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82 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 5 s 7 s 2007 ABC Duato elige su coreografía sobre Bach para debutar en Berlín GUILLEM SANS MORA SERVICIO ESPECIAL BERLÍN. Nacho Duato y la Compañía Nacional de Danza actuarán hoy por primera vez en Berlín y han elegido para la ocasión su montaje sobre Bach, Multiplicidad. Formas de silencio y vacío un éxito que ha estado de gira por todo el mundo desde su estreno en Weimar en 1999. No sólo la ciudad de Berlín, con sus tres teatros de ópera, hace de esta actuación una fecha importante para Duato, sino también el lugar de la representación: la Staatsoper, con el ruso Vladimir Malakhov al frente del Staatsballet, la reciente fusión de las tres compañías de danza de la ciudad. Malakhov es hoy uno de los grandes de la danza en el mundo y ha invitado a la compañía española a Berlín. Se conocieron cuando Duato preparaba el montaje Remansos para el American Ballet Theatre en 1997. Una hora antes de actuar ya se calentaba, no se comportaba como una estrella sino como un soldado raso, por eso ahora me apetece actuar en su teatro explicó Duato unas horas antes del ensayo general berlinés. Al coreógrafo valenciano, de 50 años, le parece admirable que la Staatsoper de Berlín dedique el mismo presupuesto a la ópera que a la danza, algo impensable en España. Lleva 18 años en la Compañía Nacional de Danza, a la que cree haber aportado estabilidad y una dirección clara y definida y no tiene prisa por abandonar a pesar del estrés que suponen las giras de la compañía por todo el mundo. Ahora me gusta menos viajar- -dice el coreógrafo- Siempre digo que mi pareja es mi maleta y le pongo los cuernos con el minibar bromea. Cisnes, duquesas y caballeros enigmáticos Consiga mañana y durante todo el fin de semana, con ABC, la ópera Lohengrin, de Wagner, por 9,95 euros JUAN MANUEL VIANA El nombre de Lohengrin acapara por primera vez la atención de Richard Wagner en 1841, cuando conoce la obra de Christian Theodor Lucas Sobre la guerra del Wartburg una de las fuentes de Tannhäuser. Durante su fecundo período de estancia en Dresde (1843- 1849) el músico profundiza su cultura literaria e histórica entrando en contacto con textos como la Mitología alemana de Jakob Grimm y la voluminosa Historia de la poesía nacional de los alemanes de Georg Gottfried Gervinus. Nutrido por estas lecturas y cuatro años de reflexiones, el proyecto de una ópera quedó establecido en julio de 1845, durante una estancia en Marienbad, donde Wagner leyó dos poemas de Wolfram von Eschenbach, Parzival (que hace de Lohengrin el hijo de su héroe) y Titurel así como el poema anónimo del siglo XIII Lohengrin incluido en el libro de Lucas y que recoge todos los elementos de la intriga. De regreso a Dresde y en plenos preparativos para el estreno de Tannhäuser, Wagner escribe el libreto en verso que el 17 de noviembre lee a un selecto grupo de músicos, intelectuales y artistas entre los que se cuentan Robert Schumann, Ferdinand Hiller y Gottfried Semper. Es entonces cuando Schumann duda sobre cómo podrá ponerse música a semejante historia. En el verano del año siguiente, Wagner acomete la tarea de componer la partitura que concluye el 28 de abril de 1848. Estrenada en Weimar el 28 de agosto de 1850 por el entusiasta Franz Liszt- -que la califica como una obra sublime, una maravilla Lohengrin, tercera y última de las Romantische Opern del músico de Leipzig, señala el primer logro completo en los esfuerzos del Wagner dramaturgo, así como de toda la imparable corriente de la ópera romántica alemana, inaugurada con la Undine de Hoffmann (1816) -cuyo argumento ofrece estrechas afinidades con el de Lohengrin- -y magnificada por Spohr, Weber y Schumann, cuya Genoveva es contemporánea. Fracaso del idealismo Liberada en mayor medida que sus hermanas mayores El holandés errante y Tannhäuser de las influencias y convencionalismos franceses e italianizantes, Lohengrin es- -como apunta Brissaud- -la obra más pesimista de Wagner al representar el fracaso absoluto del idealismo, encarnado por el protagonista (idealizado doble del compositor) en contacto con la fragilidad y complejidad de las pasiones humanas representadas por el torturado personaje de Elsa, una de las más ricos que pueblan el fascinante universo femenino wagneriano. No hay lugar aquí para la redención por el amor sino, por el contrario, para la muerte de éste en una atmósfera de infinita consternación. Obra fronteriza, inevitable etapa de transición hacia los logros estructurales de la inmediata Tetralogía, Lohengrin- -acaso la más vocal de las obras de su autor- -innova en los aspectos formales al dinamitar la tradicional división en arias, conjuntos y recitativos- -basta con escuchar la tensión creciente en el dúo de amor del tercer acto- -aportando, a su vez, una escritura musical no menos original. Como mínimos ejemplos, la audacia de su orquestación, con el original uso de maderas (introducción del clarinete bajo en el preludio del acto II) el revoluciona- rio manejo de los metales (fanfarrias nupciales del preludio del tercero) o las mágicas intervenciones de la cuerda en el preludio inicial) el sabio manejo de los motivos conductores o la soberbia escritura coral, de inusitada presencia a lo largo de la obra y que ya anticipa la maestría de Los maestros cantores de Nuremberg La inmensa popularidad de Lohengrin ha procurado a la obra una inmensa fortuna escénica, paralela a su riquísima discografía, en la que brilla con luz propia- -esa luz de plata azulada que baña la partitura, en expresión de Thomas Mann- -la que ABC ofrece ahora a sus lectores. La más latina de las óperas románticas del joven Wagner encuentra en la matizada, contrastada y colorista batuta de Claudio Abbado a uno de sus más eximios traductores.