismos aparte, lo que refleja el movimiento deZapatero es que está dispuesto a presentar batalla, que no habrá adelanto electoral y que pretende buscar en el último tramo un perfil político menos estridente. De repente, forzado por las consecuencias de su rotundo fracaso, el presidente parece haberse acordado de que fue elegido para gobernar y no para embarcarse en aventuras demenciales fuera de programa. Le queda poco tiempo y, en todo caso, si la prioridad era ésa, como aseguró en el debate, nos podía haber ahorrado las zozobras del desencaje territorial y la ignominia de las negociaciones con ETA. Ahora el Gobierno tiene el rostro desfigurado por los cristales del parabrisas que ha roto con su temeridad imprudente, y parece demasiado tarde para recomponerlo con una leve pátina de maquillaje político. Ya es cuestión de cirugía, más ética que estética. Y eso no lo sabe hacer ni el clonador Bernat Soria.